domingo, 28 de septiembre de 2014

Mozart: Sinfonía N° 40



Fiel a su curiosa costumbre, en junio de 1788, W.A. Mozart y su mujer Konstance se mudaron de casa por enésima vez. Con sus dos pequeños hijos, Karl de 4 años, y Teresa de apenas seis meses, renunciaron a los paseos en el Prater y se trasladaron a un apartamento en los suburbios de Viena, con el propósito de cambiar de aires y, en principio, para rebajar el pago de la renta que cada mes se hacía más difícil en el centro de la ciudad. Pero nada de eso aconteció. Wolfgang y Konstance terminaron alquilando el apartamento más caro de los disponibles en la residencia del apartado suburbio de Alsergrund y, si de cambio de aires se trataba, la pequeña Teresa murió apenas diez días después de que la familia se instalara allí.

Placa recordatoria en la nueva construcción
donde estuvo el apartamento de Alsergrund
Con la ayuda de sus amigos
Y por enésima vez también, el amigo y hermano masón Michael Puchberg no desoyó la petición de apoyo financiero. Hacía apenas dos años de los éxitos de Figaro pero Mozart estaba ahora en franca bancarrota. Es cierto que el apartamento de Alsergrund era el más caro pero también el más espacioso, el único que tenía acceso al jardín y el único con siete habitaciones. Muchas comodidades para inquilino tan poco opulento. Pero el amigo masón comprendió todo ello: entendió que a Mozart, como a cualquier individuo corriente, le resultaba difícil renunciar a un estilo de vida al que se había acostumbrado. Entendió también que el genio de Salzburgo necesitaba ahora más que nunca espacio y contacto con la naturaleza para proseguir con su tarea.

Tres sinfonías en 6 semanas
Y Mozart no lo decepcionó. En el apartamento de Alsergrund, aunque de duelo pero cómodamente instalado, Wolfgang Amadeus compondrá en el verano de 1788, en menos de seis semanas, sus tres últimas sinfonías: la N° 39 terminada el 26 de junio, la N° 40 el 25 de julio, y la N° 41 llamada Júpiter el 10 de agosto. Su nuevo hogar durará poco. Deberá mudarse a un apartamento más pequeño en enero del año siguiente. Los años dorados de Mozart en Viena han llegado a su fin.



Sinfonía N° 40 en sol menor K. 550
Célebre por su popular primer movimiento, es una de las dos únicas sinfonías escritas en tonalidad menor. Al igual que sucede con la sinfonía Júpiter, no existe prueba documental de que haya sido interpretada en vida del compositor. Pero Mozart realizó cambios en ella, y se conservan ambos manuscritos, lo que ha llevado a un estudioso a afirmar, razonablemente, que el compositor "no se hubiera tomado el trabajo de añadir las partes de los clarinetes y reescribir las de flautas y oboes si no las hubiese escuchado interpretadas".

Movimientos:
00        Molto allegro
08:48  Andante
22:52  Menuetto. Allegretto - Trio
27:32  Finale - Allegro assai

La versión es de The Chamber Orchestra of Europe, conducida por el director austriaco Nicolaus Harnoncourt.

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miércoles, 24 de septiembre de 2014

Rossini: Barbero / "Largo al factotum"



Gioacchino Rossini fue un autor extraordinariamente prolífico. Durante 19 años compuso dos óperas al año, y más de alguna vez llegó a componer hasta cuatro. De modo que cuando recibió el encargo de componer dos óperas para el Carnaval de Roma de 1816, se entregó en cuerpo y alma a la tarea, y el mismo día que terminó la primera, a fines de diciembre de 1815, comenzó con la segunda, que tenía como plazo de entrega el 20 de enero de 1816. La obra en dos actos, terminada en menos de tres semanas, se llamó Almaviva o sia La inutile precauzione.

No la conocemos hoy con ese nombre, pues el título Il Barbieri di Siviglia, con origen común en la obra de Beaumarchais, ya había sido usado hacía más de treinta años por Giovanni Paisiello para musicalizar el mismo argumento. De ahí que su estreno en el Teatro Argentina de Roma el 16 de febrero de 1816 haya sido un completo fracaso, provocado, según se dice, por los partidarios de la obra de Paisiello, que veían en la de Rossini una cómoda construcción musical sobre un tema ya probado.

