martes, 30 de abril de 2013

Vivaldi: Concierto para guitarra y cuerdas



Vivaldi en la Plaza San Marcos
Para llevar la vida que todos quisiéramos, en el siglo XVIII también había que hacer algunos malabares.
Nacido en Venecia como primogénito de un matrimonio de mercaderes venecianos, Antonio Vivaldi se asomó al mundo en un momento en que el monopolio comercial veneciano de la venta de especias, mercancías y esclavos, comenzaba a desmoronarse a raíz del surgimiento de rutas alternativas a la "ruta de la seda" establecida en el Alto Medioevo y que comunicaba China y Europa, con Venecia como su único intermediario mercantil.

En esas circunstancias, las familias de mercaderes venecianos se vieron en la obligación de fomentar en sus hijos la inclinación por la práctica de algún instrumento musical, o el desarrollo de cualquier talento artístico, con la finalidad de atraer a la ciudad a las aristocracias europeas y establecer así nuevas alianzas comerciales. En relativamente pocos años, Venecia dejó de ser un feudo de mercaderes que por tradición despreciaba el arte en todas sus formas por ser una actividad poco rentable, para transformarse en una capital cultural renacentista, y cosmopolita, la primera ciudad turística de la Historia.

Antonio Lucio Vivaldi (1678 - 1841)
El padre de Antonio, ante las crecientes deudas de la familia, optó por enseñar a su hijo lo poco que había aprendido cuando, años atrás, también se había desempeñado como músico, a propósito de similares carencias. A todo esto, la Plaza de San Marcos se había convertido en una nueva plaza pública donde los artistas mostraban sus propuestas.
Allí, en ese bisoño escenario, el pequeño músico Antonio Vivaldi hizo sus primeras armas en el dominio del violín, aprovechando de llevar a casa algunas monedas fruto de su esfuerzo. Al poco tiempo, se le unió su padre. Testimonios de la época razonablemente confiables señalan que el dúo padre-hijo hacía las delicias de los adelantados turistas, sobresaliendo el pequeño Antonio por su habilidad para crear bellas melodías capaces de evocar los más diversos estados de ánimo.


Concierto para guitarra y cuerdas
Aunque se ha dicho con razón que el auge del concierto en la época barroca se debió en gran parte a los enormes progresos del siglo XVII en el arte de la construcción de violines, el maestro Vivaldi no siempre confió a un violín sus trabajos para solista y orquesta. Es el caso del concierto que aquí se presenta, donde el instrumento solista es la guitarra, si bien fue escrito originalmente para laúd.
Estas primeras manifestaciones de lo que será más tarde el recurrido y celebrado "concierto para solista y orquesta" de los siglos posteriores, son de escasísima duración. La obra completa dura apenas diez minutos. Con todo, poseen tres movimientos, que inauguran el tradicional esquema: rápido - lento - rápido. El segundo movimiento, largo, es el más popular y reconocible (3:44).
La versión es del maestro John Williams, acompañado de la Orquesta Sinfónica de Sevilla.

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lunes, 29 de abril de 2013

Tchaikovski: Obertura 1812 / Swingle Singers




Tras la desintegración de su nefasto matrimonio con Antonina Miliukova, Piotr Ilich Tchaikovski abandonó Moscú y se dedicó a viajar para mejorar su ánimo. Finalmente, se estableció en la localidad de Kamenska, luego de presentar la dimisión a su puesto en el Conservatorio de Moscú. En la relativa paz de la pequeña villa se dedicó a escribir, siguiendo su máxima de no poder "pasar dos días sin trabajar". Lo interrumpió la recepción de una nota de su amigo Nikolai Rubinstein, co-fundador del Conservatorio, quien le rogaba que escribiera una pieza de ocasión para un acto solemne que se celebraría dentro de poco en Moscú.

El acto consistía en la consagración de la iglesia erigida en memoria de la campaña napoleónica en Rusia y la desastrosa retirada de los ejércitos franceses. La primera ejecución de la obra debía tener lugar al aire libre, en la plaza, delante de la iglesia. Y la composición, en su segunda parte, debía incluir el tronar de cañones, y terminar con un festivo resonar de campanas de la iglesia.

Piotr Ilich Tchaikovski (1840 - 1893)
En seis semanas de 1880, Piotr Ilich cumplió el encargo escribiendo acaso una de sus obras orquestales más populares, la Obertura 1812, pese a no estar muy persuadido de su valor artístico: "No sé si mi obertura es buena o mala, pero tiendo a pensar más bien en lo primero que en lo segundo", escribió a un amigo.

La obra comienza con una plegaria por la liberación de la patria de manos del enemigo. Luego se desencadena la batalla. Se oyen las notas de la Marsellesa. La plegaria inicial por fin prevalece, anunciando la victoria. Tronan los cañones. En el rutilante triunfo final resuenan festivamente las campanas, mientras irrumpe desde lo más profundo, con exaltación, el himno nacional ruso.

Obertura 1812 - Scat singing
Difícil habrá sido para el conjunto vocal The Swingle Singers tomar la decisión de incorporar a su repertorio una pieza de las características señaladas, imitando mediante la técnica vocal llamada scat singing los timbres de una orquesta sinfónica completa, a la que hay que añadir campanas y cañones. Una reducida versión humorística de la pieza, de seis minutos de duración, facilita este logro. Sencillamente asombroso. Se recomienda escuchar con parlantes, o audífonos (ambas versiones).


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viernes, 26 de abril de 2013

Rachmaninof: Preludio Opus 23 N° 5



El estruendoso fracaso de la Primera Sinfonía de Sergei Rachmaninof (1873 - 1943) dejó al compositor ruso de 24 años sumido en una profunda depresión. Sus amigos, temiendo que en cualquier momento tomara una decisión fatal, le aconsejaron que se pusiera en manos de un especialista en fracasos de la vida, es decir, un médico del alma.
Luego de largos meses sometido a intensas sesiones de autosugestión e hipnotismo dirigidas por una eminencia de la época, el joven Sergei logró salir del atolladero. Poco después, a mediados de 1900, partía a Italia, donde recuperará el sosiego lentamente en la pintoresca localidad costera de Varazze, próxima a Génova.

Natalia y Sergei Rachmaninof,
en 1917
Tal fue el grado de recomposición de su ánimo, que tan solo dos años después, decidió casarse. Pero no recorrió todo Moscú para encontrar a su alma gemela. Le bastó con mirar a su entorno cercano poniendo sus ojos en una prima a quien había conocido dos años atrás, Natalia Alexandrovna Satina.

Desde luego, el parentesco de los enamorados era una complicación enorme; no solo tuvieron que enfrentar el rechazo de ambas familias sino que, obligados por las leyes de la época debieron solicitar varias dispensas, entre ellas, la del zar. Finalmente, lograron superar todos los obstáculos y se casaron en abril de 1902. Contra todo pronóstico, vivieron inmensamente felices por el resto de sus días.

