domingo, 30 de diciembre de 2012

Mozart: concierto para clarinete (II)


Meryl Streep, en el papel de la escritora danesa Isak Dinesen

En nuestros días, el movimiento más popular del concierto para clarinete de Mozart, es el adagio, su segundo movimiento. Probablemente contribuyó a ello el hecho de que haya sido incluido en la banda sonora del excelente film de Sydney Pollack, de 1985, Out of Africa, que en español se llamó Africa mía, protagonizada por Meryl Streep.
El movimiento lo inicia el solista, atacando el bellísimo primer tema. La versión es de Martin Fröst y la Saarbrücken Radio Orchestra, dirigida por Christoph Poppen.

Mozart. Concierto para clarinete. Segundo movimiento: Adagio


"¡Gran Dios! Ni a mi peor enemigo le desearia aquello por lo que hoy estoy pasando. [...] Y ahora acudo a ti no con agradecimientos sino con nuevas súplicas! En vez de pagarte mis deudas vengo a pedirte más dinero! ...Todo depende de ti, querido amigo, de si me puedes prestar o no otros quinientos gulden."

El autor de esta súplica es Mozart, y el destinatario, su amigo francmasón Michael Puelberg, quien debe haber sido un alma de Dios, pues Mozart recurrió a él durante largos años durante su estancia en Viena, con el mismo  invariable propósito, y el bueno de Michael siempre estuvo ahí, firme como una roca, para apoyar a Wolfgang Amadeus.

Después de un viaje a Leipzig, en 1789, invitado por su amigo el príncipe Karl Lichnowsky, y donde Mozart dio un concierto público que fue un exitazo pero que económicamente no le reportó nada, Wolfgang regresó a Viena, donde encontró a Constanza muy enferma y embarazada de otro hijo. En el intertanto le comisionaron una ópera −Cossi fan tutte. Con esa meta en mente, otra carta fue enviada al devoto Michael, pues Constanza debía viajar a Baden otra vez y había que costear viaje, médicos y curaciones.

En noviembre nació una niña, que solo vivió unas pocas horas. Era el cuarto hijo, uno tras otro, que los Mozart perdían. Pero no había lugar para el desánimo. Mozart debió seguir trabajando en Cossi fan tutte, cuyo estreno, en enero de 1790, fue recibido clamorosamente.
En julio de 1791, mientras trabajaba en el libreto que le sugirió su amigo Schikaneder y que iba a ser su última ópera, La Flauta Mágica, Constanza tuvo otro hijo, un varón. Esta vez, el niño sobrevivió.
Por esos mismos días, el hogar de los Mozart fue visitado por un extraño que entregó una carta donde un desconocido solicitaba la escritura de un Requiem. Wolfgang continuó trabajando en el libreto de Schikaneder, pero con un mal presentimiento originado en esa extraña visita. Sin embargo, La Flauta Mágica obtuvo un éxito enorme en su estreno el 30 de septiembre. La vida parecía volver a sonreírle. Pensó en viajar a Inglaterra al año siguiente. En octubre tuvo fuerzas para regalar a su amigo clarinetista Anton Stadler el concierto que escuchamos, luego escribió la cantata masónica, y retomó la escritura del Requiem. No alcanzó a terminarlo. Wolfgang Amadeus murió, rodeado de amigos, en la madrugada del 5 de diciembre de 1791. Tenía 35 años.

Mozart. Concierto para clarinete. Tercer movimiento: Rondó




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sábado, 29 de diciembre de 2012

Mozart: Concierto para clarinete (I)



Si no fuera porque Christoph Gluck, el anciano compositor de la corte imperial de Viena, ya muy enfermo, tuvo la deferencia de abandonar este mundo en noviembre de 1787, muy cuesta arriba habría sido para Mozart a quien solo le quedaban cuatro años de vida conseguir el anhelado puesto para el cual fue elegido, en reemplazo de Gluck, aunque con un salario bastante inferior al que el anciano muerto gozó en vida.

La paga apenas cubría el alquiler de la vivienda, y al año siguiente Amadeus y Constanza tuvieron que mudarse con Karl, el hijo sobreviviente, a las afueras de Viena, a una casa más modesta, para disminuir los gastos. No fue una idea muy acertada. La lejanía con el centro social y cultural de Viena desalentó a los pocos alumnos con que Wolfgang contaba, con lo que disminuyó aún más el ingreso familiar. Para colmo, Constanza, si no estaba embarazada, estaba enferma, y había que afrontar el costo de sus frecuentes viajes a las termas de Baden, donde pasaba semanas, aliviando su salud debilitada por sus muchos embarazos.

De modo que, al poco tiempo, los Mozart decidieron regresar a Viena, aunque los ingresos no mejoraron. Pocos alumnos tenía Wolfgang, y sus conciertos, que en un tiempo habían congregado a grandes audiencias, ya no eran populares. El veleidoso gusto vienés había cambiado, y con ello, el ánimo de Mozart. Tenía 33 años y a diferencia de muchos de sus colegas que a esa edad habían logrado alguna estabilidad financiera, Wolfgang estaba más pobre de lo que nunca había sido.

Pero Mozart era un optimista incorregible. Decidió acudir a sus amigos, solicitándoles dinero en préstamo, en la seguridad de que su suerte tenía que cambiar. No estaba equivocado. Además del concierto para clarinete, todavía le faltaba por componer, por nombrar algo, Cossi fan tutte La Flauta Mágica.

...continuará...


Concierto para clarinete en la mayor, K.622
Mozart es uno de los escasos compositores que llevaron un registro de sus obras en vida, si bien lo comenzó sólo en 1784. Este catálogo presenta como las dos últimas entradas el concierto para clarinete y una cantata masónica.
Compuesto apenas dos meses antes de su muerte, y estrenado en Praga en octubre de 1791, el concierto para clarinete está estructurado a la manera clásica, con los tres movimientos habituales: rápido, lento, rápido.
- Allegro (ruego disculpar su comienzo abrupto)
- Adagio
- Rondó - Allegro.
Escuchamos aquí el primer movimiento, a cargo del solista de origen sueco, Martin Fröst, acompañado por la Saarbrücken Radio Orchestra, dirigida por Christoph Poppen.

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jueves, 20 de diciembre de 2012

Jean Sibelius: Concierto para violín



Como muchos de sus colegas, el futuro compositor finlandés Jean Sibelius abandonó su ciudad natal siendo un muchacho para dirigirse a la capital a estudiar leyes, por recomendación familiar, pese a que en el seno de esa misma familia, Jean había dado generosas muestras de talento musical, llevado de la mano por su tía Julia quien, a diferencia de lo sucedido con un famoso novelista, solo le enseñó a tocar piano.