G. Rossini (1792 - 1868)
Cómoda o no, Rossini no abandonó aquí su propensión a utilizar melodías o arias enteras de trabajos anteriores, incluida, en esta oportunidad, hasta la obertura. Las prisas son las prisas, de modo que, o la obertura se perdió, o no alcanzó a escribirla. La cavatina de Rossina tomó prestada –en la segunda función– melodías pretéritas y el aria de Berta tiene como modelo una melodía rusa.
Aún así, Rossini mostró en ésta, su obra más popular, arias que son un prodigio de inspiración y novedad. Una muestra acabada de ello es la celebérrima aria que canta Fígaro en el primer acto.

Cavatina "Largo al factotum della cittá"
Luego de que el conde de Almaviva disfrazado de Lindoro, estudiante pobre, le canta su amor a Rossina, aparece en escena Figaro, ex sirviente del conde, para anunciar a los presentes que, como el barbero más famoso de Sevilla, todas las puertas están abiertas para él –prebenda que Lindoro/Almaviva usará más tarde en su provecho. Presumido, canta y solicita que "Abran paso al factótum de la ciudad".

Representación del año 2010 en Moscú, ambientada en los años cincuenta. Como Fígaro, el barítono italiano Pietro Spagnoli.


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martes, 23 de septiembre de 2014

Dvorak: Sinfonía Nuevo Mundo (4to mov)



Al compositor checo Antonin Dvorak (1841 - 1904) no le fue fácil aprender alemán. Tampoco componer. Por ello, solo obtuvo su primer reconocimiento público cuando tenía 32 años, aunque había terminado sus estudios en la Escuela de Órgano de Praga a los 18. Durante más de diez años, el autor libró una dura batalla para dominar los entresijos de la composición, cuyo resultado logró plasmar finalmente en una obra coral de 1873, a la que siguieron ese mismo año sus célebres Danzas Eslavas. Pero de ahí en más, todo fue miel sobre hojuelas.

Beca del gobierno austriaco
Al año siguiente, con el apoyo caluroso de Johannes Brahms, se hizo acreedor de una beca que la ciudad de Viena concedía a jóvenes artistas de escasos recursos. Durante cinco años, Dvorak recibió una pensión anual de 400 florines, una suma enorme comparada con los 10 florines mensuales que hasta ese momento ganaba como organista de la iglesia de San Adalberto, en Praga. A partir de entonces, nada entorpeció su derrotero y para 1878, la carrera del compositor había despuntado definitivamente, tanto en su tierra natal como en el extranjero.

Viaje a Nueva York
Cristalizados sus esfuerzos en la gran obra coral Stabat Mater y en sus ocho sinfonías, nombrado doctor honoris causa de cuanta universidad europea tuvo a bien hacerlo, el año 1891 trajo consigo el reconocimiento internacional indiscutido cuando Jeannette Thurber, fundadora del Conservatorio Nacional de Nueva York, le envió un telegrama invitándolo a hacerse cargo de la dirección del establecimiento. Dvorak, al principio renuente, terminó por aceptar el cargo. Los quince mil dólares anuales ofrecidos eran más de lo que había ganado en toda su vida.


9a Sinfonía "Desde el Nuevo Mundo"
En septiembre de 1892, acompañado de su familia, emprendió el viaje hacia Nueva York. Allí permanecerá dos años, componiendo en 1893 la que quizá sea su obra más popular, la novena Sinfonía en mi menor, por él mismo titulada "Desde el Nuevo Mundo". Estrenada en el Carnegie Hall el 16 de diciembre de 1893, logró un éxito inmediato, y desde entonces se ha querido ver en ella un reflejo del "universo musical americano".
No obstante el interés que Dvorak manifestó por la música negra e indígena de los Estados Unidos, el día antes del estreno, en entrevista para el New York Herald, relativizó ligeramente el influjo de aquella música en su obra:
"No he utilizado ninguna de estas melodías. Solo he escrito temas propios, a los que he incorporado las peculiaridades de la música indígena, y desde el momento que escogí estos temas, los he desarrollado con todos los recursos del ritmo, el contrapunto y el color orquestal modernos".
Movimientos: Adagio - allegro molto / Largo Scherzo / Allegro con fuoco.
Se presenta aquí el cuarto y último movimiento, Allegro con fuoco, en versión de la Filarmónica de Viena dirigida por Herbert von Karajan.


