miércoles, 29 de febrero de 2012

Rossini: La italiana en Argel - Obertura

 
Escena del primer acto. Representación en Buenos Aires, junio de 2011

Gioacchino Antonio Rossini tenía catorce años cuando compuso su primera ópera, el año 1806. Por un tiempo dudó hacia dónde orientar su vocación de músico pero, por fortuna, le tocó vivir una época en que la ópera, y sobre todo la ópera bufa, se había convertido en una auténtica pasión para el pueblo italiano, pasión que no dudaríamos hoy en llamar "transversal", puesto que además alcanzaba a todas las clases sociales. Por ello, Rossini no tuvo que pensarlo mucho.

El género operístico, pues, vivía en esos años una vida intensa, al punto de que no era raro que los compositores se viesen angustiados por la impostergable entrega de la ópera siguiente, aun cuando recibieran por ello una cantidad de dinero relativamente modesta. Espectáculos nuevos cada temporada, era la exigencia del público de la época, y había que complacerlo.

Gioacchino Rossini (1792 - 1868)
La italiana en Argel
Es así como mientras todavía se sucedían las representaciones de su aclamada ópera Tancredi, de 1813 (su primera ópera seria, no obstante), Rossini comenzó a trabajar en una farsa de considerable extensión, si bien solo tenía dos actos, como era lo habitual.
El texto de La italiana en Argel ya había sido puesto en música antes, pero sin mayor éxito. Corresponderá a Rossini su transformación en obra maestra, pues sus situaciones absurdas y hasta cierto punto grotescas, le venían como anillo al dedo a la vena cómica del maestro Gioacchino. (Más tarde vendrán Il barbiere y La Cenerentola).

Estrenada el 22 de mayo de 1813, La italiana en Argel es una clásica ópera bufa de tema "musulmán" como lo fue años antes El rapto del serrallo, de Mozart. La escena se sitúa en el palacio del bey de Argel (el mandamás durante el imperio otomano), Mustafá, un autócrata de irrefrenable vocación por la compañía femenina que por esas cosas de la vida está algo cansado de su actual esposa y desea cambiarla por otra, ojalá italiana. Da la casualidad de que Isabella, una italiana, anda recorriendo las costas de Argel intentando rescatar a su novio, Lindoro, que presta sus servicios al bey en calidad de esclavo. Isabella cae prisionera y luego es entregada al bey, pero la intrépida italiana se las apañará para conseguir que un atónito Lindoro esté a su servicio, día y noche. Esto da pie a los enredos y engaños subsiguientes.

Obertura
Presentamos aquí la obertura en versión de la orquesta de cámara inglesa The Accademy of St. Martin in the Fields, dirigida por su fundador sir Neville Marriner. El nombre de la agrupación proviene de la iglesia Saint Martin-in-the-Fields, de Trafalgar Square, donde la orquesta dio su primer concierto en 1959. [Modificado el 06.03.13: el video original fue retirado de Youtube por infracción a la propiedad de terceros, ha sido sustituido por la versión de la Metropolitan Opera dirigida por James Levine. No borré a Marriner y su orquesta porque es información que vale la pena conservar.]

El material con que Gioacchino va a construir su popular crescendo, comienza en el minuto 1:20.



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jueves, 23 de febrero de 2012

Mozart: Sonatina en do mayor

 

Las circunstancias precisas que vivía Mozart al componer la sonata en Do mayor que se acostumbra apodar "sonatina" o sonata "facile" o "semplice" se desconocen por completo. La única certeza que existe a este respecto es que Wolfgang la incorporó a su catálogo el día 26 de junio de 1788, agregando de su puño y letra la descripción somera y esclarecedora a la vez: "sonata para principiantes".

Ese mismo mes Mozart y Konstance han decidido mudarse a las afueras de Viena, y allá se dirigen llevando a su hijo mayor y su pequeña hija de seis meses, Thérese, quien morirá diez días después de la mudanza. Pese a esta desgraciada circunstancia, Mozart va a componer ese año sus tres últimas sinfonías, en el sorprendente lapso de apenas seis semanas. Llevando las cosas al extremo podríamos especular con que entre sinfonía y sinfonía, Wolfgang compuso la sonatina en Do mayor, pues si algo lo caracterizaba, entre sus muchas virtudes, era su enorme capacidad de abstracción del mundo cotidiano, que le permitía escribir partituras festivas en momentos de gran dolor personal.

