viernes, 29 de diciembre de 2017

Ginastera: Malambo, de la suite "Estancia"


Alberto Ginastera tenía tan solo veinticuatro años cuando le fue solicitada la composición de un ballet que reflejara los diversos aspectos de la vida campestre en Argentina. El encargo provenía de una conocida troupe estadounidense, el American Ballet Caravan, que veía en Ginastera el compositor indicado para construir una obra capaz de combinar la música folklórica sudamericana con los elementos más rigurosos de la tradición europea clásica.
Por cierto, Ginastera se movía en ese escenario como pez en el agua –en 1940 era uno de los talentos más destacados de la música latinoamericana de concierto.


Estancia, ballet en un acto y cinco escenas, debía estrenarse en 1942. El compositor cumplió a tiempo con el encargo pero, lamentablemente, la compañía de ballet se disolvió poco después. De modo que la obra permaneció en el limbo por un buen tiempo, y su estreno no se produjo sino hasta 1952. Sin embargo, nueve años antes, en 1943, el Teatro Colón de Buenos Aires tuvo el privilegio de presentar por primera vez una suite para orquesta formada por cuatro danzas que Ginastera, prudentemente, había extraído de la partitura, antes de que el ballet estuviera completamente terminado.

Alberto Ginastera (1916 - 1983)
La Suite de concierto así formada adquirió vida propia al punto de que hoy es más popular que el ballet que le dio origen. En las cuatro danzas, Ginastera logró una combinación perfecta de los rasgos propios de las formas tradicionales argentinas y las armonías no tradicionales. Y no descuidó los títulos, claramente nativos, nombrando cada pieza de manera sencilla y nada glamorosa: 1. Los trabajadores agrícolas –2. Danza del trigo – 3. Los peones de hacienda – 4. Danza final.

El malambo
La más saludada de las cuatro piezas es la danza final: un malambo, viril, vistosa y llamativa danza de los gauchos argentinos en ritmo de seis octavos, convertida hoy en una de las obras más populares del autor.

Se presenta aquí el malambo en dos versiones, orquestal y para piano solo.

Gustavo Dudamel y la Orquesta Sinfónica Juvenil Simón Bolívar. La breve danza dura tres minutos con 22 segundos. El resto son enfervorizados aplausos y vítores del público londinense.



Versión para piano solo – Alberto Bohbouth.


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miércoles, 20 de diciembre de 2017

L. Lieberman: "Gargoyles", para piano


Amante del arte y la arquitectura europeas, el autor estadounidense Lowell Lieberman es uno de tantos espectadores que han caído embelesados ante la belleza fantástica de las gárgolas, aquellas fabulosas representaciones de aspecto monstruoso (o esperpéntico, si la palabra existe) que adornan las iglesias y catedrales del mundo occidental. Dispuestas allí en principio para ahuyentar a los malos espíritus, hoy nos hechizan y quizá nos dejen algo perplejos... A Lieberman le inspiraron una breve suite para piano.


"Gargoyles" se llamó el colorido conjunto de cuatro piezas para piano con que el promisorio autor respondió en 1989 a una solicitud de la Tcherepnin Society de Nueva York.
Lieberman, nacido en 1961, y con estudios en la Juilliard School of Music, pertenece a una camada de compositores americanos contemporáneos que se han sentido muy cómodos dejando atrás el dodecafonismo para redescubrir la perenne vitalidad de la familiar y siempre recurrente tonalidad.

Lower Lieberman (n. 1961)
Una vasta obra
Su obra para piano más popular es Gargoyles, pero Liebermann es autor de un interesante número de conciertos para instrumentos solistas y orquesta. Ha escrito para clarinete, flauta, piano, trompeta y violín. También es autor de dos sinfonías, dos óperas, y cómo no, al más puro estilo del s. XIX, de una Rapsodia sobre un tema de Paganini. A ello se suman aclamadas sonatas para flauta, piano, cello y guitarra.
El autor vive en Nueva York, es profesor de composición y director y fundador de la agrupación Mannes American Composers Ensemble, que se especializa en la difusión de compositores estadounidenses contemporáneos.

Gargoyles para piano, opus 29
Estrenada en octubre de 1989 en Nueva York, el conjunto o pequeña suite de cuatro movimientos no pretende ilustrar una que otra gárgola concreta que haya impresionado particularmente al autor. Aún así, el espíritu de la obra es por momentos claramente fantástico o misterioso, incluso atemorizante, a ratos. Son sus movimientos:
0:00  Presto
2:00  Adagio semplice, ma con molto rubato (el trozo romántico... aún vigente)
4:24  Allegro moderato
6:45  Presto feroce

La versión es de la brillante pianista china Yuja Wang.



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martes, 12 de diciembre de 2017

JS Bach: Suite Orquestal No 2


El catálogo completo de las obras de Johann Sebastian Bach abarca un total de 1128 piezas. Al menos ese número es lo que registra el reconocido catálogo que con las siglas BWV acompaña la mención de cada una de sus obras. Sabemos que, salvo la ópera, el maestro alemán se prodigó en todos los géneros. Por ello, llama la atención que en un género como la suite orquestal, muy de moda para la época, Bach haya escrito tan solo cuatro piezas en toda su vida. Tan de moda estaba la suite que Telemann, el más famoso compositor de su tiempo en Alemania, escribió al menos 130.


Con origen en las breves piezas con que Jean-Baptiste Lully acostumbró prologar sus óperas y ballets, la suite, también llamada obertura, estaba conformada por una sucesión de danzas de nombre francés que venían a continuación de la obertura propiamente tal. Como ya se ha dicho, su popularidad era alta, resultado del furor que provocaba la cultura y música francesas en Alemania y otros países europeos durante los siglos XVI y XVII –un modo simple y austero de imitar el glamour de la corte francesa.

Música "ligera"
Desde luego, es música que puede calificarse de "light", o ligera, por la que Bach no se sentía especialmente inclinado, y de ahí su exigua producción. Las suites conformaban el lado ameno de la música pura, la forma con la que la nobleza se entretenía y pasaba un buen rato. El maestro, por su parte, prefería escribir música eclesiástica, o música que al menos incluyera el desafío de plasmar en ella una retadora fuga.

Suite Orquestal No 2, en Si menor, BWV 1067
La instrumentación de las suites variaba mucho en dependencia de la agrupación musical (los Collegium Musicum) a las que Bach podía tener acceso. La Suite No 2 fue escrita probablemente en Leipzig, alrededor de 1720, y ahí el maestro pudo contar con la participación de una flauta travesera a la que encomendó una breve sección fugada en la obertura.
A la obertura le sigue un rondó, y luego las mentadas secciones de nombre francés aunque su origen puede ser diverso. La polonaise, por cierto, es de origen polaco, y la sarabande, española o más bien del Nuevo Mundo.
La obra cierra con una badinerie, juguetona y alegre, especialmente indicada para el lucimiento del flautista. Junto al "aria" de la Suite No 3, es uno de los trozos más célebres de Bach y el movimiento al que la obra debe su popularidad.

Movimientos o Secciones:
00:00  Overture
06:38  Rondeau
08:15  Sarabande
11:04  Bourrée (1 y 2)
12:50  Polonaise
14:05  Double
16:03  Menuet
17:09  Badinerie

La versión es de la agrupación alemana Berlin Baroque Soloists. Flauta solista: Emmanuel Pahud.