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miércoles, 17 de septiembre de 2014

Liszt: Concierto para piano N° 1



No se demoró gran cosa Liszt en recuperarse de su quiebre amoroso con la condesa d'Agoult en 1844. Al poco tiempo volvió a enamorarse, esta vez de la princesa Carolyne de Sayn Wittgenstein, a quien había conocido en una gira por Rusia en 1847. Dos años después estaba instalado con ella en Weimar, donde tras retomar su cargo de maestro de capilla realizará más tarde una fecunda labor como organizador de la vida musical de la ciudad.
Carolyne, sabedora de lo que podía acontecer sentimentalmente con el maestro durante las giras, se apresuró a aconsejarle el abandono de la carrera de concertista para que dirigiera sus ímpetus hacia la composición sinfónica. Liszt, el ídolo de multitudes de la primera mitad del siglo XIX, admirablemente solícito, abandonó los recitales de piano a los 36 años.

Liszt (1811 - 1886) en 1847
Obras de concierto
Carolyne conjeturó correctamente. Ahora vemos que la mayor parte de las obras concertantes de Liszt se enmarcan, precisamente, en la época de su primera permanencia estable en Weimar, de 1849 a 1861.
Antes de Weimar, el maestro húngaro se había hecho notar en los ambientes musicales europeos como virtuoso concertista, y por ello dedicó todos sus esfuerzos a la composición para piano solo, pues ese era el instrumento que dominaba y, sobre todo, porque su condición de intérprete aseguraba la difusión de sus creaciones de manera inmediata.

De modo que cuando quiso componer para piano y orquesta, se encontró algo falto de oficio. Y aquí es cuando interviene Weimar pues durante su permanencia allí dirigió con regularidad un conjunto instrumental amplio, para lo cual necesitó conocer a fondo las páginas orquestales de los grandes maestros, logrando así escalar peldaños en la experimentación de ideas propias. Aun así, en sus primeras obras orquestales solicitó la intervención de su pupilo Joachim Raff como instrumentador. Es el caso del Concierto para piano N° 1, aunque hay quienes aseguran que Liszt requirió asistencia técnica no porque tuviera dudas, sino porque le era cómodo.

Concierto para piano y orquesta N° 1 en mi bemol mayor
Sus primeros bocetos datan de 1830, cuando Liszt tenía 19 años, pero el maestro comenzó a trabajar resueltamente en él sólo después de 1840. Lo terminó en 1849 y luego de varias revisiones fue estrenado recién en 1855, en Weimar, con Liszt al piano y Hector Berlioz en la dirección.

La versión es del pianista nacido en China, Lang Lang, acompañado de la BBC Symphony Orchestra conducida por Edward Gardner, durante los Proms 2011 en el Royal Albert Hall de Londres.
[Sigue al video, Guía de Audición]



Guía de audición
La obra está formada por cuatro secciones, que se tocan ininterrumpidamente:
00   Allegro maestoso. La orquesta introduce, majestuosamente, el primer motivo. El piano entra dramático, en 0:40, con un pasaje en octavas, característico de Liszt. Luego reaparece el motivo inicial, más tranquilo. Un segundo tema es introducido por el piano en 1:33. En 2:27 el piano enuncia una bellísima melodía que en 3:06 establecerá un diálogo con el clarinete y luego con el violín. La dulzura se acaba cuando en 3:55 aparece otra vez el primer tema, ahora con mayor dramatismo. En 4:30 vuelve el segundo tema, más romántico si cabe: el maestro Lang Lang ya no cabe en sí de tanto lirismo.

5:53  Quasi adagio  Tema cantabile introducido por las cuerdas, en sordina. En 6:43 el piano, solo, toma el tema y lo desarrolla. En 8:32 lo toman las cuerdas otra vez. Luego de unos breves pasajes de bravura, un trino del piano larguísimo (10:05) alcanza para acompañar a la flauta, oboe, y clarinete, con lo que termina el movimiento, en completa calma.