Pero al año de haber ingresado a la Universidad de Helsinki, en 1885, Sibelius abandonó los estudios y se matriculó en la Escuela de Música de esa ciudad. Allí estudió violín y composición. Su meta era convertirse en un virtuoso del violín, pero, lamentablemente, Jean parece no haber tenido dedos para el violín, pese a que integró el cuarteto de cuerdas de que se ufanaba la Escuela y llegó a desempeñarse bastante bien con el Concierto de Mendelssohn. Un temblor de la mano originado en un accidente de juventud y el nerviosismo que le dominaba en escena le jugaron en contra. Jean Sibelius, resiliente, decidió moderar sus aspiraciones de solista y encaminar progresivamente sus esfuerzos hacia la composición.

Jean Sibelius (1865 - 1957)
Para los primeros años del naciente siglo veinte, Sibelius ya había compuesto varias sinfonías corales, y comenzaba a cosechar el éxito y el reconocimiento nacional con sus dos primeras sinfonías orquestales de un total de siete compuestas a lo largo de su vida. El reconocimiento internacional vendría con su obra más célebre al día de hoy, el poema musical Finlandia, obra que reveló ante el mundo la maestría poética del compositor, y que se convirtió en el punto de arranque de un arrebatado sentimiento nacionalista, del que Jean Sibelius será un excelso protagonista.

Concierto para violín
Pero el músico no había olvidado el violín para siempre, y el violín, por su parte, lo esperó solícito. Su concierto para violín, estrenado en 1905 en Berlín bajo la batuta de Richard Strauss se convirtió en una pequeña obra maestra que le reportó inmensa popularidad pese a que debió enfrentar la disputa por los escenarios ante el naciente entusiasmo que comenzaba a despertar la música de vanguardia de la época, ante la que debió plantarse Sibelius escudado en el virtuosismo y profundidad sin arrebatos que caracterizaban su música.

Por esto, se ha dicho que el estilo de Sibelius es conservador y su lenguaje armónico restringido y su música poco compleja, en comparación con la de sus contemporáneos. El teórico alemán y también músico Theodor Adorno (autor de nueve piezas breves) llegó al extremo de calificarlo de compositor amateur y anticuado. Por otro lado, Béla Bártok, quien era músico y no teórico, no titubeó en situar a Sibelius entre los grandes compositores de su época. Aunque todo esto tenía sin cuidado a Jean Sibelius, o al menos eso pretendía cuando señaló:  "No presten atención a lo que los críticos dicen. Nunca se ha levantado una estatua a un crítico."



Movimientos:
00       Allegro moderato
16:31  Adagio di molto
25:34  Allegro ma non tanto

La versión es del violinista ruso Maxim Vengerov, con la orquesta sinfónica de Chicago bajo la dirección de Daniel Barenboim.

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viernes, 14 de diciembre de 2012

Chopin: Nocturno Op 55 N° 2



El ensayo de Carlos Marx, "Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850", aborda el proceso político y económico que en Francia tenía lugar por esos años y que explotó el 23 de Febrero de 1848 en París, provocando la caída del rey Luis Felipe y la huida de la familia imperial a Inglaterra acompañada fraternalmente por la aristocracia y nobleza parisinas. Pero el ensayo no dice una palabra acerca de que, a raíz de esos mismos hechos, un músico polaco avecindado en la ciudad luz, Frédérik Chopin, se quedó sin alumnos.

Efectivamente, con París envuelta en llamas y erizada de barricadas, los alumnos de Frédérik optaron por "congelar" las clases y arrancar hacia sus casas de veraneo en la campiña o, derechamente, cruzar el canal de La Mancha. Además de las barricadas, la ciudad, por supuesto, se vio sacudida por una merma fenomenal en todas las actividades culturales y artísticas, la música incluida. Pocos días antes del levantamiento, el 16 de febrero, Chopin alcanzó a dar un último concierto, pero a fines de marzo se encontraba en una situación inédita: simplemente no tenía cómo ganarse el sustento.

Viaje a Inglaterra
Por fortuna, desde hacía varios años, Chopin contaba con una alumna de envidiable situación económica que provenía de Escocia. La dama, calladamente enamorada de Frédérik, tenía 44 años y se llamaba Jane Stirling. Vivía en París la mitad del año, para tomar clases, junto con una hermana, que no tomaba clases de piano pero es creíble que se dedicara a alguna otra actividad cultural. El par de hermanas aconsejó a Chopin que viajara a Inglaterra, donde, le aseguraban, la alta sociedad londinense se disputaría al pianista y al profesor, pues su nombre y su prestigio eran allá muy reconocidos.

10 Bentinck Street, Londres. Con algo de buena voluntad,
 se logra distinguir la placa recordatoria, al centro.
Pese a su debilitada salud, Chopin accedió a la proposición y, echando mano a los ingresos obtenidos en el concierto de febrero, el 21 de abril ya estaba en Londres, con unas cartas de presentación bajo el brazo. Allá fue recibido y acogido por amigos de Jane quienes lo instalaron más que cómodamente en el N° 10 de la calle Bentinck, en Cavendish Square, de donde tuvo que arrancar a los pocos días pues le resultó un poquito caro, instalándose luego en el 48 de la calle Dover, en Picadilly, más asequible.

Las hermanas no estaban equivocadas. Al poco tiempo, Frédérik había dado no pocos conciertos remunerados que le reportaron una buena cantidad de dinero. Logró acceder también a lo más granado de la sociedad londinense, lo que le permitió conocer a Carlyle y Dickens. Además, contaba con un buen número de alumnos. El único problema era que éstos eran olvidadizos a la hora de pagar:
"Estoy muy necesitado de dinero. La gente es pícara aquí. Si quieren eludir algo, simplemente se van al campo. Uno de mis alumnos se fue sin pagarme nueve lecciones."


Escocia
En el mes de junio, la aristocracia londinense abandonó, también, la ciudad, pero para gozar del verano. Frédérik se quedó solo otra vez, pero la afectuosa Jane acudió nuevamente en su ayuda. Lo invitó a Escocia a casa de sus familiares. Luego de un viaje en tren de doce horas, Chopin llegó a Edimburgo el 5 de agosto. Allá lo esperaba un médico polaco, a quien Jane Stirling había encomendado encarecidamente que cuidara de la salud de Frédéric. Después de un par de días en un hotel, Chopin se trasladó a la casa de un cuñado de Jane.