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martes, 5 de diciembre de 2017

Paganini: Capricho No 24 en La menor


Los 24 Caprichos para violín solo, obra de la superestrella del siglo XIX Niccolo Paganini, constituyen la cumbre del desarrollo de la técnica del violín y conforman uno de los más grandes tratados de música en toda la historia del instrumento. Su impacto llegó incluso más allá del violín, inspirando a Chopin y Liszt, por ejemplo, para la ideación de sus respectivos Estudios para piano. Más todavía, las hazañas técnicas que Niccolo prodigaba en sus presentaciones motivaron en buena medida a Franz Liszt para replicar en el piano lo que el maestro italiano hacía con el violín.

Las veinticuatro piezas fueron compuestas durante un largo periodo, entre 1802 y 1817, y finalmente publicadas en conjunto en 1820. El maestro tiene cuarenta y ocho años. No obstante su aspecto algo cadavérico, vive la mejor etapa de su vida. Paganini es rico y célebre. También es generoso y dirige la dedicatoria de 1820 a "gli musici", a los músicos, a todos.
Tampoco le falta humor; años más tarde, pensando quizá en una edición posterior, escribe sobre los originales una nota dedicando cada Capricho a 23 colegas compositores, entre los que se cuentan Liszt, Vieuxtemps, Spohr, Thalberg, Kreutzer. El Capricho No 24 lo ha reservado para sí mismo, anotando después de su nombre: "lamentablemente sepultado".

Capricho No 24 en La menor
Es precisamente el Capricho No 24 el que concitó la atención de público y autores de la época (también de nuestros días), quienes, inspirados en la pieza elaboraron un número considerable de arreglos y variaciones para diversos instrumentos y conjuntos instrumentales. De aquellos surgidos en el siglo XIX, anotemos: Rapsodia sobre un tema de Paganini de Rachmaninof, Estudios sobre Paganini, de Liszt, también los de Schumann, las Variaciones sobre un tema de Paganini de Brahms. Sigue un largo etcétera, concebido por autores de menor renombre. En nuestros días, señalemos el arreglo jazzy de Benny Goodman.

Tema y variaciones
Marcada quasi presto, la pieza no alcanza a durar cinco minutos. No obstante su brevedad, está construida a la manera de tema y variaciones, exactamente once variaciones, más un finale. Una amplia variedad de técnicas avanzadas, altamente exigentes, están presentes: rapidísimas escalas y arpegios, trinos dobles y triples, pizzicato de la mano izquierda, octavas paralelas y décimas, rápidos saltos y cruce de cuerdas... Nada parece quedar fuera del alcance del violinista que tenía pacto con el diablo.

La versión es del maestro ruso Maxim Vengerov. Brillante interpretación, aunque hay que lamentar las libertades que se tomó el camarógrafo o el editor. Demasiadas. Un comentarista en Youtube se pregunta si no habrán estado bebidos.


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viernes, 1 de diciembre de 2017

Chopin: Mazurka op 7 No 1


En la obra completa de Chopin, las mazurkas ocupan un lugar privilegiado. A lo largo de su vida, el músico polaco escribió un total de 57 mazurkas, la primera de ellas a los catorce años. Pero solo publicó 47. Las otras diez, consideradas por su autor no dignas de publicación, fueron dadas a conocer por su amigo y colega Julian Fontana en 1858, siete años después de la muerte del compositor. Una cantidad impresionante, sin duda. Si bien gran parte de ellas no supera los cuatro minutos de duración, en conjunto constituyen lo más refinado que escribió Chopin, lo más personal y quizá lo más original.


Aunque con origen en el folklore polaco, las reminiscencias de temas populares que puedan vislumbrarse en las mazurkas de Chopin son escasas. Los temas los ha inventado él mismo, enteramente, conservando los patrones rítmicos y los acentos que, característicamente, van en los tiempos débiles del compás, ternario, sin excepción. A veces, los temas son muy simples pero el genio del polaco logra, siempre, imprimir en ellos un giro personal. Música polaca, sí, pero estilizada, parece haber sido el norte del maestro.

El opus 7
Cinco mazurkas conforman el opus 7, todas vivaces y alegres (porque también las hay serenas y reposadas, en el total de su obra), distinguiéndose por su sencilla brillantez la No 1 en Si bemol. Probablemente fueron compuestas en 1831, quizá en Stuttgart o tal vez ya antes, en Varsovia. La única certeza es que se publicaron en Leipzig, en 1832, no mucho después de que el maestro se hubiera instalado en París, una ciudad inquieta que todavía no se repone de los alzamientos de julio del año anterior. Allí pasará los siguientes dieciocho años de su vida.

Mazurka No 5, opus 7 No 1 en Si bemol mayor
Con apenas poco más de dos minutos de extensión, esta pequeña joya abre con una melodía de amplio rango que, iniciada en la "dominante", provoca la sensación de venir desde algún otro lugar, de ser la continuación de una pieza que ya había comenzado. La melodía se repite, con un persistente acento en el segundo tiempo de cada compás. Luego, una sección nueva aporta el necesario contraste (0:31). Este esquema, melodía principal y contraste (nuevo cada vez) es replicado tres veces, hasta su cierre, abrupto y sin adornos, como el maestro estimó que debía ser.

La versión es del pianista polaco Krzysztov Ksiazek, durante su participación en el Concurso Internacional Chopin de Varsovia, año 2015.


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jueves, 30 de noviembre de 2017

Rossini: Guillermo Tell - Obertura


En 1829, a la edad de 37 años, y hasta ese momento el más exitoso compositor de óperas de toda Europa, Gioachino Rossini abandonó los escenarios y se retiró a Passy, su finca de los alrededores de París, para cultivar la tierra y perfeccionarse en su segunda pasión, la gastronomía.
Guillermo Tell fue su última ópera, de un total de 39 escritas en el increíble lapso de diecinueve años. Escrita en francés, la obra fue comisionada por la Opera de Paris, y estrenada en sus salones en agosto de 1829, aunque con algunos cortes pues su extensión original, de casi cinco horas, fue considerada excesiva para los gustos de la época... y para los nuestros, también.


La historia contada
Ambientada en el siglo XIII, la ópera Guillaume Tell está basada en poemas de Schiller y cuenta la historia de un patriota suizo, Tell por supuesto, que lucha contra las tropas austriacas que han conquistado su país. Es apresado junto a su hijo Jemmy y sometido al célebre desafío de apuntar con su arco y flechas a una manzana que se ha dispuesto sobre la cabeza de Jemmy. Guillaume dispara su flecha y atraviesa la manzana, dejando a su hijo indemne, pero comete el error de decirle a su captor que si hería a Jemmy, la próxima flecha iba dirigida a él. Es arrestado, pero logra escapar, encabezando luego una victoriosa revuelta contra el ejército austriaco.

Una obertura popular
En nuestros días, la ópera se representa poco, o casi nunca. Es más bien una rareza. Pero su obertura no lo es, en absoluto. Por el contrario, se ha convertido en una de las piezas más familiares al oído para el común de las personas, capaces de reconocerla de inmediato aunque no conozcan a su autor ni menos estén enterados de que pertenece a una ópera. La popular pieza ha corrido la suerte, la buena suerte, del Vals de Zwanilda, de Léo Delibes, o de la Danza de las Horas, de Ponchielli. Melodías que podemos tararear de inmediato, aun cuando los nombres de Ponchielli o Delibes no aparezcan en nuestros registros.

El llanero y la marcha de los soldados
Hemos escuchado la pieza en infinitos comerciales televisivos, variadas películas y hasta en el ascensor, pero su popularidad se debe, fundamentalmente, a la serie televisiva El Llanero Solitario, muy popular hace algunas décadas, desde donde comenzó a galopar por la historia de los spots publicitarios, siempre presente en persecuciones de toda índole.
La obertura completa dura aproximadamente doce minutos, y está conformada por cuatro secciones. La última de ellas, Finale, o Marcha de los soldados suizos, intenta representar (ya vemos lo bien que lo hizo) una carga de caballería, anunciada en el minuto 8:27 por cornos y trompetas.