Los preludios
Siguiendo los pasos de Bach, Chopin y Scriabin, el compositor ruso escribió a lo largo de su vida, 24 preludios, aunque dispersos en tres diferentes opus. Con el popular preludio en do menor comenzó la serie, una obra de juventud perteneciente al opus 3; luego vinieron los diez preludios del opus 23, escritos entre 1901 y 1902. Sergei finalizará el ciclo con los trece preludios del opus 32, compuestos alrededor de 1910.



Preludio Opus 23 No 5
Se presenta aquí el preludio N° 5 del opus 23. Su forma es similar al tradicional rondó tripartito, con una sección inicial "A" marcada Alla marcia, a la que sigue una sección "B" más lírica y melancólica acompañada por arpegios de la mano izquierda (1:30), luego, una transición al tempo original y finalmente la recapitulación de la marcha inicial (2:40). La pieza finaliza sin aspavientos con cortos arpegios que rematan pianissimo.

La versión es del maestro ruso Emil Gilels, nacido en 1916 en Odessa y fallecido en Moscú en 1985. Gilels, si bien menos conocido, integra el selecto grupo de grandes pianistas del siglo XX, junto a Arrau, Horowitz, Rubinstein, Benedetti Michelangeli y Sviatoslav Richter.

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jueves, 25 de abril de 2013

Ella Fitzgerald: Samba de una sola nota



En un día muy similar al de hoy, pues hoy es jueves y ese día de 1917 era miércoles, nació en Newport News, Virginia, la cantante de jazz y vocalista norteamericana Ella Fitzgerald, la "Primera Dama de la Canción", como la apodarán más tarde sus cientos de miles de fans.
No llevaba un mes Ella en este mundo cuando sus padres se separaron, con lo que se inició, así de temprano, el tránsito por una turbulenta infancia que la llevará a conocer varios reformatorios juveniles, de cada uno de los cuales escapará para ser internada en el siguiente.

Su madre morirá en 1932. Ella tiene quince años y su sueño es convertirse en bailarina. Reside en Nueva York con un tía, pero Ella vive prácticamente en las calles, y en su condición de homeless participa en 1934 en un concurso para artistas aficionados, en el Harlem's Apollo Theater. Antes de salir a escena, duda si bailar o cantar. Finalmente, se decide por el canto sorprendiendo al jurado y al público que la vitorea por largos minutos. Le piden un segundo tema. El teatro se viene abajo y Ella se lleva el primer premio, de 25 dólares. No es gran cosa, pero acaba de ser "descubierta".

Antes de un año se incorpora como cantante líder a una banda de jazz, con la que grabará su primer disco en 1935. Después vendrán sus grabaciones con Benny Goodman y luego un tour con Dizzie Gillespie, ocasión en que incorporará por primera vez a su canto el estilo "scat singing", del que hará su marca de fábrica, convirtiéndose en su mejor e indiscutida exponente. Son años de gloria, sin baches, en colaboración con Louis Armstrong o Count Basie, que durarán hasta 1980 cuando su salud empieza a resentirse. La diabetes la dejará ciega y en 1994 habrá que amputarle ambas piernas.
Ella Jane Fitzgerald, la participante homeless de 1934, morirá tranquilamente una tarde de junio de 1996 en el jardín de su casa en Beverly Hills.

El registro vocal de Ella alcanzaba las tres octavas. A ello unía una capacidad de improvisación y una habilidad única para imitar el sonido de diversos instrumentos, lo que facilitó su incursión y desempeño notable en la técnica vocal que ya señalamos, el "scat singing", donde echa mano de onomatopeyas y sílabas y sonidos cualesquiera para convertir la voz en un instrumento musical tradicional, que no requiere de palabras. Una espectacular muestra de este talento se aprecia aquí en su versión libre del tema de Antonio Carlos Jobim, Samba de una sola nota, grabación de junio de 1969.



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miércoles, 24 de abril de 2013

Igor Stravinski: El Pájaro de Fuego



Igor Feodorovich Stravinski fue el tercero de cuatro hijos de un célebre cantante de la Opera Imperial Rusa y de una madre frente a la cual "sólo sentía deberes", según propia confesión. Sus hermanos le aburrían en grado sumo, de modo que el pequeño Igor hubo de ingeniárselas para encontrar una nota de jovialidad en una infancia agobiante cuya única alegría parecía provenir de los cuidados de su nodriza, de la que guardó un emocionado recuerdo toda la vida y a quien lloró más que a su propia madre, cuando murió.

Por fortuna, las veladas musicales de la familia aportaban un fecundo aliento de vida y alentaron su gusto por la música. A los 9 años, comenzó a recibir sus primeras lecciones de piano, y a los 11 quedó deslumbrado al asistir por primera vez a la ópera. Poco después pudo estar presente en el estreno de la Sinfonía Patética de Tchaikovski, y esta vez, quedó hechizado. Al mismo tiempo, componía sus primeras piezas. Todo iba al parecer de maravillas para que el joven Igor hiciera de la música una carrera, pero el ominoso sino de las jóvenes promesas musicales rusas se plantó ante él y debió ingresar a la Facultad de Derecho, a los dieciocho años.

Igor Stravinski (1882 - 1971)
Sólo lo salvó del destino jurisconsulto el haber trabado conocimiento con el compositor Nicolai Rimski-Kórsakov quien, pese a fruncir el ceño ante sus primeras obras, finalmente lo recibió en su casa durante tres años para enseñarle el oficio, explicándole todo lo que concernía a las formas musicales y su lenguaje, y apoyándolo en la orquestación de sus propias partituras pianísticas. El maestro Nicolai, acaso sin proponérselo, se transformó así en el único músico del que Stravinski reconoció más tarde haber aprendido algo.

El año 1908 ya cuenta con varias partituras a su haber, aplaudidas por público y crítica. Solo falta un poco de suerte y ésta llega de la mano de un concierto donde se interpretan dos de sus obras y al que asiste un espectador atento, Sergei Diaghilev, creador de los Ballets Rusos que por esas fechas hacen furor en París. Nada se demoró Sergei en pedirle al autor que orquestara música de Chopin para un proyectado ballet futuro que ha de llamarse Las Sílfides.

Igor, está hecho unas pascuas. Aun así, no imagina que la celebridad está a la vuelta de la esquina y que va a conquistarla de la noche a la mañana. En efecto, a fines del verano de 1909 recibió un telegrama de Diaghilev encargándole la partitura del ballet El Pájaro de Fuego, programado para la siguiente temporada de los Ballets Rusos. Pese al corto plazo concedido, Igor concluyó la obra a tiempo, que se estrenó el 25 de junio de aquel año en la Opera de París, no sin algunos contratiempos. El frenético ritmo de la música desconcertó a algunos bailarines, al extremo de que la celebérrima Anna Pavlova se rehusó a danzar "semejantes barbaridades", debiendo sustituirla Tamara Karsavina (en la "foto").


El tout París fue seducido de inmediato por la música de Stravinski y por el vestuario y los novedosos decorados de la puesta en escena. La rutilante y encantadora música del joven maestro de 28 años influirá largamente en el quehacer coreográfico revitalizando un arte que parecía agotado, de tanto pas de deux. El Pájaro de Fuego acabará con ellos para siempre, llevándose de pasada los tutús.