11:08  Allegretto vivace - Allegro animato  Un tema de carácter juguetón inicia el movimiento, pero en 13:11 reaparecerán las sombras cuando el piano retome el tema inicial en el registro bajo. Se citan los temas anteriores. En 13:56, la orquesta y el piano atacan el tema de inicio, casi sin alteración con lo que se escuchó antes, como si la pieza estuviera comenzando otra vez, aunque tomará otro rumbo para engarzar con la sección siguiente.

15:13  Allegro marziale animato  La orquesta presenta un nuevo tema. Alternando entre intrincados pasajes y octavas tormentosas, luego de revisitar todos los motivos, en 18:48 el concierto avanza hacia su final al más "clásico" estilo lisztiano, de gran bravura, como le gustaba al maestro y en lo que era un experto.

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viernes, 12 de septiembre de 2014

Mozart: Sonata para dos pianos Re mayor



Las primeras sonatas para piano a cuatro manos o para dos pianos compuestas por Mozart estaban destinadas a su ejecución conjunta por él y su hermana Nannerl, cinco años mayor. Con ellas recorrieron gran parte de Europa entre 1763 y 1766 deslumbrando con su virtuosismo prodigioso a cuanto príncipe y dama noble tuvo ocasión de escucharlos. El auditorio augusto los agasajó con besos y de vez en cuando con un regalo, una vez un reloj, otra una tenida de gala, como la que Mozart niño viste en la imagen, obsequio de la emperatriz Maria Teresa de Austria.

En 1781 Maria Teresa ya no estaba en este mundo y Mozart hacía tiempo que había dejado de ser niño prodigio. Tenía 25 años, y hacía tiempo también que había dejado de andar "rodando por el mundo como pordiosero", según las poco comedidas palabras de Maria Teresa, diez años atrás.
Y se había instalado en Viena, después de que su patrón, el príncipe-arzobispo Colloredo, lo separara de su cargo en la irrelevante corte de Salzburgo, luego de una agria disputa, pocos meses antes.

Instalado en Viena en plan de pianista y compositor free-lance, obtiene un primer "éxito considerable" con la ópera Idomeneo. Se ha enamorado de Konstance y piensa casarse. Mozart, cazador y recolector, consigue algunos alumnos y prepara y produce conciertos en los que presenta sus propias obras, pero ya no está su talentosa hermana para acompañarlo. Nannerl lleva una vida sencilla en Salzburgo, al cuidado de su padre Leopold, algo olvidada de su arte.

Sonata para dos pianos en Re mayor, K. 448
Estrenada en noviembre de 1781, fue compuesta para la ocasión e interpretada en compañía de su colega pianista Josephine von Aurnhammer, quien ya había hecho dúo con él en el Concierto para dos pianos, de 1779. Escrita en estilo galante, luminosa y brillante, consta de los tres movimientos "clásicos":
00       Allegro con spirito
08:00  Andante
18:01  Molto allegro
La sonata formó parte del estudio científico destinado a probar la teoría del Efecto Mozart, que postula que la música clásica incrementa la actividad cerebral más que cualquier otro tipo de música. Las investigaciones continúan.

La versión es de los pianistas rusos Anatalia Injushina y Vlatseslav Novikov, en una presentación en la flamante iglesia luterana de piedra Temppeliaukio, de Helsinki, inaugurada en 1969.


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jueves, 11 de septiembre de 2014

Haydn: Variaciones en fa menor



Un biógrafo de Haydn anota que el músico de los Esterházy se mostraba sorprendido de que en el transcurso de su vida lo hubiesen amado tantas mujeres bellas, y cita estas palabras del maestro: "No podían haber sido cautivadas por mi belleza". Efectivamente, Haydn no era tan apuesto como hubiese querido pero en 1760, a los ventiocho años, comenzó su vida amorosa formal desposando a Maria Anna Keller, la hija de un peluquero. El matrimonio no fue feliz y Haydn tuvo que buscar la dicha en otra parte, ahora, de manera informal. Y no le fue mal del todo.