La versión es de la agrupación Santa Monica High School Symphony Orchestra, conducida por su director Joni Swenson.



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domingo, 26 de noviembre de 2017

Castrati - Haendel - "Lascia ch'io pianga"


Los célebres castrati comenzaron su curiosa historia incorporándose a los coros de las iglesias debido a que a las mujeres ya no se les permitía cantar allí. San Agustín las había prohibido. Más tarde, en el siglo XVIII, se convirtieron en destacados cantantes de ópera que sorprendieron con su talento a media Europa. La mayor parte de ellos habían sido "transferidos" a las escuelas de canto por sus padres menesterosos, con la esperanza de que desarrollaran una voz excelsa que los hiciera ricos y famosos. Los niños eran castrados y luego enviados a estas escuelas, donde recibían educación musical y vocal. Unos pocos entraron a la historia como los más grandes cantantes de todos los tiempos, el célebre Farinelli entre ellos.


Es que los castrati tenían voz de mujer pero pulmones de hombre, capaces de verdaderas hazañas vocales que hasta hoy han sido imitadas pero no superadas. Es cosa de ver las partes vocales que Haendel, Gluck o Rossini escribieron para ellos, colmadas de dificultades técnicas de todo tipo que hacen pensar que los compositores escribían para una clase especial de cantantes que, en realidad, eran máquinas de voz o mecanismos vocales más eficientes que todo lo que se haya visto desde entonces.

Súper estrellas
Por eso, no es de extrañar que los castrati fueran las primeras superstars de la música. Ricos, vanidosos y atractivos, tomaron Europa por asalto, compartiendo con los nobles en igualdad de términos. Con las damas nobles, especialmente, chicas de alcurnia en busca de experiencias exóticas y estimulantes, que podían convertirse en amantes sin desvelos por embarazos no deseados.
Sus asuntos amorosos fueron el comidillo de Europa. Algunos tomaron la opción gay. Pero la gran mayoría, italianos todos ellos, fueron reconocidos "roba corazones" y a sus pies cayó una amante tras otra:

Caffarelli, famoso, casi muere a manos de un marido celoso. El no menos célebre Senesino se fugó con una chica de buena familia pero terminó preso. Luigi Marchesi se vio envuelto en un gran escándalo en Londres cuando una dama abandonó marido e hijos para irse a vivir con él. Pacchierotti tuvo un espinoso affaire en Nápoles que llevó al amante de la dama (ex amante) a hacer planes para asesinarlo. Velluti, por su parte, se dedicó a perseguir damiselas por toda Europa hasta terminar en Rusia viviendo con una Gran Duquesa.

Hubo un último castrato, Alessando Moreschi, que formó parte del Coro del Vaticano en la segunda mitad del s. XIX. Murió en 1922. Unos años antes, en 1906, Pio X los había eliminado mediante bula pontificia expedida motu proprio.

Lascia ch'io pianga
A todos ellos los saludamos desde esta modesta tribuna con el contratenor francés Philippe Jarousky interpretando el "caballito de batalla" de los contratenores modernos, el aria Lascia ch'io pianga ("Deja que llore") del Acto II de la ópera Rinaldo, de Haendel, estrenada en Londres en 1771.

[Datos históricos tomados de un artículo del New York Times, de 1984]


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viernes, 24 de noviembre de 2017

Debussy: Vals "La plus que lente"



A principios del siglo veinte se hizo popular en París un cierto modo de componer valses que llegó a constituirse en un género en sí mismo. Se le llamó "vals lento" y, como habrá de suponerse, se tocaba muy lentamente. Aclamado por el público y preferido de los intérpretes, el vals lento arrasaba en los salones de baile y cafeterías parisinas en versión de sencillas agrupaciones musicales, a las que Claude Debussy debió haber escuchado más de una vez, tomando de ahí la idea, algo sarcástica, de componer un vals más lento que cualquier otro.

Claude Debussy (1862 - 1918)
Molto rubato con morbidezza
Pero la ironía de Debussy en relación al tempo, solo llegó hasta el título. El vals La plus que lente, que podría traducirse más o menos como "el vals todavía más lento", es una pieza originalmente para piano (existe versión orquestal del mismo Debussy) que debe tocarse a velocidad normal, en ningún caso con lentitud extrema. Y esto queda claro desde la indicación de tempo que el propio Debussy marcó para la pieza: molto rubato con morbidezza anotó el maestro, es decir, algo así como "muy libre y con ternura", sin subrayar "velocidad" alguna. El título sólo respondía a una humorada, pretendiendo, quizá, emular con ello a su ex amigo Erik Satie.

La pequeña obra, de no más de cinco minutos de duración (considerados los intérpretes obstinados por el título, que los hay) apareció poco después de la publicación del Libro I de los Preludios, en 1910. Para la fecha, el maestro ya ha compuesto sus obras mayores, que complementará con el Libro II de los Preludios, de 1912, y los Doce Estudios, de 1915.
Tres años más tarde, un cáncer de colon acabará con la vida del compositor francés, en marzo de 1918, a los 55 años, en pleno bombardeo aéreo de París, cuatro días después de comenzada la Ofensiva de Primavera Alemana. Un miserable cortejo acompañará al féretro por las calles desiertas de una ciudad sitiada.

La versión es del pianista surcoreano Seong-jin Cho, ganador del primer premio del Concurso Internacional Chopin, de Varsovia, 2015.


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martes, 31 de octubre de 2017

A. Copland: Suite "Appalachian Spring"


Al igual como sucedió con gran parte de su obra propiamente "americana", Aaron Copland comenzó a trabajar en Appalachian Spring durante los años de la Segunda Guerra. Comisionada a principios de 1943 por la bailarina y coreógrafa Martha Graham, la obra fue concebida originalmente como música para ballet, que debía contener "un tema americano" y aspirar a convertirse en una "leyenda de la vida estadounidense". Pero, al menos en cuanto a título, Copland no aspiró a nada y la llamó simplemente "Ballet para Martha". El título con que hoy conocemos la obra nacerá más tarde, incluso con posterioridad al estreno del ballet en octubre de 1944 en la Biblioteca del Congreso de los EEUU.


Copland tomará el título definitivo de un poema del autor americano Hart Crane que comienza con las palabras "O Appalachian Spring! I gained the ledge" que, conforme al espíritu del poema, debiéramos traducir por "Oh, manantial de Los Apalaches, he conquistado la cornisa!" pues spring no siempre significa primavera sino también manantial fuente. Sin embargo, lo que encantó a Copland fue su sentido primario, el de la floreciente estación del año, y con esa consideración en mente tituló la obra: eran tiempos de guerra pero el final del horror se acercaba y había que celebrar la primavera, el nacimiento de la esperanza.

Y precisamente en la primavera, de 1945, a partir de la música del ballet, Copland construyó una suite para orquesta completa, que ganó el Premio Pulitzer de ese año en música. Le siguieron diversas reescrituras pero fue la versión de aquel año la que, más allá de superar en conocimiento popular al ballet mismo, terminó por convertirse en la versión que hoy se escucha en los escenarios del mundo.