Nocturno N° 2 Opus 55
La señorita Stirling no solo fue una buena amiga de Frédérik, también parece haber haber sido una alumna muy destacada, ya que sabemos que le fueron dedicados los dos nocturnos del Opus 55, compuestos en 1843.
Escuchamos el nocturno N° 2, en versión del pianista australiano Jayson Gillham, durante su participación en el XVI Chopin International Piano Competition, Varsovia, 2010.

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martes, 27 de noviembre de 2012

Beethoven: Sinfonía No 7 - Allegreto



Ludwig Spohr, músico y contemporáneo de Beethoven que llegó a gozar de la amistad del compositor, cuenta en su autobiografía que para el estreno de su Séptima Sinfonía, el maestro de Bonn, de 43 años, estaba tan sordo que no era capaz de percibir los pasajes piano de su propia obra. Durante el allegro, relata Spohr, un par de estos pasajes confundieron al maestro y por un buen rato la orquesta anduvo por un lado y él por otro, así que cuando llegó el momento en que según su propia cuenta correspondía un forte de la orquesta, Beethoven se agachó y abrió los brazos para subrayarlo... pero no pasó nada. El pobre maestro sordo salió de su confusión diez o doce compases más tarde, cuando la orquesta atacó el forte y entonces pudo oírlo.

El estreno de la Séptima Sinfonía tuvo lugar en Viena, el 8 de diciembre de 1813, con gran éxito. Hacía cinco años que Beethoven no ofrecía una nueva sinfonía al público vienés. Por ello, fue recibida con gran entusiasmo. Pocos días después se realizó una nueva función, y al igual que en el estreno, hubo de repetirse a requerimiento del público el famoso Allegretto, el segundo de sus cuatro movimientos: Poco sostenuto - vivace / Allegretto / Presto / Allegro con brio.

La obra había sido ideada alrededor de 1811, aunque respecto del allegretto, se han encontrado esbozos que datan de 1806. La popularidad del segundo movimiento obedece en gran parte a su simplicidad: una idea rítmica sencilla, una sucesión de notas negras con dos corcheas, oídas repetidamente (un ostinato), dan cauce a una melodía de corte schubertiano.

La versión es de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Caracas, con la dirección de Eduardo Marturet.
[Nota: 29-05-17] El video ha debido ser reemplazado por la Filarmónica de Viena dirigida por Leonard Bernstein, sólo audio]


La opinión de Beethoven... y otros
Beethoven consideraba que la Sinfonía N° 7 era uno de sus mejores trabajos. Con posterioridad, grandes compositores, entre ellos Richard Wagner, no escatimaron elogios para la obra. Sin embargo, en su momento el maestro tuvo que lidiar con groseras críticas de parte de algunos de sus contemporáneos. Una de las mayores invectivas fue quizás la del profesor Friedrich Wieck, el padre de Clara Schumann, quien insinuó que Beethoven habría compuesto la obra en estado de intemperancia.
Pero quien se llevó todos los aplausos fue un crítico inglés, quien en 1826 señaló:
"...es imposible descubrir en la obra ningún esquema, ni advertir ninguna conexión entre sus partes. Parece haber sido concebida como un enigma, pero más bien nos atrevemos a pensar que es una burla, un engaño, una estafa."
No siempre llueve a gusto de todos.

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jueves, 22 de noviembre de 2012

Maurice Ravel: la apoteosis del vals



El compositor francés Maurice Ravel no era muy alto. Medía apenas un metro sesenta. Por eso, cuando estalló la Primera Guerra Mundial pensó que podría hacer su aporte en defensa de la patria desde la incipiente rama de la aviación porque su baja estatura implicaba a su vez, poco peso. Sin embargo, todos sus intentos por ser enrolado como aviador fueron en vano, y finalmente fue enviado al frente de Verdún en calidad de chofer de ambulancias.

Durante la guerra, seis de sus amigos cayeron en combate. Su madre también murió, en 1917. Al final de la contienda, Ravel se encontraba destrozado, un insistente desánimo lo asediaba y el comienzo de una sequía creadora parecía querer imponerse.

Maurice Ravel (1875 - 1937)
Pero en 1919, el crítico musical ruso y empresario del ballet, Sergei Diaghilev, lo trajo de regreso a la labor creadora al comisionarle la escritura de un ballet para ser llevado a escena por la escuela de bailarines y coreógrafos creada por el ruso hacía diez años, la compañía Ballets Rusos.

El proyecto atrajo a Maurice. Desde 1906 rondaba en su cabeza la idea de una pieza orquestada que homenajeara a la forma "vals" y, de pasada, a Johann Strauss hijo, el máximo exponente de esa danza en el siglo recién pasado, y a quien Ravel tenía en alta estima. Incluso la idea ya tenía título, Viena, de modo que a Maurice le bastó replantearse el concepto, trabajando el material de que disponía de una manera nueva. El resultado fue el poema coreográfico La Valse, de 13 minutos de duración, y que fue presentado a Diaghilev en 1920. El ruso no quedó conforme y lo rechazó, comentando luego entre sus conocidos que aquello no era ballet sino la pintura de un ballet.

A Ravel, que a esa altura era toda una celebridad en Europa, no le hizo ninguna gracia el comentario, y las relaciones entre ambos artistas se rompieron para siempre. La Valse, pues, tuvo que presentarse como pieza de concierto, con estreno en diciembre de 1920. Recién seis años después hizo su estreno coreográfico, en Amberes, en octubre de 1926. Ravel hizo una versión para dos pianos algunos años más tarde, pero es la versión como pieza de concierto la que actualmente se presenta con mayor frecuencia en los escenarios del mundo. Es la que ahora escuchamos, en versión de la Orquesta Filarmónica de la Radio Francia, dirigida por el director y pianista sudcoreano Myung-Whun Chung.


Aunque tienen una presencia innegable, no es sencillo descubrir en esta pieza de la primera mitad del siglo XX, momentos que logren hacernos evocar los valses de Strauss y los salones de 1850. Asimismo, no se recomienda su audición para conciliar el sueño.

Su génesis recién terminada la guerra, ha suscitado las más diversas y apocalípticas impresiones entre los estudiosos. Que la pieza respira un olor de fin de civilización, un olor de muerte. O que su diseño en un movimiento grafica el nacimiento, la caída y la destrucción de una forma musical: el vals.

Colmada de ímpetu, majestuosidad, compulsión, frenesí, caos, y en medio de todo ello, algo de melancolía también, la pieza es efectivamente un vals... pero sólo hasta el penúltimo compás. Con el último, un compás binario, la obra parece alcanzar el propósito para el que parecía destinada: la dislocación total.
Para su autor, sin embargo, todo es más sencillo. Sólo debiera verse en ella –dijo– lo que la música expresa: una progresión ascendente de sonoridad, a la que el escenario añade luz y movimiento.