Las sonatas más complejas de Mozart, entre ellas las tres "sonatas parisinas", habían visto la luz hacía casi diez años, y la última sonata "autónoma" (si cabe el término), es decir, aquella para cuya invención no necesitó de rondós o allegros elaborados con anterioridad –o destinados a otros fines–, databa de 1784. En mi modesta opinión, no deja de ser sorprendente que un autor de esa categoría gigantesca, a esa altura de su vida y en esas circunstancias, destinara su tiempo y energía a la composición de una sonatina que, aparte de deliciosa, estaba destinada a quienes daban recién sus primeros pasos en el teclado.

Es esta última particularidad lo que hace que esta pequeña obra no sea interpretada sino como bis, a continuación del programa original del pianista, y atacando o el primero o el segundo movimiento. Una feliz excepción es la de Daniel Barenboim, quien nos entrega aquí una estupenda versión completa, al parecer, en una grabación sin público.

Movimientos:
00     Allegro
3:01  Andante
6:44  Rondó


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martes, 21 de febrero de 2012

Shostakovich, Kubrick... y Nicole



El camarada pianista y compositor Dmitri Shostakovich (1906 - 1975), Presidente de la Unión de Compositores Soviéticos, "Artista del Pueblo", y Premio Stalin varias veces, pasó también por etapas en que su obra no fue comprendida por parte de la Nomenklatura. Así fue como a partir de 1948, después de que el Primer Congreso de la Unión de Compositores lo acusara de mostrar en su obra una "tendencia musical antidemocrática, extraña al pueblo soviético y a sus gustos artísticos", se vio obligado a guardar silencio, junto con Prokofiev, Katchaturian y otros autores, hasta la muerte de Stalin, en 1953.

Dmitri Shostakovich (1906 - 1975)
Pero apenas dos años después, en 1955, el director de cine Mikhail Kalatozov, le solicitó que compusiera algunas piezas para su película "El primer escalón".
El camarada Dmitri, ahora rehabilitado, escribió para el film un vals muy simple y bello que algún tiempo después decidió incorporar a su Suite for Variety Orchestra, conjunto de ocho piezas donde este vals conforma la pieza número 7, si bien Dmitri señaló que pueden tocarse en el orden que se desee.


En el siguiente video se han unido dos escenas separadas de El Primer Escalón, que tienen como fondo musical –al principio algo debilucho–, la pieza original que después llevará por título Vals N°2, en la suite para orquesta.



Shostakovich compuso un número considerable de bandas sonoras para películas. Entre ellas, se distinguen señaladamente la música para el extraordinario Hamlet ruso, de 1964, y para El Rey Lear, de 1970. Fruto de este compromiso, y no obstante cierto desagrado oficial con alguna de sus obras, para el año de su muerte, en 1975, el camarada Dmitri, autor de una obra musical vastísima, era un intocable en la Unión Soviética y se fue de este mundo cubierto de honores.

Veinticinco años después, otro cineasta, que tenía por costumbre usar obras probadas para musicalizar sus filmes, Stanley Kubrick, decidió acompañar los títulos iniciales en blanco y negro de su película Eyes Wide Shut con la misma pieza que Kalatozov solicitó a Shostakovich. Para los créditos finales, repitió el recurso.
Un sagaz videísta de nuestros días tomó la brillante escena de Nicole Kidman en la alcoba discutiendo en onda cannabis, quitó el sonido original y la reemplazó por el vals de Shostakovich.
Disculpas agregadas el 3.1.13: Así como Mosfilm reclamó por sus derechos, tampoco podremos ver a Nicole Kidman, pues el videísta sagaz suprimió su propio video, probablemente por las mismas razones. Se ha reemplazado por un video con bellas imágenes de Moscú, bellas muchachas rusas y unos cisnes bailando que poco o nada tienen que ver. Lamentablemente, el asunto de Kubrick, Nicole y su escena cannabis queda reducido ahora a pura información.


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jueves, 16 de febrero de 2012

Gershwin: Porgy and Bess



El mismo año que George Gershwin publicó la versión para dos pianos de su Rhapsody in blue, la novela Porgy, del escritor DuBose Heyward se convertía en el bestseller de ese año, 1926. George quedó fascinado con la obra, que abordaba la penosa vida de los negros del sur en Estados Unidos, y pensó en escribir una ópera basada en ella, para lo cual inició contactos con el autor para conseguir los derechos.