Suite para orquesta Appalachian Spring
Está estructurada en ocho secciones continuas. Abre con una introducción que nace lentamente, luego las cuerdas al unísono irrumpirán en un vivaz allegro. Tras ello comenzará la "narrativa" de la obra, que describe a una pareja de pioneros del siglo diecinueve que busca asentarse en Pennsylvania. Las "escenas" incluyen el levantamiento de una casa, un sermón religioso, una alegre fiesta, para finalizar con un momento de esperanzadora reflexión, de la pareja de pioneros, solos, en su nueva casa.

La versión es de la agrupación belga Symfonieorkest Vlaanderen dirigida por el conductor japonés Seykio Kim.


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miércoles, 18 de octubre de 2017

Henri Dutilleux: Concierto para violín


El autor francés contemporáneo Henri Dutilleux no se cansó de decir en todos los tonos (nunca mejor utilizada la expresión, puesto que era músico) que no escribía "música programática". Sin embargo, escasas son sus obras que no contengan un título evocativo. Por cierto, no es la excepción el Concierto para violín y orquesta, que lleva por título L'arbre des songes (El árbol de los sueños). En palabras del mismo Dutilleux: "En términos generales, la pieza va creciendo como un árbol, porque el constante renacer y multiplicación de sus derivaciones imita, líricamente, aquello que es la esencia de un árbol".


Al finalizar la Segunda Guerra, Dutilleux accedió a un puesto como productor de la ORTF (la radio-difusión pública francesa). Y allí se quedó durante veinte años, hasta mediados de los sesenta. Su tarea: la radiodifusión de obras de connotados dramaturgos de mediados del siglo veinte; también, la promoción de compositores modernos de vanguardia, como el francés Pierre Schaeffer, creador de la "música concreta". Pero para el mismo Dutilleux no había cupo. Así lo quiso él, obedeciendo a un alto sentido de la autocrítica y consciente asimismo de la breve extensión de su obra.

Henri Dutilleux (1916 - 2013)
Un autor solicitado
El reconocimiento vino en 1951, con su Primera Sinfonía. De ahí en adelante, le llovieron a Dutilleux las comisiones, las obras a pedido, contándose a Mstislav Rostropovich, Anne-Sophie Mutter, Renée Fleming entre los comisionarios, amén de las solicitudes de agrupaciones orquestales como The Julliard String Quartet o la Boston Symphony Orchestra.
Isaac Stern, el destacado violinista ruso nacionalizado estadounidense, es otro de los solicitantes, entre los intérpretes solistas. Para él está compuesto L'arbre des songes, y a él está dedicado.

L'arbre des songes - Concierto para violín y orquesta
Compuesta entre 1979-85, y estrenada el 5 de noviembre de 1985, la obra está estructurada en el novedoso estilo que Dutilleux acostumbró, con varias secciones "separadas" por interludios, o paréntesis, con lo que el fluir de la música nunca se interrumpe durante la ejecución. El autor sostenía que la manera tradicional de movimientos separados, cada uno con inicio, fin y la consiguiente pausa, rompían el hechizo, el encantamiento de la música.

Con duración aproximada de 25 minutos, sus secciones son cuatro, "separadas" por tres interludios, cada uno con su propio carácter y estilo:
I     Librement  /  Interlude 1
II   Vif   /  Interlude 2
III  Lent  /  Interlude 3
IV  Large et animé

La versión es del violinista francés Renaud Capuçon, acompañado por la Orchestre National du Capitole de Toulouse conducida por el director ruso Tugan Sokhiev. Al final, el artista nos brinda un encore, que hasta el momento, no he podido identificar.


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miércoles, 11 de octubre de 2017

Franz Liszt: Concierto para piano No 2


Tal como aconteció con el primer concierto, la escritura inicial, las necesarias revisiones, y la versión final del Concierto para piano No 2 le tomaron a Liszt un buen tiempo. Casi veinticinco años. Comenzó a trabajar en él en 1839 y dio por terminada una primera versión (digamos, un primer borrador que lo dejaba satisfecho) en 1857, es decir, dieciocho años después. Tras las obligadas revisiones, lo consideró finalmente terminado en 1861, pero su publicación se dilatará hasta 1863.

Liszt, en 1866.
Grabado a partir de una fotografía.
Las urgencias del compositor
Si hablamos de dinamismo o soltura para la composición concertante, la distancia con sus antecesores, digamos los "clásicos", es holgada. Y si la comparación se hace con Mozart, resulta gigantesca: recordemos que el genio de Salzburgo en sus años vieneses llegó a componer dos conciertos al mes (en febrero y marzo de 1785, ni más ni menos que los Conciertos Nos 20 y 21). Las circunstancias de vida, desde luego, son muy distintas. Mozart componía con el ojo puesto en sus conciertos por suscripción, un ingreso vital. Liszt, en cambio, llegaba a fin de mes muerto de la risa.

Liszt, el concertista
Precisamente en 1839 Franz Liszt dio comienzo a una carrera de virtuoso del piano que no tiene paralelo en la historia de las presentaciones artísticas del siglo XIX. Entre 1839 y 1847 sus giras como "concertista" (recordemos que es el inventor del "recital", el primer pianista en presentarse solo en el escenario) le llevaron a –tomemos aliento– España, Portugal, Francia, Alemania, Austria, Inglaterra, Irlanda, Rumania, Turquía y Rusia.

El abandono de los escenarios
En 1849, sin embargo, su nueva pareja, Carolyne de Sayn Wittgenstein, sugirió el abandono definitivo de los escenarios y la dedicación exclusiva a la composición. Así, el concierto que había ofrecido en Rusia en septiembre de 1847 se convirtió en su último concierto pago. De ahí en adelante, el maestro de solo 36 años tocó el piano a beneficio dando a conocer las composiciones de sus colegas menos reconocidos. También, se dio tiempo para trabajar en las obras que había imaginado hacía diez años.

Concierto para piano y orquesta No 2, en La mayor
El concierto está dedicado a Hans von Bronsart, alumno de Liszt, quien lo estrenó en Weimar el 7 de enero de 1857. Al igual que el primer concierto, la obra está construida sobre un solo movimiento, conformado por numerosas secciones, todas ellas derivadas de la misma melodía inicial al punto que un destacado musicólogo se ha permitido renombrar la obra como "Vida y andanzas de una melodía".
Algo irrespetuoso quizá, pero no tan alejado de la realidad porque a través de los veinte y pico minutos que dura la obra, la melodía inicial va y viene, experimentando variaciones, transformaciones y giros diversos. Amplísimos glissandos que abarcan el teclado completo anuncian un gran finale de características espectaculares.

La versión es de la pianista georgiana Khatia Buniatishvili, acompañada de L'Orchestre de Paris, conducida por el director ruso Andrey Boreyko.


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domingo, 8 de octubre de 2017

John C. Adams: Fanfarria "Short Ride in a Fast Machine"



Para dar nombre a una obra musical, el título es inusual, sin duda. Y traducido al español quizá sea más extraño todavía. Muy burda y literalmente, podría traducirse como: "Corta cabalgada en una máquina rápida". ¿Qué significa exactamente eso? La interrogante ya se planteó antes. Cuando a su autor, el compositor estadounidense John Adams, se le preguntó por la razón de tan inusitado título para esta exultante fanfarria atiborrada de ritmo, no abundó en reflexiones y respondió sencillamente con otra pregunta: ¿Tú sabes lo que pasa cuando alguien te invita a correr en un magnífico auto deportivo y luego te arrepientes? No hay mejor respuesta, al parecer.