Al menos cuatro chicas, algunas nobles, otras ni tanto, establecieron con Haydn una relación sentimental, más o menos duradera. La que se lleva las palmas parece haber sido la "belleza europea" Maria Anna von Genzinger, esposa del médico de cabecera del príncipe Esterházy, noble por parte de madre y talentosa aficionada a la música. Al parecer, la relación la comenzó ella al enviarle al maestro su reducción para piano del adagio de una de sus sinfonías. El maestro contestó, sumamente halagado, y así dio comienzo una relación, fundamentalmente epistolar –aunque sin llegar a los extremos de Tchaikovski en el siglo venidero que durará unos buenos años.

Joseph Haydn (1732 - 1809)
Maria Anna residía en Viena. Haydn, bastante alejado, en el palacio Esterhaza. Así que cuando su patrón decidía visitar la capital del imperio el maestro le acompañaba encantado, pues se abría la posibilidad de ver a la amada y no solo cartearse con ella. Pero la relación fue platónica. La pertenencia de cada uno a distinto estrato social imposibilitaba cualquier otro acercamiento.

Para peor, fue solo Haydn quien sucumbió al enamoramiento, y no Maria Anna quien respondió siempre a sus misivas como la fiel, sincera y profunda amiga que era.

Sin embargo, la asimetría de la relación no impidió que la repentina muerte de Maria Anna en 1793, a los 38 años, acaecida durante una gira del maestro por Londres, causara en él un profundo impacto. Según se cree, las Variaciones en Fa menor, una de sus piezas más íntimas y personales, escritas en la cúspide de su gloria, fueron publicadas como postrer homenaje a Maria Anna, la mujer de otro.

Variaciones en Fa menor
Compuestas en 1793 y publicadas en 1799, pertenecen al tipo de variaciones con dos temas, en los que Haydn probó ser particularmente hábil. El tema principal presenta el carácter de una marcha fúnebre, a la que sigue un trio en modo mayor. Por momentos, el lenguaje armónico anticipa ciertos aspectos del estilo romántico por venir.

La versión es del gran maestro austriaco Paul Badura-Skoda.



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lunes, 8 de septiembre de 2014

Chopin: Polonesa Militar



La primera obra compuesta por Frédérik Chopin fue una polonesa. Tenía siete años. Luego vendrán seis más "de juventud", hasta 1829, poco antes de abandonar Varsovia. Por esa época, la ciudad estaba ocupada por los rusos pero no sufría todavía la dura represión de 1830-31, resultado del frustrado levantamiento polaco de noviembre de 1830. Con todo, en estas primeras obras el músico polaco no otorga ningún valor patriótico a sus polonesas pues las compone siguiendo una tradición: Chopin escribe polonesas simplemente porque la danza está de moda.

Chopin (1810 - 1849)
Orígenes
Desde luego, la danza se originó en Polonia, pero para la época de Chopin hacía dos centurias que se había convertido en una danza convencional conocida por toda Europa.
Ya en el barroco temprano numerosos compositores habían escrito "danzas polacas" o, como a los franceses gustaba llamarlas, "polonaises", y para el siglo XIX había perdido su carácter de danza bailable para devenir en una pieza instrumental que presentaba características propias: métrica ternaria, ni muy lenta ni muy rápida, y con un patrón rítmico único que Chopin supo modelar según convenía a la atmósfera.

Chopin exiliado
Chopin era un exiliado, un exiliado polaco, y revestido de ese carácter desarrolló su existencia en París. Sus compatriotas también exiliados, nobles en su mayoría, celebrarán la majestuosidad de sus polonesas de madurez viendo en ellas un símbolo del nacionalismo polaco. Algunas suscitan tambores, fanfarria y desfile de tropas, es el caso de la polonesa llamada "Militar", pero Chopin, a fin de cuentas, solo pretendía ser músico. Su dolor ante la patria invadida está permeado de añoranza de la tierra, por ello es que solicitará que su corazón sea llevado de regreso a Varsovia, para el día de su muerte.

Polonesa Militar Opus 40 N° 1
Dedicada a su amigo y compatriota Julian Fontana, la pieza fue terminada en 1838, poco antes de que Chopin inicie una relación de nueve años con la escritora George Sand. Junto a la polonesa en Do menor, de la misma época, ambas fueron publicadas como el Opus 40 en 1840.
En el conjunto de las polonesas de madurez, es una de las más "tradicionales",
en el sentido de que Chopin preservó en ella intactos los aspectos melódicos y rítmicos de la antigua danza, aunque optó por un final abrupto y sorpresivo, en el que toda espectacularidad está ausente.