Pero otros proyectos desviaron su atención y no fue sino hasta ocho años después, en 1934, cuando comenzó a trabajar intensamente en la música para el libreto que Heyward y el hermano letrista de George, Ira Gershwin, habían escrito sobre la base de la obra teatral del mismo nombre, escrita a dúo por Heyward y su esposa. A principios de 1935 la ópera estaba terminada y Porgy and Bess se estrenó en septiembre de ese año. Al título original de la novela y obra de teatro se agregó el nombre de la co-protagonista, para no desmerecer, digo yo, frente a Tristán e Isolda, por poner un ejemplo.

La obra cuenta la historia de Porgy, un mendigo negro, para colmo de males discapacitado, que intenta rescatar a Bess, joven negra, de las garras de un amante posesivo y violento.
Originalmente de cuatro horas de duración, la obra está dividida en tres actos. En el primero de ellos, una joven madre canta una canción de cuna, Summertime, a su pequeño hijo. (En el acto tercero, la cantará Bess). Y contrario a lo que se cree, sus versos no son de Ira Gershwin sino de Heyward.
Innumerables versiones se han hecho del tema, gran parte de ellas para grupos de jazz e interpretadas por las más señeras cantantes de música afroamericana, entre ellas, por nombrar unas pocas, Janis Joplin, Ella Fitzgerald, Billie Holiday, Beyoncé y un largo etcétera.

Se presenta aquí el aria original, en versión de concierto, con la soprano estadounidense Kathleen Battle, acompañada de la Montreal Simphony Orchestra. A diferencia de otras chicas, Kathleen canta en la tonalidad, harto exigente, que Gershwin dispuso.



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martes, 14 de febrero de 2012

Max Bruch: Concierto para violín



El compositor alemán Max Bruch, nacido en Colonia, reino de Prusia, en 1838, forma parte del grupo de músicos posrománticos menores, de la segunda mitad del siglo XIX europeo. Es una época en que los compositores viven una suerte de transición forzada en que se ven obligados a prolongar las formas y estética románticas, para complacer a un público cada vez más vasto, conformado por una burguesía enriquecida que no aboga por sofisticaciones.

El concierto en sol menor para violín de Bruch, de 1868, responde en cierto modo a esa estética, pues en él aún puede apreciarse esa exacerbación de pirotecnias y virtuosismo que será más tarde abandonada por los autores por venir, dando con ello definitivo término al gran siglo romántico.
Max Bruch compuso tres conciertos para violín pero el único que se mantiene hasta hoy como parte del repertorio estándar de los violinistas es el concierto N° 1 en sol menor. Compuesto a los 30 años, gozó de enorme aceptación durante largo tiempo, al extremo que el autor pensó seriamente en prohibir su ejecución porque impedía la interpretación de los restantes. Al parecer, el público de hoy y de ayer, tenían razón.

Max Bruch (1838 - 1920)
La partitura del concierto también tiene su historia. Al término de la primera guerra mundial, debido a la caótica situación económica, el editor de Bruch no estuvo en condiciones de pagar los derechos sobre ésta y demás obras del compositor, lo que a Max, por cierto, no le hizo ninguna gracia. Por ello, les envió la partitura autógrafa a dos hermanas que conformaban un célebre dúo de pianistas para quienes ya había compuesto un concierto para piano, con el objeto de que éstas vendieran el concierto en los Estados Unidos. Las hermanitas, Rose y Ottilie Sutro, dos chicas emprendedoras en el país de las oportunidades, lo vendieron por su cuenta y a Bruch jamás le llegó un centavo por la transacción. El compositor murió en Berlín, en 1920, sin saber qué había sido de su popular concierto en su gira por el nuevo mundo.

Estructurado en tres movimientos, se presenta aquí el último de ellos –el que lo ha hecho famoso– en versión de la extraordinaria violinista estadounidense Sarah Chang, de quien Yehudi Menuhin afirmó que era "la más maravillosa, la más perfecta, la violinista más ideal que he escuchado". Sarah es hija de padres coreanos pero nació en EEUU en 1980. A los nueve años hizo su debut en Nueva York acompañada de la New York Philharmonic Orchestra. En junio de este año 2012 se presentará en Santiago de Chile, en el Teatro Municipal de Las Condes.



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