John Coolidge Adams (n. 1947)
John Coolidge Adams, nacido en Massachusetts en 1947, es el autor de la célebre y controvertida ópera Nixon en China, de 1987, con la que llevó la historia contemporánea a la ópera abriendo con ello un nuevo género. En la misma línea, el drama musical postmoderno, el autor ha incursionado en contenidos tales como la vida y obra del inventor de la bomba atómica o los ataques terroristas de los últimos veinte años. Inicialmente un compositor minimalista, el autor también ha abordado la música de cámara, orquestal y concertante. Hoy, todavía activo, Adams sigue siendo demandado y comisionado por las más importantes agrupaciones orquestales como proveedor de material sinfónico.

Short Ride in a Fast Machine es una de las dos fanfarrias para orquesta comisionadas al autor por la Orquesta Sinfónica de Pittsburg en 1986. Desde luego, es una obra exuberante, brillantemente escrita para gran orquesta, y de energía polirrítmica sin límites. Junto a las tradicionales secciones de cuerdas, vientos y maderas, la obra contempla la participación de sintetizadores. Y a los ineludibles timbales se suman triángulos, caja china, xilófono, crótalos, campanas, platillos, caja, bombo, tantan y pandereta. Un festival de percusión. Si en nuestros días, se quiere "abrir", provocativamente, un programa de música contemporánea, nada mejor que iniciar el espectáculo con estos cuatro minutos de "rápida cabalgada".

La versión es de la BBC Symphony Orchestra, conducida por la directora y violinista estadounidense, Marin Alsop.


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jueves, 5 de octubre de 2017

Mozart: Concierto No 26, "Coronación"


Con ocasión de la coronación de Leopold II como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Mozart visitó Frankfurt en octubre de 1790. Hacía más de u n año había completado un concierto para piano cuyas oportunidades de darlo a conocer escasearon. Atrás había quedado la época en que componía seis o siete conciertos al año para presentarlos a un público que los esperaba ávido. Su popularidad había declinado en una Viena de gustos fluctuantes. En sus últimos cinco años de vida compuso solo dos, el penúltimo de ellos aquel que presentó en Frankfurt el 15 de octubre de 1790 como parte de las festividades que saludaron la coronación de Leopold. Así se ganó su apodo el Concierto No 26 en Re mayor.


El concierto se presume bosquejado más de dos años atrás, en la primavera de 1787, luego de que Mozart regresó a Viena tras presenciar en directo el éxito de Le Nozze di Figaro en Praga. Había que organizar la nueva temporada, con los ojos puestos en el tiempo de Cuaresma. La ópera, la música por excelencia en aquella época, estaba prohibida en Viena para la Cuaresma, de modo que era esa la oportunidad (que como se sabe, se extiende por cuarenta días) en que sus conciertos por suscripción debían presentarse para optimizar los resultados.

En carta a Michael Puchberg, su habitual auxilio financiero y compañero masón, Mozart le asegura estar pronto a saldar la última deuda porque está trabajando intensamente en un nuevo concierto (aprovecha también de solicitar un nuevo préstamo). Pero no alcanzó a terminar el Concierto para la Cuaresma de ese año. El concierto fue completado en febrero del año siguiente, según se aprecia en el catálogo privado de Mozart, al que fue incorporado el 24 de febrero de 1788.

Concierto para piano No 26, en Re mayor, K 537, "Coronación"
Lo conforman tres movimientos: un allegro brillante y festivo; un movimiento lento, más amable que lírico; y un allegretto sin drama, casi humorístico. Su belleza sencilla lo ha erigido en uno de los conciertos de Mozart más interpretados en los escenarios del mundo.

Movimientos:
00:00  Allegro
14:30  Larghetto
20:32  Allegretto

La versión es de la pianista japonesa Aimi Kobayashi, de tan solo once años para la oportunidad: su debut orquestal, en Moscú, diciembre de 2006. La acompaña la orquesta The Moscow Virtuosi dirigida por el maestro ruso, violinista y director, Vladimir Spivakov.


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martes, 3 de octubre de 2017

Bach: Concierto para violín en Mi mayor



Los seis años que Bach se desempeñó como maestro de capilla del príncipe Leopold en la pequeña corte de Anhalt-Köthen, de 1717 a 1723 (Bach disfruta de sus treintitantos), fueron altamente productivos. Además de un buen número de sonatas para violín, violoncello y flauta, así como otras tantas suites e invenciones para teclado, a esa época pertenecen el primer cuaderno de El Clave bien Temperado, y ni más ni menos que los seis Conciertos de Brandeburgo. En música para violín y orquesta, se inscriben tres obras geniales: el popular Concierto para dos violines y los Conciertos en La mayor y Mi mayor.

Leopold, príncipe melómano
Circunstancias sencillas se dieron a un tiempo para que se produjera tan alta producción. El príncipe Leopold era un franco apasionado de la música que no podía satisfacer su apetito exclusivamente con los salmos de iglesia impuestos por la reforma calvinista. De modo que dispuso albergar en su modesta corte una agrupación instrumental de primer orden. Diecisiete músicos estuvieron a disposición de Bach durante aquellos años, y con ellos en mente pudo el maestro componer prácticamente a su antojo. Generosamente retribuido por el príncipe, Bach se contó entre los miembros mejor pagados de la servidumbre. Por si todo esto fuera poco, allí en la corte conoció a una talentosa soprano, Anna Magdalena.

Concierto para violín, cuerdas y continuo en Mi mayor, BWV 1042
El maestro, en toda su vida, jamás salió de Alemania. Pero mientras permaneció en Weimar, previo a su paso por Köthen, realizó una gira mental por Italia copiando hasta altas horas de la noche música de los maestros barrocos italianos, Vivaldi en primer término. De ahí que un espíritu vivaldiano recorra la obra de principio a fin. Y, naturalmente, sus movimientos son tres, en la tradicional secuencia vivaldiana de rápido-lento-rápido. (Anotemos también, que a raíz del advenimiento del forte-piano, alrededor de 1740 Bach realizará una transcripción para teclado, el Concierto en Re mayor, BWV 1054)

Movimientos:
00:00  Allegro.  Abre con tres secos acordes construidos sobre la triada de Mi mayor, que constituirá el germen del tema principal.
08:11  Adagio.  Un aria instrumental de extraordinaria belleza.
14:00  Allegro assai.  Exuberante, y de final virtuoso.

La versión es del violinista ruso Ilya Kaler acompañado de la Camerata OSG, formada por los primeros atriles de la Orquesta Sinfónica de Galicia, conducida por el director y compositor ruso de nacionalidad austriaca, Wladimir Rosinskij.
La obra dura diecisiete minutos. Como encore, Ilya Kaler nos brinda la gavota de la Partita para violín No 3.


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sábado, 30 de septiembre de 2017

Borodin: Nocturno del Cuarteto No 2


A diferencia del largo tiempo invertido en la mayor parte de sus obras de envergadura, el Cuarteto para cuerdas No 2 en Re mayor de Alexander Borodin fue compuesto durante unas cortas vacaciones de verano en agosto de 1881. Borodin, doctor en química y cellista, había conocido a la pianista Ekaterina Protopopova hacía veinte años, durante una pasantía en Heidelberg como científico. Casados en 1883, quiso rendir homenaje al hallazgo de su amor de dos décadas con el cuarteto que se iba a convertir en el más importante de los únicos dos que compuso para el género.

Alexander Borodin (1833 - 1887)
La vocación "secundaria"
Breve es la música de cámara que escribió Borodin. Reducida también es la lista completa de su corpus. Hijo ilegítimo de un príncipe ruso, el autor de las populares Danzas Polovtsianas accedió a una educación privilegiada que le permitió desempeñarse gran parte de su vida como profesor de química en las academias de medicina en San Petersburgo. De modo que la música fue siempre su vocación secundaria, lo que no le impidió formar parte del célebre Grupo de los Cinco, músicos nacionalistas rusos que, dicho sea de paso, no veían con buenos ojos la música de cámara.