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sábado, 17 de noviembre de 2012

Marcello: Concierto para oboe - Adagio



Absoluto contemporáneo de Antonio Vivaldi, el compositor veneciano Alessandro Marcello (1673 - 1747) destacó en vida, más que por su música, por su carrera profesional y actividad social como miembro de la nobleza veneciana. Él y su hermano Benedetto, hijos de un senador, fueron dos grandes diletantes de la época que dada su cómoda posición social pudieron entregarse al estudio de las más diversas disciplinas, encantados de la vida.

Terminados sus estudios de leyes, Alessandro incursionó también en la poesía, la filosofía, las matemáticas y la música. Benedetto también era músico y hasta mediados del siglo veinte, gran parte de la obra de ambos era atribuida sólo a él, quizás porque a Alessandro se le ocurrió la mala idea de publicar sus obras con el pseudónimo con que era conocido en el círculo de arte en que participaba, la célebre Pontificia Accademia degli Arcadi.

Adagio del concierto para oboe
La obra completa de Alessandro Marcello es reducida. Se cuentan poco más de una docena de cantatas, sonatas para violín y conciertos. Su obra más conocida es el concierto para oboe, cuerdas y bajo continuo que, gracias a la transcripción de JS Bach para teclado, obtuvo una difusión aceptable para la época, si bien generó posteriormente dudas razonables sobre su autoría. La romántica historia de amor que aborda la película de 1970 Anónimo Veneciano, la acercó finalmente a nuestros días, al incorporar a su banda de sonido el segundo movimiento del concierto, el adagio.


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viernes, 16 de noviembre de 2012

Mendelssohn: Rondó Capriccioso



El músico alemán Félix Mendelssohn-Bartholdy lo tuvo todo en su corta vida. Hijo de padres banqueros, después de algunos remilgos su padre lo acompañó en la idea de convertirse en músico profesional, y para ello Félix no se demoró nada: a los 17 años había compuesto la obertura para el drama shakespeareano Sueño de una Noche de Verano y a los 23 era conocido en todas las grandes capitales europeas como concertista, director y compositor. Más tarde, casará felizmente para toda la vida (sólo serán once años, lamentablemente) con la muchacha más bella, culta, y piadosa de Frankfurt.

Muy joven, ya todo iba de maravillas para Félix. Su maestro Carl Friedrich Zelter, amigo del poeta Goethe y de algún modo su asistente en el arte de la música, lo introdujo en la casa del vate en 1821. Félix contaba doce años y Zelter con un gran historial de vetos a músicos que le enviaban al poeta sus poemas musicalizados solicitándole su venia y apoyo moral.
Pero no fue el caso de Mendelssohn. El vate quedó encantado con ese huésped tan brillante y tan joven. En noviembre de ese año, el pequeño Félix escribe a sus padres: "Hago más música aquí que en casa. Cada día después de cenar, Goethe abre el piano y me dice: Todavía no te he oído hoy, haz un poco de ruido para mí".
No obstante la diferencia de edad, la relación de Mendelssohn con Goethe va a durar hasta la muerte de éste, en 1832. Entretanto, Félix va a musicalizar varios de sus poemas, suerte que no corrieron ni Schubert, ni Beethoven ni Berlioz. Amén de implacable, Zelter no tenía buen ojo.

Rondó Capriccioso opus 14
El Rondó Capriccioso es una obra para piano compuesta alrededor de 1827 (es decir, a los dieciocho años). La pieza ha sido muy alabada por sus bellos trozos románticos aunque parece estar construida sobre la brillantez, para el lucimiento del intérprete. Las vigorosas octavas del final son muestra de ello y por eso hoy es interpretada casi exclusivamente en concursos y certámenes de piano, para calibrar el virtuosismo del intérprete. Por lo mismo, resulta toda una novedad encontrarse con esta versión del pianista chileno Claudio Arrau, muy joven, en un estudio de televisión o radio, probablemente en Estados Unidos. No tenemos más datos sobre la grabación. Solo cabe imaginar algunas cosas: que Arrau tendrá unos treinta y cinco años; que la grabación puede haber estado dañada y se hicieron algunos cortes (inicio, minuto 4:17 y otros). Aún así, vale absolutamente la pena. Es impactante ver la serenidad de Arrau al final de la pieza. A diferencia de algunos de sus colegas, nada indica en él que su entrega haya comportado una esfuerzo sobrehumano que lo transportó a un mundo etéreo, desde donde deba regresar, penosamente, al mundo físico que compartimos todos.



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lunes, 12 de noviembre de 2012

Beethoven: Sonata La Tempestad (III)


András Schiff, en el Carnegie Hall, 2008. Ciclo de las 32 sonatas de Beethoven

Este es el último artículo dedicado a la narración de la sonata La Tempestad, de Beethoven. Hoy trataremos de dilucidar de qué está compuesto y cómo ha sido construido el tercer movimiento: el allegreto. Y, tal como en los movimientos anteriores (aquí está el primero, y acá, el segundo), nos apoyamos en el audio de las clases magistrales del pianista húngaro-británico András Schiff.

El tercer movimiento es un allegreto, es decir, un tempo menos rápido que allegro (rápido), de modo que el movimiento debe ser atacado a una velocidad que me atrevería a definir como "rápido pero ni tanto". Al igual que el primer movimiento, está construido en "forma sonata" manifiesta: tema - subtema - desarrollo - reexposición. Pero en oposición al primer y segundo movimientos, no hay arpegios introductorios. La pieza, escrita en 3/8 (un valsecito) comienza, digámoslo así, de una vez.

Pero antes de escuchar el primer tema, me parece importante mostrar de qué está encargada la mano izquierda en los primeros nueve compases, pues su participación contribuye en gran medida a definir el carácter de estos momentos iniciales y, si me apuran, del movimiento completo también.
Estos primeros compases (mano izquierda) no llevan pedal. Schiff hace hincapié en ello: sólo debe sostenerse la segunda nota, de las cuatro semicorcheas más corchea encargadas de acompañar. Así:


Estas pudibundas notas las escribió Beethoven, pero esperemos a que agregue la mano derecha. Nos espera una sorpresa: el maravilloso y sencillo primer tema, en re menor, la misma tonalidad del primer movimiento. Schiff aprovecha de indicar cuándo debe intervenir el pedal, y cuándo no.


El movimiento completo es un perpetuum mobile, casi sin interrupciones. Un par de notas altas en sforzando permiten una corta respiración, que anuncia nuevos bríos para el primer tema, en antesala del segundo:


El segundo tema, iniciado con la frenética repetición de dos notas, primero en brevísimas apoyaturas y luego, en octavas:


Continuación del segundo tema. Unos briosos sforzando en notas disonantes preparan la aparición de la sección de desarrollo del primer tema. (Antes, primer y segundo tema deben repetirse).