La versión es del pianista israelí Tzvi Erez.



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viernes, 5 de septiembre de 2014

Torelli: Concierto para dos violines



El diálogo entre solista y orquesta
La idea del diálogo entre un solista aislado y una orquesta que lo apoya no estaba tan alejada de la mente de los compositores, a fines del siglo XVII. A fin de cuentas, eso ya ocurría en la ópera desde hacía más de un siglo, cuando los cantantes comenzaron a actuar como instrumento solista a cargo de una melodía, a la que una orquesta, más o menos densa, acompaña. La voz humana, desde luego, ha sido siempre la misma, o al menos nunca ha requerido de avances tecnológicos para su desarrollo. No ocurre lo mismo con los instrumentos.

La mejora tecnológica
Durante ese mismo siglo, la calidad del violín fabricado por artesanos italianos había venido disfrutando de mejoras sustanciales de la mano de las familias lombardas Amati, Guarneri, o Stradivari. Gracias a ello, los instrumentistas integrantes del grupo
concertino pudieron sumar a los ejercicios virtuosísticos permitidos por el concerto grosso una calidad de sonido desconocida hasta entonces y que reclamará una atención especial. La aparición del instrumento solista está a un paso. La mejora tecnológica y la idea del diálogo entre instrumento y orquesta aportada por la ópera se darán la mano para que el mundo musical de occidente conozca una novedosa transformación del medio expresivo: el concierto para instrumento solista y orquesta.

Torelli
Giuseppe Torelli (1658 - 1709)
Es el veronés Giuseppe Torelli quien ha pasado a la historia como el creador de la nueva forma o, al menos, el primero en utilizarla más abiertamente. Pese al hallazgo, poco se sabe de sus inicios como músico –como tampoco de sus últimos años. Nacido en Verona, Italia, en 1658, abandonó la ciudad en los primeros años de la década de 1680 para asumir poco después el cargo de maestro di capella en la Catedral de Imola, en Bologna. Más tarde viajará por Alemania y también visitará Viena, para regresar a Bologna en 1701 donde asumirá un cargo en la recién reconstituida capilla musical de San Petronio.

12 Concerti grossi con una pastorale
Torelli llamó a sus piezas orquestales sinfonías, a veces sonatas, pero también conciertos. Sus Concerti musicali opus 6, de 1698, muestran pasajes para violín solo no muy abundantes, ciertamente, ni muy destacados, pero sí lo suficiente para que se distinga ya un solista en comparación con el grupo concertino del concerto grosso.
Pese al título, la desintegración del grupo concertino se va a producir algo más tarde con la publicación póstuma de sus 12 Concerti grossi con una pastorale Opus 8, de 1709, donde un violín –o dos, la música evoluciona–enfrenta al resto de la orquesta con pasajes donde puede sentirse libre de llevar la iniciativa. De aquí en más, solo queda esperar a que aparezcan los intérpretes virtuosos.

Concierto para dos violines Op. 8 N° 2
De la serie del Opus 8, se presenta aquí el Concierto N° 2 para dos violines en sol mayor, en versión de la agrupación Collegium Musicum 90, con la dirección de Simon Standage. Para nuestra idea actual de concierto, la obra es brevísima. Dura menos de siete minutos y sigue el esquema rápido-lento-rápido de solo tres movimientos que Alessando Scarlatti acababa de consagrar para sus oberturas italianas: Allegro - Largo - Allegro.


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miércoles, 3 de septiembre de 2014

Lecuona: "¡Y la negra bailaba!"



Ernesto Lecuona, el más grande compositor que la isla de Cuba haya entregado al mundo, estaba en lo más alto de su fama cuando su sencillo tema Siempre en mi corazón
–parte de la banda sonora de la película del mismo nombre– compitió estrechamente por un premio Oscar como mejor canción en 1942. No lo ganó pero poco le habrá importado al autor porque hacía más de diez años que su zarzuela Maria la O y la canción Siboney eran aplaudidas en el mundo entero.