Cuarteto para cuerdas No 2 - Nocturno
La obra completa dura cerca de media hora. Estructurada a la manera tradicional para el típico cuarteto de cuerda (dos violines, viola y cello), sus cuatro movimientos (scherzo y andante ceñidos por dos ágiles secciones externas) rebosan de calidez y dicha, reflejo de que es ésta la obra de un ser enamorado al que nada hace falta, y donde, al parecer, el cello canta por Alexander y el primer violín por Ekaterina.
Su tercer movimiento, en tempo andante y titulado Nocturno, es el que ha hecho popular al cuarteto y cautivado a un amplio público. Numerosas versiones proliferan en los más diversos círculos de arte; en 2006, un cortometraje de animación de los Estudios Disney hizo uso íntegro del célebre andante.

Se presenta aquí en versión de músicos pertenecientes a la Chamber Music Society del Lincoln Center de Nueva York.


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viernes, 29 de septiembre de 2017

Mozart: Concierto para arpa y flauta


Mozart nunca profesó una especial predilección por el arpa como instrumento concertante pero cuando en 1778 visitó París en compañía de su madre, Maria Anna, decidió aceptar como alumna de música a una chica arpista, cuyo padre, un duque que tocaba la flauta, comisionó a Mozart la composición del único concierto para arpa y flauta que haya salido del magín del genio salzburgués. Mozart no enloqueció con el encargo pero cumplió con él debidamente. No así el duque flautista quien no le pagó a Mozart el concierto y de las clases de la niña saldó la mitad.

 

Una amarga gira
Fue una de las tantas desventuras a las que se enfrentaron Wolfgang y su madre durante esta desafortunada gira sobre la que cayó la sombra definitiva cuando Maria Anna, en julio de aquel año, falleció en una ingrata habitación de París. Ambos, madre e hijo, venían de una prolongada estancia en Mannheim donde Mozart había sido saludado como el genio que era, pero cuyo anhelo de acceder a un puesto en la corte resultó, como de costumbre, insatisfecho. Falsamente ilusionado, también, se despidió de Aloysia Weber, de quien se había enamorado, pero esa es otra historia.

Concierto para arpa y flauta en Do mayor, K 299
La combinación de ambos instrumentos no es fácil, pero Mozart lo hizo, y construyó con ellos una obra estilísticamente perfecta, saludada hoy por los más amplios públicos. Arpistas y flautistas de todo el mundo también lo agradecen, pues las oportunidades de presentarse en escena como solistas, al menos para el arpa, no abundan. La obra, destinada al salón, solo requiere de unos cuantos vientos madera y el estándar grupo de cuerdas.

Movimientos: 
Con duración aproximada de poco menos de treinta minutos, la obra se estructura en los tres movimientos habituales para un concierto de la época, siguiendo el estilo vivaldiano de secciones rápido-lento-rápido:
00:00  Allegro
10:50  Andantino
20:11  Rondeau. Allegro

La versión es de los artistas franceses Patrick Gallois (flauta) y Fabrice Pierre (arpa), acompañados de la orquesta suiza con base en Lugano, RTSI (Radio Televisione Svizzera Italiana), conducida por el director británico Sir Neville Marriner, hoy fallecido e ilustre fundador de la celebérrima agrupación orquestal londinense Academy or Saint Martin in the Fields.


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miércoles, 27 de septiembre de 2017

Prokofiev: Sinfonía No 1 "Clásica"


En las primeras décadas del siglo veinte, Sergei Prokofiev era ya reconocido como una figura prominente de la música rusa de vanguardia de la época. Sin embargo, para la composición de su Primera Sinfonía eligió adscribir a los moldes clásicos. Más aún, fue el mismo compositor y no algún perpicaz editor quien subtituló la obra con el apodo de "Clásica". Hay quienes dicen que con ello el autor anunciaba, humorísticamente, que la obra llegaría a ser algún día ni más ni menos que un "clásico". Otros, aseguran que con el subtítulo Prokofiev solo quería mofarse de los críticos de la época, pues de seguro los tendría intrigados un buen rato.


EEUU, y el regreso
La época de su composición, 1916-17, encuentra a Prokofiev, de veintitantos, en la Rusia pre-soviética, aunque abandonará San Petersburgo pronto, seis meses después de la revolución bolchevique, con destino a los Estados Unidos. Su compatriota Sergei Rachmaninof ya había partido en la misma dirección y todo parecía indicar que las cosas andaban de maravillas por allá. De maravillas, y algo más, se comportó la vida con Rachmaninof, no así con Prokofiev. El autor regresó a Europa en 1922, y once años después se atrevió a dar el salto a la Rusia estalinista, en compañía de su esposa e hijos. Logró apañárselas (su esposa no tanto, pero esa es otra historia), y allí murió, en Moscú, como artista de la Revolución, en 1953, el mismo día que Stalin.

Sinfonía No 1 opus 25, en Re mayor, "Clásica"
Cualquiera hubiese sido el propósito de Prokofiev, el apodo de "clásica" no le viene nada de mal, aunque esto no debe entenderse en la línea "neoclásica" adoptada en su momento por Stravinski y otros compositores contemporáneos. Más bien, con su sencilla elegancia la obra evoca sin tapujos el espíritu del más puro clasicismo vienés de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, aunque no faltan en ella los sorprendentes saltos tonales y una que otra inesperada disonancia.

Movimientos:
Con todo, desde el punto de vista formal, nada más clásico que su estructura en los cuatro movimientos habituales: rápidos el primero y el último, un segundo movimiento lento y una mozartiana gavotta en el tercero.
Con duración aproximada de catorce minutos, son sus movimientos:
00:00  Allegro con brio
05:23  Larghetto
08.47  Gavotta - non troppo allegro
10:27  Finale - molto vivace

La versión es de la agrupación sinfónica Mariinsky Theatre Orchestra, conducida por el director ruso Valery Gergiev, reconocido gran intérprete de Prokofiev.



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lunes, 11 de septiembre de 2017

Schumann: Romanza opus 28 No 2


Las Tres Romanzas del opus 28 de Robert Schumann fueron escritas en 1839 con la intención de conformar una obra que debía ser interpretada en conjunto. Pero ayer y hoy, hubo una pieza que se ganó el favor del público, la No 2, que los pianistas acostumbran presentar hoy como pieza independiente.
El Opus fue dedicado a un tal Graf Heinrich II Reuss-Köstritz, un completo desconocido hoy. No lo habrá sido tanto para Clara Wieck (futura Clara Schumann) porque, encantada con el lirismo que derramaba la segunda pieza, no quedó muy contenta con que le fuera dedicada al hoy ignoto noble Graf Heinrich y no a ella. Y así se lo hizo saber a Schumann:

"…siendo yo tu novia, debes obligadamente dedicarme algo más, aunque no conozco nada más tierno que estas tres romanzas, en particular la del medio, un hermoso dueto de amor". Sí, Robert no las dedicó a Clara pero en cambio se las envió como regalo de Navidad, en 1839, y así las conoció Clara, casi "de oídas". Sabemos que Clara ya era por aquella época una extraordinaria pianista que pasaba la mitad del año en gira por Europa. Robert entendió que las tres piezas no eran dignas de una artista de tal categoría.

Quizá las Tres Romanzas no estaban a la altura de Clara pero ello no fue obstáculo para que Robert las tuviera en gran estima. Con el paso del tiempo, la Romanza "del medio" se constituyó en una de sus obras breves más populares. De más está decir que Clara contribuyó a ello significativamente, dando a conocer las Tres Romanzas a públicos de media Europa. Así se ganaron un lugar seguro en el repertorio pianístico, junto a las obras anteriores de Schumann de mayor envergadura, digamos Carnaval (1835) o Kreisleriana (1838).