Desarrollo del primer tema. La música adquiere un carácter anhelante, tempestuoso.


El tema ya ha sido reexpuesto y nos encaminamos hacia el final no sin antes disfrutar de cierta serenidad y calma. Luego de una briosa cita del segundo tema, dos "exclamaciones" anteceden a una tercera, fortissimo, la más desesperada. A continuación, una furiosa escala cromática a dos manos nos devuelve, sorpresivamente, a la tranquilidad inicial. El movimiento termina en la más completa calma.


Usted no lo haga. Tal es la ausencia de bravura de los últimos compases, que si no conoces la pieza, no te imaginas que ha terminado. A quienes la conocen, András Schiff les dirige las siguientes palabras:



Daniel Barenboim - Sonata N° 17 Opus 31 N° 2 "La Tempestad" - 3er movimiento



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domingo, 11 de noviembre de 2012

Beethoven: Sonata La Tempestad (II)



Este artículo es el segundo de tres dedicados a realizar un modesto análisis de la construcción de la sonata N° 17 La Tempestad, con el apoyo del audio de las charlas magistrales que el pianista András Schiff dictó en 2005 en el Wigmore Hall de Londres.
De los tres movimientos que componen la sonata: Largo-Allegro - Adagio - Allegreto, el segundo movimiento, adagio, es el más largo. Una ejecución estándar dura alrededor de ocho minutos, aunque la partitura solo tiene cuatro páginas (versus las diez del tercer movimiento). Es, también, uno de los movimientos lentos más largos escritos por Beethoven para el conjunto de sus sonatas para piano.

El adagio, antes que opuesto, está más bien conectado al primer movimiento. Y Beethoven así nos lo señala desde el primer compás. La tonalidad será establecida mediante un delicado arpegio que, según Schiff, puede que haya sido incorporado en una segunda instancia. La medida, 3/4... escuchamos a Schiff contando... un - dos - tres... mientras nos introduce en una sonoridad algo oscura pero tranquila. La construcción de la música se presenta dividida, como si la cantaran alternadamente instrumentos de diferente timbre: un oboe en lo alto, por ejemplo, al que contestan cuerdas del registro bajo: violas, cellos.


Se repite el esquema con algunos cambios armónicos. Una sorpresiva nota alta, forte, unos secos acordes y brevísimos tremolando de la mano izquierda anuncian que viene algo nuevo.


El nuevo motivo es acompañado por el breve trémolo alternando en ambos registros, alto y bajo. Unas notas en staccatto anuncian que el motivo terminó.


Las notas en staccato introducen una melodía cantabile:


Luego, el tremolando adquiere una furia recatada que finalmente nos llevará a la reexposición:


El movimiento, claramente, tiene una estructura simple. Por ello, tal vez, András Schiff deja hasta aquí su exposición. Y tiene razón. La sección de desarrollo no existe. Las variantes que restan nos las ofrece Barenboim en el video: Minuto 4:28 se retoma el tema inicial pero esta vez con la mano izquierda arpegiando en vez de acompañar con acordes en solitario, agregando así algo de vivacidad a la pieza, terminando por conducir a la repetición del subtema, en una nueva tonalidad. Vuelve la calma y los brevísimos trémolos (5:07). Luego, unas notitas en staccato retoman el tema cantabile, y los trémolos regresan por última vez, la pieza está a punto de morir. Unas octavas descendentes hacen las veces de coda y la pieza finaliza en la más absoluta paz y serenidad.

Daniel Barenboim: Sonata N° 17 Opus 31 N° 2 "La Tempestad" - 2do Movimiento



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jueves, 8 de noviembre de 2012

Beethoven: Sonata La Tempestad (I)



El año 1802, Ludwig van Beethoven no pasaba por un buen momento. A sus 32 años, su sordera era un hecho, y había decidido confesárselo a sus hermanos en el célebre Testamento de Heiligenstadt, ásperas páginas donde se pregunta con dolor por qué tuvo que ocurrirle eso a él, un músico y, donde de algún modo justifica, también, la acritud de su carácter. Es el año de la composición de la sonata opus 31 N° 2, La Tempestad.

Según un biógrafo coetáneo, la enésima vez que se le preguntó a Beethoven a qué debía su nombre la sonata, respondió, molesto: "lean La Tempestad de Shakespeare". Lo más probable es que Ludwig haya contestado cualquier cosa, fastidiado por la reiterada pregunta, porque lo cierto es que la sonata Opus 31 N° 2 poco o nada tiene que ver con la obra homónima del reputado bardo.

Sonata Opus 31 N° 2 "La Tempestad"
La Sonata se compone de tres movimientos: Largo - Allegro / Adagio / Allegreto.
Todos ellos están construidos en la "forma sonata", procedimiento habitual del clasicismo y romanticismo. Utilizando dos o tres temas contrastantes en carácter, primero se "exponen" y luego se desarrollan en tonalidades diferentes; por último se realiza la "reexposición" de los temas. Todo debe confluir al encuentro con la tónica, la tonalidad inicial.

La sonata "narrada" En este artículo, el primero de tres, trataremos de "narrar" la sonata, es decir, mostrar cómo está construida, y qué elementos la constituyen. Para ello, haremos uso de los trozos que el pianista húngaro András Schiff fue tocando durante sus clases magistrales sobre las sonatas de Beethoven, de las cuales solo tenemos el audio. Al final del artículo, se presenta un video del movimiento completo, cuya atenta audición esperamos permita reconocer lo que con tanto esfuerzo hemos deconstruido András y yo.


Primer Movimiento

El comienzo de la sonata presenta dos novedades: 1. No comienza en la tónica sino en su dominante. 2. En vez del allegro tradicional, los primeros acordes muestran, en menos de un minuto, tres diferentes tempi (plural de tempo): largo, allegro y adagio (como se aprecia en la imagen).


Después de repetir el largo en otra tonalidad y saltándonos esta vez el adagio, retomamos el allegro, que nos conducirá, recién, a la clave fundamental, re menor:


Establecidos en re menor, Ludwig nos presenta el primer tema, de carácter orquestal. Tremolando, exige Beethoven para la mano que esté dispuesta a hacerlo, porque la derecha debe conducir una melodía interrogativa y anhelante (tremola la izquierda) y la izquierda debe atacar cuatro notas (mientras tremola la derecha). La mano izquierda, eso sí, después de que la derecha dejó de preguntar, está obligada a terminar la frase de las cuatro notas con una notita alta, mediante cruce de manos.