La versión, como suite para orquesta, es de la Filarmónica de Viena con la dirección de Pierre Boulez, y toma los últimos cuadros: Danza Infernal, Berceuse y Finale (el ballet completo dura cincuenta minutos, aprox.). Una última palabra: no es fácil distinguir en esta música tonadas que puedan tararearse, pero como ya cumplió los cien años, creo que es hora de hacer un esfuerzo por escucharla "con otros oídos", para lo cual es necesario abandonar los esquemas sonoros y armónicos del siglo XIX y anteriores.

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martes, 23 de abril de 2013

Chopin, Horowitz, Polonesa "Heroica"



No obstante tratarse de una danza popular polaca, Fréderic Chopin no fue el primero en escribir "polonesas". Antes de él, escribieron piezas "en ritmo de polonesa", Bach, Telemann, Mozart y Schubert. Y después de él, Mussorgski y Tchaikovski. En simultaneidad con Chopin, también escribieron polonesas Liszt y Schumann. Pero de todas las "polonesas clásicas", las de Chopin son las más célebres, tal vez porque Frédéric, además de ser polaco, adquirió a lo largo de su vida gran destreza en su composición, habida cuenta de que su primera obra, escrita cuando tenía siete años, fue precisamente una polonesa.

La polonesa en La bemol mayor opus 53, denominada "Heroica" −en modo alguno por Chopin sino por alguno de sus editores− fue escrita en 1836 y publicada en 1843. La fecha de su composición puede darse por segura puesto que se conserva una copia autógrafa del 12 de septiembre de 1836, copia que Frédéric ofrendó a una joven Clara Wieck a su paso por Leipzig, y sobre la que estampó de su puño y letra, las palabras: "de su admirador", como regalo de cumpleaños quizá porque Clarita cumplía diecisiete años al día siguiente.


Según cuenta la leyenda, en una ocasión en que interpretaba la obra en presencia de unos amigos, Chopin se detuvo, impetuoso, en el fragmento en octavas de la mano izquierda (3:24), fascinado por la evocación de los ejércitos que avanzaban hacia Polonia, en pos de su liberación. Pero la anécdota es dudosa, pues quienes alguna vez le escucharon aseguran que Frédéric economizaba hasta el extremo los dos "crescendo" en octavas, partiendo de un mezzoforte a un forte sin demasiada bravura, debido tanto a la fidelidad a su estética como a su debilidad física.

La versión es de uno de los más grandes pianistas del siglo veinte, el maestro ruso Vladimir Horowitz, nacido en Kiev en 1903 y fallecido en Nueva York en 1989. Su primera presentación pública fuera de la naciente Unión Soviética fue en Berlín en 1925. Luego tocó en París, Londres y Nueva York, y de ahí no se movió. Se quedó en Occidente hasta el año 1986, cuando regresó a la −esta vez− desfalleciente Unión Soviética para dar un recital en el Conservatorio de Moscú, ante un auditorio repleto de bote en bote.
El video, al parecer, está grabado en una de las salas de concierto del Musikverein, en Viena. Es posterior al recital en Moscú, y el maestro ruso tendría al menos 84 años.

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lunes, 22 de abril de 2013

Robert Schumann: Concierto para piano



"¿Y usted, también es músico?"
El 12 de septiembre de 1840, gracias a su fidelidad y tenacidad, la epopeya de los enamorados Robert y Clara Schumann concluyó felizmente. Ese día contrajeron el sagrado vínculo en la pequeña iglesia de Schönefeld, próxima a Leipzig. Al año siguiente Robert escribió dos sinfonías de puro contento, nació la primera hija del matrimonio y el compositor escribió los esbozos de lo que más tarde se convertiría en su concierto para piano en La menor.

R. Schumann (1810 - 1856)
Pese a que su catálogo de composiciones crecía día a día, Robert Schumann no obtenía aún el reconocimiento del gran público. Por su parte, Clara no paraba de trabajar ofreciendo recitales por toda Europa, ocasiones, en que, por cierto, daba a conocer las obras de su marido.
En 1842, Robert decidió acompañar a Clara a un recital en Weimar, adonde la célebre pianista idolatrada por el público había sido invitada. Fue la primera vez que el esposo de Clara hubo de responder a la pregunta que encabeza este artículo.


C. Schumann (1819 - 1896)
La interrogante, hecha más por cortesía que −para peor− por genuina inquietud, se hizo habitual y comenzó a incomodar a Robert. De modo que cuando, algo después, Copenhague reclamó la presencia de Clara para una gira de dos meses recorriendo toda Dinamarca, Robert prefirió restarse y Clara emprendió el viaje sola.

A su regreso, notó las relaciones algo tensas y, como ocurriría con frecuencia, ambos tuvieron que dar mucho de sí para lograr la reconciliación que, por fortuna, la vida nunca les negó.


Concierto para piano en La mayor
En 1845, Robert Schumann retomó los bocetos de 1841, en principio una fantasía para piano y orquesta de un solo movimiento, y vio que eran buenos. Agregó dos movimientos al proyecto de fantasía y así construyó su primer y único concierto para piano, estrenado, como era de esperarse, por la brillante Clara el 1 de enero de 1846, en Leipzig.

La versión es de la estupenda pianista georgiana Khatia Buniatishvili, acompañada por la Orquesta Sinfónica de la Radio Frankfurt, dirigida por Paavo Järvi, en una presentación ofrecida en la localidad alemana de Wiesbaden, agosto de 2012. Al final, Khatia nos regala como bis, el Sueño de Amor N° 3, de Liszt, cuestión de la que no tenía idea cuando escogí el video. Guía de audición:


El concierto dura aproximadamente 30 minutos y está estructurado en tres movimientos. Schumann, al igual que Mendelssohn, tendió a conectar entre sí los movimientos de algunas de sus obras. En este caso, el segundo movimiento enlaza con el tercero sin interrupción. Las intervenciones del piano solista son difíciles y elaboradas pero, como de costumbre en Schumann, nunca llegan a convertirse en exhibiciones huérfanas de sentido musical o en pasajes de puro lucimiento.

Movimientos
Allegro affettuoso. El piano entra en acción simultáneamente con la orquesta, presentando el primer tema, que después repite el piano solo, permitiéndonos percibir el intenso aroma chopiniano del motivo. Un segundo tema incluye hermosos pasajes para el piano solo, interrumpidos por bellas intervenciones del clarinete. Al final, luego de un furioso pasaje de acordes tomados a gran velocidad, Khatia ataca con la mano izquierda el tema inicial mientras sobre el mismo hace sonar un prolongado trino con la derecha, lo que conduce a una coda final que cierra brillantemente el movimiento.

Intermezzo - andantino grazioso (15:45) Vuelve el mundo chopiniano, representado por un hermoso fraseo del piano, acompañado de un sereno trasfondo orquestal. Después, los cellos recogen una variante de la melodía y el piano ornamenta con arpegios. Una alusión al primer tema del primer movimiento sirve de puente para abordar la ejecución del tercero, sin interrupción.

Allegro vivace (20:55) Sustentado en dos temas brillantes, sincopados, el piano recorre casi sin reposo una amplia extensión del teclado. Antes del final, Khatia repite la gracia del prolongado trino. Una coda basada en el primer tema, conducirá a un brillante final.