Romanza No 2 del Opus 28
Es una pieza relativamente breve. Con sus 34 compases, repeticiones incluidas, no sobrepasa los cuatro minutos de duración en las versiones estándar. Su métrica ternaria de 6/8 (seis corcheas por compás) le imprime a placer el sabor de una barcarola cuyo bello lirismo se desvanece al final en síncopas que mueren, piano y pianissimo.

La versión es de la pianista suiza Luisa Splett, parte de cuyos estudios los realizó, curiosamente, al sur del mundo, en Santiago de Chile.


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martes, 5 de septiembre de 2017

Mozart: Sonata en Do menor, K 457


En un arranque de compostura y equilibrio, a principios de 1784 Wolfgang Amadeus Mozart inició un minucioso registro de sus obras. Gracias a ello, sabemos hoy que la Sonata No 14 en Do menor fue terminada el 14 de octubre de ese año. Al menos, con esa fecha ingresó a su catálogo privado. Seis meses después, Mozart incorporó a este registro una nueva obra para piano, la Fantasia en Do menor. Ambas piezas fueron entregadas en 1785 a su editor en Viena, la casa editora Artaria, para ser publicadas en conjunto como Opus 11, con el título "Fantasie et Sonate pour le Forte-Piano", y dedicado el opus a Therese von Trattner.


Las mudanzas de la familia Mozart
Por razones que nunca se han dilucidado del todo, mientras los Mozart vivieron en Viena se mudaron en numerosas oportunidades. Los años 1784-85 los encontramos alquilando una casa propiedad de Johann von Trattner, librero y editor vienés que había construido un pequeño imperio al interior del otro imperio gracias a un privilegio otorgado por Maria Teresa que le confería la exclusividad para imprimir todos los libros de texto que las escuelas de Austria y sus alrededores requerían.

Therese von Trattner, dedicatée
Von Trattner era, pues, un impetuoso y acaudalado empresario, un prominente miembro de la naciente burguesía que para disfrute y solaz de la familia podía adquirir sin titubear un moderno forte-piano... Un costoso Stein, por ejemplo, el piano preferido de Mozart al que sin embargo jamás accedió. A menos que el piano de la familia Trattner haya sido precisamente un Stein. Sí, porque como correspondía a sus intereses y condición social, Therese, la mujer de Trattner, se convirtió en alumna de Mozart. Y a ella está dedicada la Sonata, y la Fantasia, claro está, para dar más vuelo a la ofrenda.

La Sonata en Do menor es la última de las cinco sonatas agrupadas en un periodo "sonatístico" que va desde 1782 (Mozart recién instalado en Viena) hasta 1784, producción que no tenía otro objetivo que componer para la propia satisfacción o para la práctica de sus alumnos, consciente Mozart de que la forma sonata era la más completa de las formas musicales "hogareñas", la traza de piezas destinadas al regocijo y solaz de las familias, en un plano íntimo. Therese von Trattner, suponemos, no habrá desentonado.

Sonata No. 14 en Do menor, K. 457
El mismísino Ludwig von Köchel, compilador de la obra de Mozart de mediados del siglo XIX, catalogó la obra como la sonata para piano más importante de las veintidós compuestas por el genio de Salzburgo para piano solo. Con alrededor de quince minutos de extensión, exhibe una pasión e intensidad poco habituales en Mozart (hablamos de sus sonatas), prefigurando lo que el género llegará a ser más tarde en las manos del genio subsiguiente, Beethoven. Es más, en el noble y sufriente adagio cantabile no resulta difícil oír "anticipos" del adagio de la Sonata Patética, que verá la luz quince años más tarde.

Movimientos
Como todos los conciertos para piano de Mozart, está estructurada en tres movimientos siguiendo el esquema clásico: rápido-lento-rápido.
00:00  Allegro
05:13  Adagio cantabile
11:35  Allegro assai

La versión es del notable y excéntrico pianista austriaco Friedrich Gulda, muerto por segunda vez en Viena en 2000. Sí, pues hacía un año, el día anterior a un concierto, el artista que jamás se vistió de gala para presentarse en público anunció su muerte de mentirijillas con el solo fin de contemplar el desconcierto del público cuando lo viera aparecer en escena, ese día.


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jueves, 31 de agosto de 2017

Chopin: Variaciones Brillantes opus 12


Hasta donde sabemos, a Chopin jamás se le ocurrió componer una ópera. Pero era un gran aficionado a ella. Durante sus primeros años en París, pasó innumerables veladas en la Opéra. Allí escuchó a Rossini, Meyerbeer, y Ferdinand Hérold, este último un autor menor que sin embargo dejará una huella en el compositor polaco. Las fiorituras y "gorgoritos" (son sus palabras) de sopranos, mezzos, tenores y bajos de la época, conquistaron su admiración entusiasta al punto que, comentando su solaz con la ópera parisina, llegó a escribir: "...¡En una palabra, solo aquí se puede saber lo que es el canto!".

"Ludovico"
En mayo de 1833, asistió a la Opéra Comique para una representación de "Ludovico", la última de numerosas óperas cómicas escritas por el mentado Hérold. La obra no obtuvo el reconocimiento del público, ni entonces ni ahora. Pero sí ganó notoriedad, durante algún tiempo, una de sus arias, la cavatina que comienza con las palabras Je vend des scapulaires ("Vendo escapularios"). La tonadilla, simple y sencilla como pocas, llamó, no obstante, la atención de Chopin.
Ese mismo año el genio polaco había publicado el Concierto en mi menor, terminado los tres Nocturnos del opus 9 y terminado y publicado los doce Estudios del Opus 10. ¿Por qué afanarse en elaborar para el piano una tonadilla tomada de una obra menor?

El aliento de la moda
Recordemos que por esos años las clases medias habían decidido que también querían escuchar música. Los gustos parisienses eran variopintos, y los conciertos públicos debieron reflejarlos: a la tradicional entrega de un par de sinfonías o conciertos (o parte de ellos, más bien) y la presentación de uno o más cantantes en medio de allegros scherzos, se sumaron los pianistas compositores que entre arias y cavatinas engalaban la función con sus variaciones o fantasías sobre trozos operísticos populares. Es lo que hacían un Liszt, un Thalberg, o Kalkbrenner. Chopin, un recién llegado, debía ponerse a la moda.

Así, gracias al músico polaco, el nombre de Ferdinand Hérold se salvó de caer completamente en el olvido. Chopin tomó la cavatina como tema y sobre éste dibujó sus Variaciones Brillantes op 12, cuyo título original es algo más extenso.

Variaciones brillantes sobre "Vendo escapularios" de la ópera "Ludovico" de LJF Hérold, opus 12
Las Variaciones, en Si bemol mayor, exhiben la forma al uso: introducción, tema y, en este caso, cuatro variaciones. Su calificación de brillantes obedece, una vez más, al gusto parisino, la afición por un estilo "brillante" (y las Variaciones lo son, sin duda). La obra fue publicada algo más tarde, en 1837, quizá con la cavatina ya olvidada y Chopin, sin proponérselo, encargado de su rescate.

Muy breve, con extensión aproximada de 8 a 9 minutos, son sus secciones (sin interrupción):
00:00  Introducción: Allegro maestoso
01:30  Tema - Allegro moderato
03:19  Scherzo
04:11  Lento
06:09  Scherzo vivace

La versión es de la pianista nacida en Hong-Kong, Tiffany Poon.