Luego, un segundo tema, del siguiente tenor (la mano izquierda dejó de tremolar, y juega con algo de melodía).


En su desarrollo, el tema se topa con unos sforzando (un énfasis repentino), de los cuales, en opinión de Schiff y en completo acuerdo con lo escrito por Beethoven, sólo el último debe tocarse fortissimo, y así nos lo recalca Schiff mientras toca. Luego, el trozo se encamina a su conclusión.


Tres amplios arpegios, muy lentos, permitirán la modulación a una nueva tonalidad, donde, súbitamente, se abre la puerta para recoger el primer tema, mediante las cuatro notas en el bajo:


Recapitulación del primer tema, en la nueva tonalidad, que enrumba por nuevos caminos, sin engarzar con el segundo tema, que Ludwig dejará para más tarde:


A continuación de unos arpegios, a esta altura hemos alcanzado la tonalidad original (se cita brevemente el allegro del comienzo). Pero se necesita llegar al segundo tema y reexponerlo en una tonalidad distinta. Beethoven hace esto mediante un recitativo (un breve canto que no comporta drama alguno) que solo se le ocurre a un genio como él, recitativo que es abruptamente interrumpido por secos acordes a los que siguen arpegios que los desarrollan, modulando, para conducir a la nueva tonalidad, donde se reexpondrá el segundo tema. Ya no queda nada por inventar, y sólo nos espera la conclusión que, desprovista de toda espectacularidad, dejamos para vuestro aplicado deleite en el video.



Daniel Barenboim - Beethoven Sonata N° 17 Opus 31 N°2 "La Tempestad" - Primer movimiento




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martes, 6 de noviembre de 2012

Cavalleria Rusticana: Intermezzo



En el campo de la música, el verismo es un estilo de ópera italiana que forjó sus inicios en 1890 de la mano de Cavalleria Rusticana, del compositor italiano Pietro Mascagni, y que llegó a su culminación a principios del siglo XX. Para su época, este nuevo estilo va a abandonar los temas históricos o míticos del romanticismo para enfocarse en un retrato realista de la vida cotidiana, especialmente aquella en la que subsisten las clases más pobres campesinos y trabajadores.

Pietro Mascagni (1863 - 1945)
Compuesta con ocasión de un concurso convocado por un editor italiano, Cavalleria Rusticana resultó la obra premiada de entre un total de 70 obras presentadas. Su estreno, en mayo de 1890 en Roma, fue un éxito rotundo. Su joven autor, de 27 años, tuvo que salir más de cuarenta veces a recibir esa noche el saludo del público. Al año siguiente era estrenada en Londres, y poco después le seguirían sus representaciones en Philadelphia, Chicago y Nueva York. A la muerte de Mascagni en 1945, la obra había gozado de un número cercano a las catorce mil representaciones solo en Italia.

Opera en un solo acto, Cavalleria Rusticana (algo así como "Honor de Campesino", en traducción libre) se sitúa en Sicilia, durante la fiesta de Pascua. Sus personajes son aldeanos y campesinos que lidian en torno a un amor no correspondido y la sanción a una mujer non sancta por parte de una sociedad pacata.
El fragmento más popular de la obra es un preludio o Intermezzo que la orquesta ataca en un momento en que los personajes han abandonado la plaza donde estaban congregados para entrar a la iglesia.

Este Intermezzo, y cómo no, la obra completa, siguen siendo muy populares en nuestros días. Abundantes versiones cinematográficas se han hecho de ella y escenas de su representación fueron incluidas en la película El Padrino III, de Coppola. Igualmente, en Toro Salvaje, de Martin Scorsese, parte importante de la banda sonora se apoya en el Intermezzo.

El video muestra escenas de una terraza, desolada (como la plaza, en la obra), a orillas del mar. Se trata de la Terrazza Mascagni, ubicada en Livorno, Italia, reconstruida después de la segunda guerra mundial y luego rebautizada en homenaje a Pietro Mascagni, natural de Livorno.


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domingo, 4 de noviembre de 2012

Rachmaninof: Preludio en do menor



Sergei Vasilievich Rachmaninof fue una celebridad temprana. En 1893 acababa de cumplir los veinte años y, recién terminados sus estudios en el Conservatorio de Moscú, asistía al estreno, exitoso, de su primera ópera, Aleko, un trabajo de fin de carrera que, amén del premio Medalla de Oro del Conservatorio, mereció el entusiasta reconocimiento de su compatriota Piotr Ilich Tchaikovski.

La ópera, sin embargo, ha llegado con dificultad hasta nuestros días. Exactamente lo opuesto sucedió con una obra para piano, breve, de 4 minutos de duración, compuesta en la misma época: su celebérrimo Preludio en do menor, el primero de un total de 27 preludios que Rachmaninof va a componer a lo largo de toda su vida. A este primer preludio se debe, también, que su celebridad fuera reconocida tan tempranamente.

Sergei Rachmaninof (1873 - 1943)
Para 1917, Sergei era un virtuoso del piano conocido en toda Rusia y solicitado por los teatros más reputados de Europa. Así, pues, la revolución bolchevique de ese año sólo vino a complicar las cosas para la familia Rachmaninof. Aprovechando una providencial invitación a realizar una gira por los países escandinavos, Sergei y su familia abandonaron Rusia en la navidad de 1917 para no regresar jamás.

En noviembre de 1918 estaba instalado en Estados Unidos, país donde sus giras de concierto se incrementaron a tal punto que el mismo Rachmaninof se refiere a esta época de su vida como un "perpetuum movile". Y a propósito, los tres mil dólares que ganaba por cada presentación facilitaron que prendiera en él una pasión curiosa: Sergei se aficionó a los automóviles, pasión que en su nueva patria podía satisfacer cómodamente. Aunque había algo que lo molestaba: la infaltable petición del público, al término de cada concierto, porque interpretara el Preludio en do menor, que "por desgracia he terminado por tocarlo sin pensar".
Y el fervor no ha disminuido. La película de 2011, Limitless, con Robert de Niro, contiene una escena en que el protagonista ensaya el preludio.

La versión es del gran maestro ruso Emil Gilels.



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miércoles, 31 de octubre de 2012

The People United will Never be Defeated


Celebración del triunfo de Salvador Allende, en Chile, 1970. Arpillera.