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sábado, 20 de abril de 2013

Verdi: Aída - Marcha triunfal



Cuando el jedive (una suerte de gobernador) de Egipto, Ismail Pachá, solicitó a Giuseppe Verdi escribir una ópera para ser representada en El Cairo en 1871, se interpuso la guerra franco-prusiana y el proyecto hubo de ser abandonado. Una lástima, pues el jedive había ofrecido al gran maestro italiano, de casi sesenta años, la no despreciable suma de 150.000 francos. Tampoco se podía ofrecer menos, pues Giuseppe hacía rato que gozaba de fama y celebridad internacional, amén de independencia financiera, todo lo cual patrocinaba el tranquilo disfrute de su vida en la finca de Sant'Agata, donde llevaba veinte años instalado en compañía de su segunda mujer, la soprano Giuseppina Strepponi.

Hacía dos años que el Teatro de la Opera del jedive había sido inaugurado con Rigoletto, de modo que el gobernador consideró justo y necesario insistir en la propuesta. Enterado Verdi de que el gobernador había palabreado también a Gounod y Wagner, se apresuró a leer el libreto basado en una historia del egiptólogo francés Auguste Mariette, el que resultó ser de su completo agrado, aceptando finalmente el encargo, en junio de 1870.

Verdi en Sant'Agata, con Giuseppina a
su izquierda, la Stolz y amigos, en 1898
La majestuosa ópera Aida se estrenó en El Cairo el 21 de diciembre de 1871, con un éxito aplastante. Verdi no asistió a la representación, de lo que se alegró más tarde al enterarse de que la audiencia había rebosado de dignatarios, grandes personalidades y críticos pero no de público común y corriente, como era la costumbre en su amada Italia. Por esta razón, Giuseppe considerará más adelante que el verdadero estreno de la obra aconteció en La Scala de Milán, en febrero de 1872, ocasión en que, además, el papel de Aída fue confiado a la soprano Teresa Stolz, pasión otoñal de Verdi que no pasó a mayores gracias a la paciencia y digna conducta de la Strepponi.

La obra, en cuatro actos y poco más de dos horas y media de duración, cuenta la historia de Aída, una princesa etíope capturada y llevada como esclava a Egipto. Se enamorará de ella Radamés, un militar egipcio, quien entonces deberá debatirse entre su amor a Aída y su lealtad al faraón, cuya hija, Amneris, para colmo de males, está loquita por Radamés.
El episodio más célebre de la ópera corresponde al segundo acto, cuando el pueblo egipcio celebra el regreso victorioso de Radamés luego de abatir a los etíopes, entonando la famosa Marcha Triunfal.
En la versión de concierto que aquí se presenta participan cerca de 500 cantantes y 60 músicos, y fue grabada con ocasión de la gala 2010 del International Choral Festival, que se celebra cada dos años en la localidad sueca de Lund.




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jueves, 18 de abril de 2013

The Swingle Singers: Libertango



Su primer álbum, de 1963, se llamó Jazz Sebastian Bach. La mayoría de los temas eran arreglos de preludios y fugas del Clave Bien Temperado, de Johann Sebastian, contaban con batería y contrabajo, y destilaban un exquisito aroma a "swing". Debido a esto último, gran parte de sus admiradores de habla hispana creyeron durante décadas que el nombre escogido para nombrar al grupo de voces a capella aprovechaba de rememorar el popular estilo jazzístico de los años treinta del pasado siglo.

Ward Swingle
Pero no. Todo era mucho más simple. La palabra "swingle" provenía del apellido de su creador, el vocalista y músico de jazz nacido en Alabama en 1927, Ward Swingle, quien en 1962 armó el grupo en París con la finalidad de hacer acompañamiento vocal a cantantes de renombre. La cultura musical de Swingle pronto lo llevó a experimentar con música clásica a capella, utilizando el recurso jazzístico del scat singing, improvisación vocal con sílabas y palabras inventadas, una especialidad en la que Ella Fitzgerald destacó como virtuosa.

En 1973 el grupo francés se disolvió y Swingle se mudó a Londres, donde reclutó a nuevos miembros para formar un remozado Swingle Singers que desde esa fecha hasta hoy mantiene una actividad continua, ganando premios, grabando, y realizando presentaciones exitosas por toda Europa y EEUU. A diferencia del grupo francés, las actuales ocho voces del conjunto británico prescinden de toda percusión instrumental para ejecutar, scat singing mediante, un amplísimo repertorio que, sorprendentemente, puede ir desde un sencillo preludio de Bach a la Obertura 1812 de Tchaikovski, pasando por música rock, latina, pop y jazz.

En la actualidad, el grupo está conformado por dos sopranos, dos altos, dos tenores y dos bajos. Absolutamente consolidado como formación grupal, el conjunto mantiene la política de realizar audiciones para el reemplazo de los miembros que deban abandonarlo.
El video muestra su versión de la conocida pieza Libertango, del maestro argentino Astor Piazolla.


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martes, 16 de abril de 2013

Franz Liszt: "Sueño de amor"



Cuando al final de su vida a Franz Liszt le dio por tomar los hábitos, no era la primera vez que sentía inclinaciones místicas. Siendo muy joven, estuvo a punto de abandonar la música y convertirse en seminarista, como consecuencia de un descalabro sentimental que lo dejó a mal traer. La chica se llamaba Carolyne de Saint-Cricq y era la hija de un conde, funcionario de Carlos X.

A sus dieciséis años, Franz era el sostenedor de su familia y se encontraba en París en compañía de su madre intentando hacer una carrera como pianista y compositor. Por el momento, el ingreso principal provenía de las clases de piano ofrecidas a niñas de la alta burguesía y aristocracia parisiense. Con Carolyne, un año menor que él, hizo buenas migas y algo más que eso.

Carolyne de Saint-Cricq (1812 - 1872)
Las clases eran supervisadas por la madre de Carolyne, que no veía con malos ojos la relación de ambos jóvenes. Pero murió al poco tiempo. Según se cuenta, en su lecho de muerte llamó a su marido el conde y le dijo al oído con un hilo de voz: "si ella lo ama, déjala ser feliz".
El conde tomó esto como un delirio de moribunda y luego del entierro, las clases fueron suspendidas. Pero al poco tiempo se retomaron pues el entusiasmo por aprender una pieza nueva sumado a la atención que debía prestar a las comedidas indicaciones de Franz, llenaban la vida de la pequeña y doliente Carolyne.

Poco a poco, Franz decidió extender el horario de las clases hasta bien tarde. Terminada la sesión, muchas veces los pilló la medianoche conversando sobre música, poesía o religión. El padre debió intervenir nuevamente y de manera definitiva. Encaró al profesor niño y le dijo sin ambages que la relación sentimental que a esa altura ya saltaba a la vista no tenía futuro porque un pobre chico que se ganaba la vida haciendo clases de piano no era precisamente el pretendiente que él tenía planeado para desposar a su hija.