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martes, 29 de agosto de 2017

Henri Dutilleux: Sonata para piano


No obstante haber vivido una larga existencia que lo llevó a cruzar por entero casi todo el siglo veinte, al compositor francés Henri Dutilleux no le alcanzó el tiempo para producir una obra extensa y numerosa. Integran su catálogo no más de treinta composiciones, pero una parte sustancial de ellas es considerada hoy como un ramillete de obras maestras de la literatura musical de Occidente, herederas escrupulosas de la tradición francesa representada por Debussy y Ravel. Un alto grado de autoexigencia del creador indujo la publicación de tan mezquino corpus junto a su irrenunciable inclinación por la calidad antes que la cantidad. El inicio de la Segunda Guerra también hizo lo suyo.

París, ciudad ocupada
Henri Dutilleux ingresó al Conservatorio de París en 1933. Cinco años después, luego de tres intentos, alcanzó el primer premio del cotizado Grand Prix de Rome que comportaba una estadía de cuatro años en la Villa Médicis, en Roma. Pero el compositor solo alcanzó a estar allí cuatro meses. Regresó a París poco antes de que Francia entrara en guerra, debiendo servir a su país como camillero, hasta el Armisticio de 1940. Los años siguientes los malvivió en la ciudad ocupada, si bien accedió a algunos cargos en la Ópera de París y la Radio France, prosiguiendo su formación casi por cuenta propia, leyendo tratados de composición y enterándose de oídas de las vanguardias.

Henri Dutilleux (1916 - 2013)
Sonata para piano, opus 1 
En 1941 conoció a Genevieve Joy, compañera de curso en las clases del Conservatorio que en la Francia ocupada seguía funcionando en la medida de lo posible. Se casaron al final de la guerra. De ahí en adelante y por largo tiempo, Genevieve se convirtió en la intérprete y difusora de sus obras para piano, largamente de su única Sonata, compuesta entre los años 1948-49 y dedicada a Genevieve, como se habrá adivinado.
Fiel a su abrumadora exigencia con la obra propia, el autor catalogó la pieza como Opus 1, relegando así a un plano fantasma los trabajos anteriores, de menor extensión, surgidos en un periodo de diez años, porque consideró que la Sonata era la primera obra a la altura de sus estándares maduros.

Movimientos:
De enormes exigencias técnicas (Genevieve debe haber dado la talla, cómo no), la obra combina dos grandes ocupaciones del Dutilleux maduro: el rigor formal y la búsqueda armónica. De ahí la estructura tradicional de tres movimientos por un lado, y la sostenida ambigüedad tonal (más aún: a ratos tonal, y a ratos atonal) por el otro.

00:00  Allegro con moto: Comenzando abiertamente en ritmo de 2/2, a poco andar habrá cambios en la estructura rítmica (el "patrón de acentos"). La ambigüedad armónica ya aludida está también presente aquí desde los primeros compases dejando al auditor perplejo ante el inmediato paso de una tonalidad menor a una mayor y viceversa, dando con ello la sensación de que el intérprete no ha comenzado donde debía, o que este video en particular está mal editado. No hay tal. La pieza comienza así.
07:08  Lied: El más breve de los tres movimientos, escrito en forma ternaria (tema A, tema B, vuelta al tema A). También aquí hay muestras de ambigüedad tonal, aunque una tonalidad básica es en principio perceptible (Re bemol mayor).
14:24  Choral et variations: A un imponente coral (a cuatro voces según los estudiosos aunque yo con esfuerzo apenas si escucho tres) le siguen cuatro variaciones: Vivace 16:16 - Un poco più vivo 17:39 - Calmo 19:56 - Prestissimo 22.05. La obra finaliza con una recapitulación del coral de inicio, con variantes.

Algunos estudiosos han descrito la obra como "brillante, de múltiples capas con ecos de Bartók y Prokofiev". Otros aseguran que la pudo haber escrito Debussy: una sonata "sensual a la vez que clásica".

La versión, brillante, es de la pianista nacida en Luxemburgo en 1985, Cathy Krier, durante una performance en junio de 2007.



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sábado, 26 de agosto de 2017

C.M. von Weber: Concierto clarinete No 1


Especialmente reconocido como el fundador de la ópera romántica, el también virtuoso del piano Carl Maria von Weber cuenta asimismo con una importante obra instrumental en la que, más allá de sus dos Conciertos para piano, sobresale un grupo especial de obras escritas para instrumentos de viento, específicamente para fagot, trompa, y clarinete. Gran parte de esta particular devoción la dedicó a este último instrumento, el clarinete, escribiendo para él un Concertino, un Quinteto, un Dúo concertante (clarinete y  piano) y dos Conciertos en el lapso de cinco años, de 1811 a 1815, época en la que el autor disfrutaba de la segunda mitad de sus veintitantos.


De ese manojo de composiciones, tres fueron escritas en un solo año.
En 1810, fiel a su espíritu viajero, Weber salió de paseo, o de gira (según como se dieran las cosas) por varias ciudades alemanas. A comienzos de 1811 llegó a Munich. Allí, en la corte de Maximiliano I, rey de Baviera, trabó amistad con el clarinetista de la orquesta, Joseph Baermann, para quien compuso en un santiamén el Concertino ya señalado. Baermann quedó encantado, también el rey.

C.M. von Weber (1786 - 1826)
El encargo de Maximiliano
Maximiliano, un déspota ilustrado amante de la música y las artes (aliado de Napoleón para más señas) no dudó en sacarle partido a tan eficaz y vertiginoso compositor. De modo que cuando Weber se despidió de Maximiliano aquella provechosa tarde, cargaba sobre sus hombros el saludable compromiso de componer para Baermann, por encargo del rey, no uno, sino dos conciertos para clarinete.

¿Un trance complicado?
Para nada. Entre abril y mayo de 1811 el autor compuso los dos conciertos al mismo tiempo y, según cuenta la leyenda, el primer movimiento del que sería catalogado como No 1 fue escrito y orquestado en un solo día.
Como es de suponer, ambas obras están dedicadas a Baermann.
El Concierto No 1, señalado en el catálogo del compositor como J 114, fue estrenado el 13 de junio de 1811 en Munich, con Baermann como solista. Maximiliano, a quien suponemos presente, habrá sonreído satisfecho.

Concierto para clarinete y orquesta No 1 en Fa menor - Movimientos
De duración aproximada de poco más de veinte minutos, su estructura es la habitual: tres movimientos en secuencia rápido-lento-rápido.

00:00  Allegro: Los cellos presentan el tema principal; luego ataca la orquesta completa con un tufillo beethoveniano; a continuación toman la melodía los violines que se van aquietando para dar paso a la entrada del clarinete con un doliente tema, en 1:47.
09:40  Adagio ma non troppo: Muy expresivo, el clarinete entona una melodía intensamente lírica por sobre un comedido acompañamiento de cuerdas. La sección central incluye un novedoso diálogo entre el clarinete y un trío de trompas (13:01) mientras el resto de la orquesta permanece al margen.
17:33  Rondó - allegretto: Airoso y desenvuelto, con una suerte de "final falso". En 19:52 pareciera que tras alcanzar el clarinete su registro más alto, la conclusión hubiera llegado, pero no, luego de una pausa, el clarinete abordará un nuevo episodio, más introspectivo. Más tarde, ágiles semicorcheas conducirán al verdadero final, exultante.

La versión, excelente, es del instrumentista coreano Jerry Chae, acompañado de la reconocida orquesta coreana KBS Symphony Orchestra, conducida por Hee-chuhn Choi.


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