A mediados de los años ochenta, el autor de este blog vivía en Caracas, Venezuela. Como le gustaba la música, solía acercarse a una feria del disco que quedaba en Chacaíto, y se paseaba largo rato por sus estanterías sin comprar nada. Una tarde se encontró de sopetón con una carátula que ponía en el título "The People United will Never be Defeated". Parecía chiste. Pero no. Se trataba de la edición norteamericana del disco del grupo chileno Quilapayún, que contenía el himno y posterior símbolo universal de la lucha de los movimientos sociales "El pueblo unido jamás será vencido", del compositor chileno, Sergio Ortega, fallecido en París, el 2003.

Sergio Ortega (1938 - 2003)
Para ese año, 2003, la popular Wikipedia tenía apenas dos años de vida. Si Ortega viviese hoy, podría "googlear" exactamente el título de su composición, en inglés y, a diferencia de este bloggero, no se sorprendería al ver que la primera entrada ofrecida por el buscador es la correspondiente a Wikipedia, conducente a un extenso artículo sobre la obra para piano así llamada, The People United will Never be Defeated, del compositor y pianista Frederic Rzewski, nacido en Massachussetts, en 1938, y cuya obra en su conjunto está inspirada mayormente por las luchas sociales de nuestro tiempo.


La obra es prácticamente desconocida en Chile, aunque tiene larga data. Apenas tres años después del golpe de estado que derrocó a Salvador Allende, el conjunto de 36 variaciones para piano sobre el himno de Sergio Ortega tuvo su estreno en el JFK Center for the Performing Arts, en Washington, a cargo de la virtuosa americana Ursula Oppens, quien la solicitó a Rzewski como complemento moderno para su performance de las Variaciones Diabelli de Beethoven.
La obra, de alrededor de cincuenta minutos de duración, apela en buena parte a la escritura romántica del siglo XIX, no obstante su amplio uso de lenguaje y técnicas propios del siglo XX. Se presentan aquí el tema y las primeras diez variaciones, interpretadas por su autor, Frederic Rzewski.



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martes, 30 de octubre de 2012

JS Bach: Preludio para cello solo



Es muy probable que sin la colaboración inapreciable de Anna Magdalena Bach, no hubiésemos conocido las Seis Suites para cello solo de Juan Sebastián, pues los manuscritos originales terminaron perdidos y tuvo que ser Anna Magdalena quien, voluntariosamente, por las noches a la luz de una vela, decidió hacer de ellos una copia, por ahí por 1722, poco después de que Bach casara con ella luego de enviudar de su primera esposa, Maria Barbara.

Bach, de 32 años, había llegado a la pequeña corte de Köthen en 1717, para desempeñarse como maestro de capilla al servicio del príncipe Leopoldo, un gran amante de la música y músico él mismo con quien, en una primera época, Juan Sebastián hizo muy buenas migas. El príncipe, calvinista, consideraba que los servicios religiosos no requerían de música especialmente elaborada, y por ello, la obra de Bach de aquel período se orientó hacia la música instrumental pagana. De aquella época son las Suites Orquestales, las Seis Partitas para violín y las Seis Suites para cello solo, cuya escritura obedecía  a la influencia francesa ejercida por las cortes más distinguidas y exquisitas de aquel tiempo, por ejemplo, la de Versalles, sobre la cual, dicho sea de paso, caerá la ira del Señor setenta años más tarde.

Pero antes, las suites harán las delicias de la modesta corte de Köthen. Conformadas por una sucesión de danzas con nombre francés de no más de dos o tres minutos de duración (courante, gavotte, sarabande, menuet, polonaise, bourré, passepied, o giga), las encabeza un primer movimiento que por lo general es el más importante: la overture o preludio.

Preludio para cello solo en el cine
El Preludio de la primera de las Seis suites para cello solo, es precisamente una de las piezas de Bach incorporadas en la película del año 2007 del realizador catalán Pere Portabella, El silencio antes de Bach, un caleidoscopio de atractivas escenas con fragmentos de la vida de Juan Sebastián engarzados magistralmente con el mundo de hoy. Uno de los momentos más novedosos es el que se desarrolla en los carros del Metro, donde 20 o 30 cellistas interpretan el Preludio de la Suite N° 1 mientras el tren sale de los túneles ingresando a un andén vacío, para luego cruzarse con otro tren, cuyo traqueteo no se silencia, creando la sensación de que ha surgido un nuevo preludio, uno para 30 cellos y carro de metro, sobre un motivo original de JS Bach.



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miércoles, 24 de octubre de 2012

Donizetti: "Una furtiva lágrima"




El estilo vocal conocido como bel canto nació en el siglo XVII, floreció durante el XVIII y va a alcanzar su máximo esplendor y desarrollo en el primer tercio del siglo XIX, con las obras de los maestros italianos Gioacchino Rossini (n. 1792), Gaetano Donizetti (n. 1797) y Vincenzo Bellini (n. 1801), quienes lograron conjugar la pureza de la voz y el virtuosismo técnico propios del bel canto barroco con una nueva elocuencia que el temprano romanticismo comenzaba a alentar: la expresión y manifestación de las emociones humanas.

Gaetano Donizetti (1792 - 1848)
Rossini, el mayorcito, sorprendió a medio mundo cuando decidió abandonar los escenarios para siempre, luego de componer su última ópera en 1829, pero dejó así el camino abierto a sus colegas para que éstos cimentaran un estilo propio. Sobre todo para  Donizetti, pues cuando su jovencísimo camarada Vincenzo Bellini abandonó este mundo, Gaetano se encontraba en la etapa de su vida en que su fama y reputación se hallaban en la cúspide. Para 1835, año de la muerte de Bellini, Gaetano Donizetti había compuesto cuatro de sus más grandes obras, si no parejamente saludadas por la crítica, al menos popularmente exitosas: Anna Bolena, El elixir de amor, Lucia di Lammermoor y Lucrezia Borgia, y le quedaba por componer La fille du régiment, otro gran éxito, de público y crítica.

El elixir de amor, ópera cómica en dos actos estrenada en Milán en 1832, es una de las obras de Donizetti que en nuestros días se interpreta con mayor frecuencia. Su aria más célebre es la romanza para tenor, Una furtiva lágrima, correspondiente al segundo acto. Tal es su resonancia hoy que Woody Allen no dudó en incluirla en la banda sonora de su película "Match Point", de 2005, lo que llevó a otro director a hacer lo mismo en un film más reciente "Los amantes".

Nemorino, ingenuo campesino enamorado de una muchacha rica y adinerada, ha caído en el engaño de un charlatán que viaja pueblo tras pueblo vendiendo una pócima mágica para conquistar el corazón de la amada, que no es más que una buena cuota de vino de Burdeos –"el elixir de amor". Nemorino ha tomado un buen trago sólo para comprobar que no ha surtido ningún efecto en su enamorada. Pese a todo, le ha parecido que su amada soltó una lágrima cuando lo vio alejarse, desencantado. Señal de que lo aman, piensa. Y por eso canta.