La depresión resultante le duró a Liszt dos años. Pensó abandonar la música y solicitar su admisión en el seminario de París, pero su madre y un tutor espiritual lo convencieron de lo contrario luego de extensas y meditadas pláticas. Durante esos dos años, Franz no dejó de asistir, todos los días, a la iglesia San Vicente de Paul, donde permanecía en silencio por largas horas, rezando.

Sueños de amor
En 1850, Liszt publicó un conjunto de tres nocturnos, que subtituló "Sueños de amor". De ese conjunto, la pieza que ha sobrevivido en el tiempo es el Nocturno N° 3, popularmente conocido como el Sueño de amor de Liszt, relegando los otros dos al olvido. La pieza, ideal para acompañar el temprano dolor de Carolyne y Franz, tiene tres secciones, separadas por breves fragmentos de alto nivel técnico. La sección media es la más agitada y donde el nivel de tensión es más elevado y exigente. La última sección, más tranquila, es un perfecto reflejo del piano romántico de mediados del siglo XIX.

La versión es de la bella pianista georgiana Khatia Buniatishvili.
Sección media: 1:40 Sección final: 3:10.



Versión para cello y piano
La cellista Seeli Tolvio tiene la suerte de tener un hermano pianista, Kalle. Forman hoy un dúo, que a la cellista le ha venido como anillo al dedo, pues ha aumentado su repertorio con melodías cantabiles en las que el cello se luce, precisamente, cantando. En este correcto arreglo para cello y piano, Seeli canta cómodamente donde se precisa mientras Kalle se encarga de los trozos virtuosísticos.


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lunes, 15 de abril de 2013

Debussy: Preludio a la siesta de un fauno



De "naturaleza rara, pero inteligente", calificó su profesor de composición al padre de la música moderna, Claude Debussy, en 1880. En diciembre de ese año, Claude, recién cumplidos los dieciocho, se había inscrito en las clases de composición del Conservatorio de París, donde va a destacar como un alumno muy bien dotado pero con cierta tendencia a la indisciplina, al extremo de que sus profesores aconsejarán la necesidad de "refrenarlo".

Amigo de poetas simbolistas, de los café parisinos y pintores impresionistas, al joven Claude será difícil contenerlo. En 1888 visitó Bayreuth, en Bavaria, para asistir a la representación de las óperas de Wagner en el teatro construido por éste para montar sus propias obras. Regresó sumido en un mar de dudas.

Claude Debussy (1862 - 1918)
Al año siguiente, volvió a peregrinar. Y se convenció. La música programática prodigada en las obras wagnerianas y su explícito contenido emocional lo decidieron a tomar exactamente la dirección opuesta, distanciándose al máximo del autor alemán y de lo que llamó "excesos del romanticismo".

A partir de ese momento, Debussy se orientará a la composición de una música que, auxiliada sólo de los sonidos, sea capaz de crear en el oyente una atmósfera similar a la que la pintura impresionista y los poetas simbolistas de aquellos días podían sugerir con sus cuadros y poemas. Y por ello, a sus primeras composiciones se las calificó de "impresionistas". En 1910, consultado por un periodista vienés sobre este asunto y la escuela que consiguientemente habría sembrado, Debussy se limitó a decir: 
"No hay escuela de Debussy. No tengo discípulos. Yo soy yo."

Preludio a la siesta de un fauno
Del tríptico proyectado en 1892, Preludio, interludios y paráfrasis final para la siesta de un fauno, Claude Debussy sólo terminó el preludio, estrenado el 22 de diciembre de 1894 en la Societé Nationale de Musique, con gran éxito al punto que tuvo que ser bisado.



La pieza está inspirada libremente en el poema bucólico La siesta de un fauno de Stéphane Mallarmé. Para aclarar sus intenciones, el autor agregó estas notas:
"La música de este Preludio es una ilustración muy libre del bello poema de Mallarmé. No pretende ser una síntesis del mismo. Son más bien los decorados sucesivos a través de los cuales se mueven los deseos y los sueños del fauno en el calor de la siesta... "
Cansado de perseguir ninfas y náyades, el fauno se abandonará luego: "...a un sueño embriagador, lleno de ensoñaciones...".

A fin de lograr la sonoridad tenue y vaporosa perseguida por Debussy, la orquestación de la obra prescinde por completo de trompetas, trombones y percusión. La versión es de la Orquesta Sinfónica de Londres, dirigida por Leopold Stokowski. El video ha sido bellamente construido con el apoyo de imágenes de pinturas de creadores franceses.

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viernes, 12 de abril de 2013

Shostakovich: Interludio - Preludio y fuga



Música "pornofónica"
Pese a las encontradas valoraciones que su figura suscita, Joseph Vissarionovich Dzhugashvili, llamado Stalin, era un tipo bastante ingenioso. Fue el inventor del genial neologismo "pornofonía", y lo usó por primera vez para referirse a una ópera del compañero compositor Dmitri Shostakovich, luego de asistir a su representación en el Teatro Bolshoi, recinto que abandonó esa noche visiblemente disgustado.

La obra de marras era Lady Macbeth del distrito de Mtsenck, ópera en cuatro actos que Dmitri había estrenado casi simultáneamente en Leningrado y Moscú, en enero de 1934. Cuenta la historia de una mujer que en la Rusia del siglo XIX tiene un lío amoroso con un sirviente de su marido, lo que la lleva a cometer un crimen. 

Dmitri Shostakovich (1906 - 1975)
La obra obtuvo un éxito clamoroso y estuvo dos años en cartelera, hasta que a Joseph Vissarionovich Dzhugashvili se le ocurrió asistir a la première en el Bolshoi, la noche del 26 de diciembre de 1935. Al día siguiente Pravda publicó un editorial titulado "Caos en vez de música"; los calificativos iban desde "animalmente realista" hasta "concierto de aullidos". El texto cerraba con estas palabras:
"...no basta con emborronar páginas. Este autor tiene que saber que la música teatral debe evocarnos la gran ópera tradicional, y que la música sinfónica ha de ser clara y explícita, simple y directa".
En apenas días, la obra pasó de obra maestra a invención reprobable. Tempestuosos debates se produjeron al interior de la Unión de Compositores soviéticos, en presencia de Dmitri, que permanecía, afligido, en un rincón de la sala. La obra se retiró de cartel a principios de 1936.

Algo parecido a una rehabilitación asomó al año siguiente, luego que Dmitri estrenara su Quinta Sinfonía. Ese mismo año fue nombrado profesor de composición en el Conservatorio de Leningrado. El trabajo creativo debía esperar un poco, era necesario hacer una pausa.

Interludio de Lady Macbeth
La ópera completa dura dos horas y media. Presentamos aquí un Interludio, escrito para acompañar los cambios de escenario. Es más accesible que el resto de la obra y no contempla ningún trozo pornofónico. No alcanza a durar dos minutos; el resto son aplausos.


Preludio y fuga N° 15
Entre los años 1950-51, próximo a cumplir los cincuenta años, Shostakovich publicó sus 24 Preludios y Fugas, en reconocimiento de la obra homónima incluida en El Clave Bien Temperado de Johann Sebastian Bach. Había abandonado por completo la música pornofónica y decidido rendir un homenaje a la maravilla del barroco.
En versión del pianista de origen chino Sheng Cai, se presenta aquí el novedoso Preludio y Fuga N° 15 en re bemol.