Un compositor prolífico
Ernesto Lecuona (1895 - 1963)
Sin embargo, tales piezas, celebérrimas en su tiempo, son  una parte ínfima de la obra del compositor nacido en Guanabacoa, un suburbio de La Habana, en 1895. El versátil y prolífico creador de Malagueña es autor de alrededor de 400 canciones, 37 trabajos orquestales, once bandas sonoras de películas, numerosas zarzuelas, ballets, y hasta una ópera. A todo ello hay que sumar más de 170 piezas para piano solo.

Y es en esta última esfera donde Lecuona destaca hasta hoy con brillo vernáculo. Altamente valorado como intérprete de Liszt, Chopin, o Gershwin, el compositor cubano fue capaz de llevar hasta la sala de conciertos los ritmos afrocubanos que hasta fines del siglo XIX se hallaban ausentes de los escenarios tradicionales. Siguiendo la huella de Ignacio Cervantes y otros, Lecuona hizo posible que los motivos y ritmos locales ocuparan un espacio propio, señalando con su obra que Cuba y su música estaba, también, más allá de los muros de los salones elegantes de La Habana.

¡Y la negra bailaba! 
La producción de piezas para piano ocupó a Lecuona principalmente en las décadas de 1920 y 1930. De esos años son la eterna Comparsa y la insuperable joya rítmica ¡Y la negra bailaba! Esta última se presenta aquí en versión –solo audio– del maestro cubano Frank Fernández. Se inicia con dos compases a cargo sólo de la mano izquierda, característica común a muchas de las piezas pianísticas de Lecuona, lo que en un recital permitía identificarlas inmediatamente.
(Es de lamentar que las imágenes estén tan alejadas de "la negritud" y, más todavía, de la negritud bailando.)



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martes, 2 de septiembre de 2014

Salieri: Concierto para piano en Do mayor



Más conocido hoy por las personalidades musicales con que se relacionó que por sí mismo, el músico italiano Antonio Salieri gozó no obstante de amplio reconocimiento como director y compositor de ópera en Viena y París durante las décadas de 1770 y 1780.
Desde luego, nada de esto recogió la película Amadeus de 1984 que, siguiendo la leyenda, decidió presentarlo como el presunto envenenador de Mozart, aunque en tono de comedia.
Lo cierto es que entre tanto alumno ilustre que Salieri acogió –Beethoven, Schubert, Liszt, Czerny–, hubo uno de nombre Franz Xavier Mozart, hijo de Wolfgang Amadeus.
Entonces como ahora, nadie recibe enseñanzas de quien ha envenenado al padre.

Antonio Salieri (1750 - 1825)
Primeros años
Nacido en Legnago, hoy en la provincia de Verona, Italia, en 1750, Antonio Salieri recibió sus primeras lecciones de su hermano mayor, y a los 18 años compuso su primera ópera, La Vestale, hoy perdida y que probablemente no constituyó un suceso importante.
Pero se recuperó en 1771 con Armida, que para el joven Antonio Salieri de 21 años significó un éxito enorme pues le aseguró desde entonces una posición destacada entre los círculos musicales de Viena, adonde había llegado en 1766, de la mano de Florian Gassmann, compositor de la corte.

Una figura prominente
A la muerte de Gassmann en 1774, asumió su cargo y también el de director de la compañía de Opera Italiana de la ciudad. A ello le seguirá una escalada de éxitos en Milán, Venecia y París. Desde entonces hasta 1790 Salieri vivirá sus mejores años. Es una de las figuras más prominentes de la Europa musical, y ocupa una posición social que ninguno de sus talentosos contemporáneos, incluido Mozart, podrá alguna vez alcanzar. No había, pues, necesidad de envenenar a nadie.

Concierto en Do mayor
Fundamentalmente un compositor de óperas, Antonio Salieri escribió un modesto número de obras instrumentales. Entre ellos se cuentan dos conciertos para piano. Se presenta aquí el Concierto en Do mayor, compuesto en 1773. De estilo galante, sus movimientos son:
00       Allegro maestoso
08:58  Larguetto
16:00  Andantino

La versión es de la pianista surcoreana Heeguin Kim, acompañada por la Amadeus Chamber Orchestra, dirigida por Yongho Choi.


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