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miércoles, 10 de abril de 2013

Chopin: Nocturno n° 20 opus póstumo



El pianista del gueto de Varsovia
En la película de Polanski, El Pianista, da la impresión de que el pianista polaco Wladyslaw Szpilman pasó unos cuantos meses en la parte alemana de la ciudad de Varsovia intentando sobrevivir. En realidad, su calvario duró dos años, según se desprende de sus memorias recogidas en el libro Muerte de una ciudad publicado en 1945 en tirada reducida, lo que no fue obstáculo para que las autoridades de la época lo censuraran por no coincidir con su visión de la guerra, como si los tormentos de Szpilman no contaran para la historia.

Wladyslaw Szpilman
(1911 -  2000)
No fue sino hasta 1998 que las memorias, con la colaboración de un autor polaco, fueron republicadas, primero en alemán, y luego en inglés con el título The Pianist. Dos años más tarde, se publicaron en España bajo el título El pianista del gueto de Varsovia.

En 2002, el realizador polaco Roman Polanski adaptó estas memorias para el cine, obteniendo como resultado el ultra galardonado film El Pianista, con el excelente actor Adrien Brody en el papel de Wladyslaw Szpilman. La película comienza con Szpilman, en una emisora polaca, interpretando un nocturno de Chopin de opus póstumo, una pieza de juventud que Frédérik no quiso publicar en vida, y que acaso por ello, un renombrado biógrafo se ha permitido calificar de mediocre. No le pareció así a Polanski, ni al público.
La pieza es el nocturno N° 20 en do sostenido menor. La versión es del pianista también polaco Janus Olejniczak, quien grabó todo el piano de la banda sonora.

Es el año 1939, septiembre, y ha comenzado la invasión alemana. Los bombazos interrumpen la entrega de Szpilman.



La notable y jovencísima pianista japonesa, Aimi Kobayashi, hoy de dieciocho años, nos ofrece a continuación una encantadora interpretación del nocturno completo, sin los bombazos que el relato cinematográfico no podía soslayar. El pianista del gueto, Wladyslaw Szpilman, no alcanzó a escucharla porque murió en el año 2000, Aimi tenía cinco años, y no creo que tocara el nocturno todavía.


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martes, 9 de abril de 2013

Haydn: Sinfonía "Los Adioses"



El contrato firmado por Joseph Haydn con el príncipe Paul Anton Esterházy el 1 de mayo de 1761 contiene catorce artículos. Una somera revisión de algunos de ellos pone de manifiesto la valoración social que el Antiguo Régimen tenía de los músicos.
El artículo 2° comprometía a Haydn a "comportarse como correspondía a un funcionario honorable de la casa principesca", así como a "evitar toda brutalidad contra sus subordinados", y a "velar para que sus subordinados, y él mismo, aparecieran siempre uniformados". Por su parte, el artículo 3° demandaba "evitar toda vulgaridad comiendo, bebiendo y en cualquier otra circunstancia". El artículo 4° (que afortunadamente nunca se aplicó para Haydn) exigía que la música del maestro no podía franquear los límites de los dominios del príncipe. El artículo 5° obligaba a Haydn "a presentarse dos veces al día en la antecámara para saber si Su Alteza está dispuesta a una audición musical o no". Y así, suma y sigue.

Joseph Haydn, en busca de inspiración.
Cuadro de Guttenbrunn
Con todo, el maestro nacido en las cercanías de Viena el 31 de marzo de 1732, no dudó un instante para firmar el contrato y así terminó uniéndose a la familia Esterházy, sirviendo agradecido a varios de sus príncipes, por el resto de sus días.
Pero no todo anduvo siempre de maravillas. El verano de 1772 fue extenso y de clima generoso, por lo que el príncipe alargó su estadía en el palacio. Gran parte de los músicos de su corte provenía de Eisenstadt, adonde habían dejado a sus familias. Deseaban regresar, pero ¿cómo decírselo a Paul Anton? (*) Ni siquiera el mismo Haydn podría haberlo solicitado, al menos no con palabras, de modo que decidió hacerlo a través de la música, ideando una pieza ad-hoc: la Sinfonía N° 45 en fa sostenido menor, conocida luego como Sinfonía de Los Adioses.

Para hacer la gracia, el movimiento final de la obra necesariamente debía ser lento, por eso, al cuarto y último movimiento, presto, después de una coda que pareciera llevar a la conclusión, Haydn agregó un inusual adagio, un deliberado anticlímax.
La historia completa la cuenta el actor Peter Ustinov en el excelente video que a continuación se muestra.
Sólo agrego el orden de retirada de los instrumentistas:
Primer oboe y segunda trompa - fagot - segundo oboe y primera trompa - contrabajos - violoncellos - violines (exceptuando los de primera fila) - viola. Los violines de primera fila permanecen hasta el final porque están encargados de completar la obra. Al irse retirando, los músicos ejecutan un breve solo, aunque hay algunos que se van sin despedirse: el fagot y los violoncellos.

(*) Un diligente comentarista me ha corregido. Para 1772, Paul Anton llevaba muerto casi diez años. A quien debía hacerse el reclamo era a Nikolaus, hermano del anterior, y a cuyo servicio Haydn estuvo casi treinta años.


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lunes, 8 de abril de 2013

Tchaikovski: "Marcha Eslava"



En 1866, la región de Europa que hoy conocemos como República de Serbia se declaró en  guerra contra los turcos, y en junio de ese año luchaba con denuedo contra el Imperio Otomano que se había anexado la región hacía un buen rato: a mediados del siglo XVI. Pero los serbios no estaban solos en su lucha, en su ayuda acudió el Imperio Ruso, que los apoyó abiertamente, enviando voluntarios a los campos de batalla y recibiendo de regreso heridos y mutilados. Pese al esfuerzo, Serbia perdió la guerra.

La recién creada Sociedad de la Cruz Roja se vio entonces en la necesidad de solicitar ayuda a la Sociedad Musical Rusa para que proyectara un concierto en beneficio de la organización y de los veteranos serbios. Prontamente, el director de la sociedad musical programó un concierto para noviembre de ese año comisionando al profesor del Conservatorio de Moscú, Piotr Ilich Tchaikovski, para que compusiera una obra que realzara el acto.

Piotr Ilich Tchaikovski (1840 - 1893)
Pese a estar pasando por uno de sus habituales períodos de sequía creadora, Piotr Ilich puso manos a la obra. La pieza, que llamó "marcha serbo-rusa" mientras trabajaba en ella, fue estrenada el 17 de noviembre de ese año con el título definitivo de Marcha Eslava.
A cargo de la dirección estuvo su amigo, pianista y director del Conservatorio de Moscú, Nicolai Rubinstein, quien al mes siguiente va a trastocar intensamente la vida de Piotr Ilich, al conseguirle el mecenazgo de una acaudalada dama rusa, Nadezhda von Meck. Pero esa es otra historia.

La obra fue bien acogida y dejó satisfecho a Piotr Ilich. Así se lo contó a su hermana:
"El sábado pasado mi marcha serbo-rusa se tocó aquí por primera vez y produjo una verdadera tempestad de entusiasmo patriótico".

La obra pertenece con toda propiedad al género conocido como música programática. De la mano de canciones populares serbias, son en ella distinguibles pasajes sobre la opresión sufrida por los serbios, su grito de ayuda, la respuesta rusa que va en camino, y hasta un esperanzado canto de triunfo futuro, mediante la invocación del himno nacional ruso. La pieza comparte algunos trozos con la Obertura 1812, que Piotr va a componer cuatro años más tarde.
Conduce la orquesta innominada el ya fallecido director ruso Yevgeny Svetlanov, que en el año 2000 fuera exonerado de su cargo en la Orquesta Sinfónica Estatal Rusa por dirigir mucho en el extranjero y poco en Rusia, de lo que acaso se habrán enterado observando videos en Youtube, por ejemplo, éste.

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domingo, 7 de abril de 2013

Rossini: El Barbero - Aria de Lindoro



Para el público italiano de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, la ópera −y sobre todo la ópera bufa− constituía una verdadera pasión, amén de transversal pues alcanzaba a todas las capas sociales. Se trataba de una audiencia aplicada que exigía nuevos espectáculos cada temporada, por lo que compositores y libretistas debían trabajar intensamente para terminar en tiempo récord la obra siguiente, por la cual, generalmente, recibían una modesta paga. A causa de ello, era habitual que los compositores echaran mano de oberturas −o arias completas− de trabajos anteriores y, con alguna modificación o sin ella, las traspasaran a la nueva producción.

Gioachino Rossini (1792-1868)
No obstante su expertise que lo llevó a componer hasta cuatro óperas en un año, la escritura de El Barbero de Sevilla complicó a Gioachino Rossini más de lo habitual pues contaba con solo dos meses para cumplir con el encargo, de modo que además de la obertura que debió tomar de una obra escrita con anterioridad, tampoco alcanzó a componer todas las arias. En consecuencia, la serenata que el conde de Almaviva debía entonar para Rosina en el primer acto tuvo que ser improvisada por el tenor a cargo, quien echó mano de una pieza de su autoría que no resultó del agrado del público.

Y como la tradición indicaba que el autor de la obra debía dirigir el estreno, aquel 20 de febrero de 1816 el aria fallida sorprendió a Rossini en primera línea, uniéndose al fracaso que, dicho sea de paso, afectó a la obra completa. Pero Gioachino tenía la solución a mano. Para la función siguiente tomó prestada la melodía del coro inicial de su ópera Aureliano in Palmira, de 1813, que a su vez provenía de Ciro en Babilonia, de 1812, y con ese material escribió una de las más bellas arias para tenor del período belcantista, la cavatina (aria breve sin repetición) Ecco, ridente in cielo, que canta el conde de Almaviva al comienzo del primer acto, bajo el balcón de Rosina.



El aria tiene dos partes, una lírica y expresiva, y otra de mayor vivacidad (minuto 3:04) que conlleva un grado más alto de dificultades técnicas, las que el tenor español Alfredo Kraus aborda aquí con gran soltura para rematar con un final espectacular.

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viernes, 5 de abril de 2013

Jarré: "Lawrence de Arabia"




Maurice Jarre: un compositor de película

Lejos estuvo Maurice Jarre de ser un niño prodigio, pues su interés por la música le vino algo tardíamente. Poco antes de cumplir los veinte años descubrió que le gustaba la música y que con ella podía hacer una carrera. Y como todo compositor que se respete, niño prodigio o no, debió enfrentar y superar la oposición de su familia para entrar al Conservatorio de París, donde estudió composición, armonía y percusión.

Debutó como músico recién a los 22 años en compañía del compositor y director de orquesta Pierre Boulez, con éste en el piano y Maurice en las "ondas Martenot", instrumento electrónico inventado en 1928 por el compositor e ingeniero francés Maurice Martenot. Cinco años más tarde, el director de cine Georges Franju le solicitará componer la banda sonora de un documental de 23 minutos, Hotel des Invalides, que si no lo lanzó a la fama, contribuyó a forjarle un nombre como compositor de música para películas. Le seguirán otros dos filmes más en comunión con Franju, el último en 1960 para su película más recordada, Los ojos sin rostro.

Maurice Jarre (1924 - 2009)
Al año siguiente, la carrera de Maurice dará un vuelco espectacular. El productor polaco Sam Spiegel lo comprometió para componer la banda sonora de una película de David Lean que resultó ser, ni más ni menos, que Lawrence de Arabia, filme épico que cuenta la historia del curioso héroe inglés Thomas Edward Lawrence, que desde su cargo de oficial de inteligencia lideró la revuelta árabe contra los turcos durante la primera guerra mundial.

Su participación le valió un Oscar y luego vino un segundo trabajo con Lean, Doctor Zhivago. De ahí en adelante, va a componer la banda sonora de todas las películas de David Lean, haciéndose merecedor de otros dos Oscar.
Hasta su muerte en 2009, Maurice Jarre colaboró como compositor de la banda sonora en innumerables filmes, entre los que destacan, por nombrar algunos, El coleccionista, de William Wilder, Jesús de Nazareth, de Zefirelli, y El tambor de hojalata, ésta última, de 1979. En los ochenta, utilizando medios electrónicos escribió la partitura completa para la película El año que vivimos en peligro.

En opinión del compositor estadounidense Aaron Copland, la música compuesta para películas constituye un nuevo medio musical capaz de ejercer una fascinación que le es propia. No se contrapone a la música de concierto, sinfónica o de cámara sino que constituye sin más una nueva forma de música dramática, como tradicionalmente lo fue, y lo sigue siendo, la escrita para la ópera, el ballet o el teatro. Copland cierra el capítulo correspondiente de su notable trabajo de divulgación Cómo escuchar la música con esta llamativa sugerencia al lector:
"La próxima vez que vayas al cine, no dejes de ponerte del lado del compositor".

Se presenta aquí un extracto de la obra completa (recordemos que la película dura casi cuatro horas) en versión de la Royal Philarmonic Orchestra bajo la dirección de su autor, Maurice Jarré.


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miércoles, 3 de abril de 2013

Paganini: Concierto para violín N° 1 "Allegro maestoso"



El ídolo popular del siglo XIX, Niccolo Paganini, hizo su debut en Parma a los quince años. Luego, acompañado de su padre, recorrerá la región de Lombardía ofreciendo conciertos e incrementando su fama con sus brillantes actuaciones y el infernal virtuosismo que acompañaba cada una de ellas. No por casualidad, entonces, antes de los veinte años, el eximio violinista habrá conseguido su independencia económica, circunstancia que unida a su juventud y carisma lo hará aficionarse al juego y cómo no, a las aventuras románticas.

Pero la dispendiosa vida que su talento le permitió llevar no fue obstáculo para que entre 1801 y 1807 se abocara a la composición de sus primeras grandes obras, que van a revolucionar para siempre la técnica del violín. Uniendo el goce de la vida con un intenso trabajo surgió su obra más conocida e interpretada hasta hoy, el conjunto de los 24 Caprichos para violín solo, y los dos conjuntos de seis sonatas para violín y guitarra. Diez años después compondrá su primer concierto para violín.

Niccolo Paganini (1782 - 1840)
Tras abandonar su puesto como director de música en el principado de Lucca y Piombino sirviendo a la princesa Elisa Bonaparte, hermana de Napoleón, se dedicó a recorrer Italia ofreciendo recitales con sus propias obras. Pasaría un buen número de años antes de que se decidiera a conquistar Europa que, al parecer, estaba esperándolo. En 1828 dio su primer recital en Viena con enorme éxito, tres años después le siguieron presentaciones en París y Londres con resultados sensacionales. Al año siguiente, le tocó visitar Inglaterra y Escocia. A la vuelta de ese tour de cuatro años, Niccolo se instaló en París, en 1833. Tenía cincuenta y un años y era un hombre rico.

Acaso por ello, al poco tiempo decidió retirarse de los escenarios. En 1834 abandonó simultáneamente París y la carrera de concertista, aunque regresó a la ciudad luz dos años más tarde pero en plan de empresario, para abrir un casino, el Casino Paganini, empresa en la que invirtió gran parte de su fortuna con resultados desastrosos pues el emprendimiento debió cerrar sus puertas apenas dos meses después de inaugurado.

La leyenda
El increíble virtuosismo de Paganini fue atribuido en su tiempo a un pacto con el diablo o a ocultos tratos con seres de ultratumba, a lo que contribuía animosamente su semblante casi cadavérico y una estampa sombría. Señala la leyenda que la música de Niccolo provenía del alma de mujeres de voz hermosa que mantenía cautivas al interior de su violín.

Allegro maestoso, del primer concierto para violín
Compuesto alrededor de 1817-18, el concierto N° 1 asombró en su estreno a audiencia y crítica por su brillantez y exigente virtuosismo. Estructurado en los tres movimientos habituales, se presenta aquí el primero: Allegro maestoso, interpretado como pieza autónoma, en versión de la violinista estadounidense de ascendencia coreana, Sarah Chang. Dirige: Zubin Mehta.


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martes, 2 de abril de 2013

Oscar Lorenzo Fernández: "Batuque"



Aunque su compatriota Heitor Villa-Lobos le llevaba diez años, la afirmación de que el compositor brasileño Oscar Lorenzo Fernández fue un absoluto contemporáneo de Villa-Lobos es legítima pues Fernández también murió diez años antes. Pero, aparte de haber visto el mismo mundo, la vida y la biografía musical de ambos es bastante distinta.

Nació el compositor en Rio de Janeiro en 1897. Hizo sus estudios musicales en el Instituto Nacional de Música y en el año 1936 fundó el Conservatorio Brasileiro de Música, que dirigió hasta su muerte, en 1948. No obstante haber compuesto un ballet, sinfonías, dos suites para orquesta y más de 80 composiciones para piano, Oscar Lorenzo Fernández es recordado hoy fundamentalmente por una pieza de raíz afro-brasileña de gran riqueza rítmica y musical, "Batuque".

Suite Reisado do Pastoreio
De su ópera Malazarte, compuesta con anterioridad con libreto extraído de una pieza teatral, Fernández apartó en 1941 tres trozos para conformar una suite que llamó Reisado do Pastoreio, cuyos movimientos nombró: Pastoreio, Toada y Batuque.
La última pieza encantó en su tiempo a Toscanini, que se encargó de su difusión con entusiasmo. Hoy es reconocida internacionalmente, formando parte del repertorio estándar cuando se trata de hacer música sinfónica del tercer mundo.

Su nombre proviene de la religión practicada por los antiguos esclavos de origen bantú o sudanés: "batuque" o "batuke", y que se extendió por la región de Rio Grande do Sul a mediados del siglo XIX, llegando hasta Argentina y Uruguay. La palabra dio origen también a las expresiones "batuque" o "batucada" como sinónimos de percusión.

La versión es de la Orquesta Sinfónica Nacional UFF (Universidade Federal Fluminense), bajo la dirección de una dama, la directora brasileña Ligia Amadio.


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lunes, 1 de abril de 2013

Mozart: Sonata en Re mayor, K. 311



Tras conseguir el permiso del arzobispo Colloredo que lo libraba del servicio en la corte de Salzburgo, Wolfgang Amadeus Mozart emprendió viaje con su madre hacia París, el 23 de septiembre de 1777. En el camino visitaron Munich, Augsburgo y Mannheim, ciudades en las que el músico salzburgués de veintiún años hizo lo posible por ser admitido como compositor de corte. Algunas veces pensó que lo lograba y así se lo hacía saber a su padre por carta, quien le respondía molesto que dejara de hacer el ingenuo y que no olvidara que el propósito y destino final de su viaje era París.

Mozart en Mannheim, 1777 - 78
Pero Mozart había quedado encantado con Mannheim. Allí había llegado con su madre el 30 de octubre y allí los pilló el invierno de modo que el proyecto de continuar viaje hacia París tuvo que ser postergado, retraso que a Mozart no le vino mal porque antes de que finalizara el año ya formaba parte activa en la vida musical de la ciudad. Hizo gran amistad con varios músicos aunque improductiva si se piensa en el fin último, llegando incluso a establecer una sólida relación con el director de la orquesta de Mannheim, el konzertmeister Christian Cannabich, que siempre andaba algo volado y de quien solo podía esperar vagas promesas que no conducían a ninguna parte.

Aloysia Weber
Leopold, el padre, debe enrielarlo nuevamente, por carta. Pero a Amadeus lo han atrapado nuevos asuntos y ha decidido comenzar el nuevo año 1778 enamorándose perdidamente. El nombre de la chica: Aloysia Weber, de quince años, hermosa, de exquisita voz, y futura cantante profesional.

Mozart informó al padre de sus planes: viajará a Italia con los Weber para que Aloysia desarrolle su profesión. Amadeus compondrá para ella, y Aloysia conquistará Milán con su voz encantadora. Un proyecto estupendo.

Leopold recibió la noticia y no se demoró nada en echar agua fría sobre la alocada idea, ordenándole a su hijo partir a París inmediatamente. Le recordó lo endeudado que estaba a raíz del viaje de él y de su madre, le informó que ahora último vestía pobremente y que se estaba alimentando con comida barata.
Wolfgang Amadeus, de veintidós años pero todavía bajo la tutela de su padre, respondió de inmediato: "Saldremos a París dentro de una semana".


Sonata para piano N° 9
El konzertmeister Cannabich tenia una hija, Rosina, de trece años, que tocaba muy bien el piano. Wolfgang compuso una sonata para ella, no se sabe con certeza cuál, pero muy probablemente sea la que escuchamos, la sonata N° 9 en re mayor, K. 311.
La sonata tiene tres movimientos, y su ejecución completa dura alrededor de 15 minutos. Sus movimientos son: Allegro con spirito - Andante con espressione (4:15) - Rondo-allegro (8:37).

La versión es de la pianista surcoreana Jaekyung Yoo.

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