La versión, la mejor disponible, por lejos... Pavarotti, saludado por un minuto y medio de aplausos.



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martes, 23 de octubre de 2012

Chopin: "Sonata Fúnebre"



Al regreso del desafortunado viaje a Mallorca, la "familia" conformada por George Sand, sus dos hijos y Frédéric Chopin, luego de una escapadita a Ginebra donde el clima les fue adverso nuevamente, recalaron finalmente en Nohant, la casa veraniega de George Sand, en mayo de 1839.
La casa, de estilo Luis XV, no era una mansión pero contaba con todas las comodidades a que se podía aspirar en el siglo XIX. Hasta allá llegaban año a año a disfrutar de la campiña, personalidades de la talla de Balzac, Délacroix, Liszt y su pareja Marie d'Agoult, la célebre cantante Pauline Viardot-García, otra gran cantante, amiga de la Sand y probable enamorada, Marie Dorval.

El verano de 1839 no fue distinto. La Sand está feliz, rodeada de sus amistades, y en compañía de "sus tres niños". En la hermosa campiña, la vida transcurre apaciblemente entre el cantar de alondras y ruiseñores. Los invitados son libres de hacer cuanto les plazca, hasta la hora de la cena. La Sand los atiende en la medida en que sus obligaciones lo permiten pues debe escribir una novela tras otra –la pensión que recibe de su ex esposo no alcanza para pagar la casa.

El nuevo huésped, Frédéric, se levanta tarde. Desayuna solo, en su dormitorio. Luego pasea, escribe cartas. Después de la cena, toca el piano para los invitados, acompaña a la Viardot o ejecuta un fragmento a cuatro manos con Solange, de once años, a quien da lecciones. También compone, o corrige lo que en Mallorca logró ser esbozado, pese a las circunstancias. En carta a su amigo Fontana, le cuenta que trabaja duro en la sonata en si bemol menor, "que contiene la marcha fúnebre que ya conoces". Efectivamente, Chopin ha decidido incorporar a ésta, su segunda sonata, una "marcha fúnebre" compuesta dos años antes. Los restantes tres movimientos serán terminados en Nohant, ese verano de 1839.

La versión es del pianista ruso, Alexander Ghindin.  Tokio, abril de 2006.



Primer Movimiento. Grave - Doppio movimento 
Cuatro imponentes compases introducen el primer tema (doppio movimento: al doble de la velocidad precedente). Segundo tema: más lírico, en el minuto 1:03. Se le reclamó a Chopin no obedecer las normas de la escritura pianística de un primer movimiento de sonata: la recapitulación de los temas es incompleta... falta de manejo de las formas tradicionales... Prefiero pensar que a Frédéric todo esto le importaba un rábano. Final brillante.





Segundo Movimiento. Scherzo  
La palabra italiana scherzo significa "broma", "juego", o "charada". En Nohant, algunas noches, las hubo en abundancia. El teatro de marionetas era la gran diversión: los muñecos de tela los confecciona la Sand; Solange y Maurice, son los actores tras bambalinas; Frédéric, cuando no hace de mimo, acompaña al piano, improvisando. Ha sido su idea y es cuando juega. En la música no. Sus scherzos no son de naturaleza alegre, y así lo dejó estampado en las cuatro piezas independientes que llevan ese nombre. Tampoco es el caso de este trozo. Minuto 1:15: un tema lírico, que se vuelve a citar muy brevemente en 6:11, con lo que finaliza el movimiento, en completa quietud.





Tercer Movimiento. Marcha fúnebre 
De estructura tripartita, ABA, es decir, primer tema - segundo - vuelta al primer tema. La famosísima Marcha Fúnebre de Chopin, que ha servido para decir adiós a cuanta personalidad se despide de este mundo, de todos los colores. Por su parte, el segundo tema, chopiniano hasta la médula (minuto 2:33), ha sido utilizado en versión abreviada por más de un pianista de lobby me consta para darse un respiro entre Bésame mucho y My way. Hasta donde sé, nadie reclamó por hacerles escuchar la marcha fúnebre de Chopin mientras bebían, a pequeños sorbos, su bloody mary, encantados de la vida.
Cuarto Movimiento. Finale - Presto. (7:07) Este breve trozo de cierre asombró a la audiencia, y musicólogos de otro siglo hablaron de atonalidad precoz. Chopin, en cambio, sólo dijo que: "...después de la marcha, la mano izquierda parlotea al unísono con la derecha...".

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jueves, 18 de octubre de 2012

El Danubio Azul, paso a paso



El hijo superó al padre largamente. Al padre lo recordamos por la Marcha Radetzky. Al hijo, por las más de 500 piezas bailables, entre las que se cuentan más de cien valses y otras tantas polkas y marchas, compuestas entre 1840 (a los quince años) y 1899, año en que lo alcanzó la muerte, mientras se aplicaba a la composición de un ballet. Johann Strauss, hijo, es el gestor de la empresa que logró llevar el vals desde su condición original de danza campesina hasta su conversión en una pieza musical bailable consentida en la corte de los Habsburgo, en Viena, a mediados del siglo XIX.

Johann Strauss (1825 - 1899)
Su pieza bailable más célebre es, desde luego, el vals En el bello Danubio azul, cuyo nombre de batalla, "Danubio azul", no resulta desconocido para nadie. La obra fue compuesta a pedido:  un vals cantado que hiciera a los vieneses olvidar la derrota reciente sufrida a manos de Prusia, durante la guerra de pintoresco nombre, la "guerra de las siete semanas", del año anterior, 1866. La obra no gustó. Tampoco Johann le tenía mucha confianza: "no era suficientemente pegajosa", se autoculpó. Sin embargo, poco después, invitado Johann a dirigir en París, decidió incluir en el programa este vals malquerido, pero sin los coros. Fue un éxito rotundo. Hasta el día de hoy.

El famoso vals, por supuesto, celebra la incomparable belleza del larguísimo río Danubio, que cruza por cinco capitales de Europa y que en alguna época habrá sido azul, aunque, casi de seguro, tampoco lo era en tiempos de Strauss. En el siglo XX, fue presa de un joint-venture entre ni más ni menos que Rumania y la ex Yugoslavia con el fin de construir una represa, ahí, en el mismísimo y "bello Danubio azul". Las obras comenzaron en 1964 y a su término, en 1972, se alzaba junto a la represa la segunda mayor central hidroeléctrica de Europa. No se supo de manifestaciones ni redes sociales que reclamaran por un "Danubio sin represas".

La versión es de la Filarmónica de Viena, año 2009. El vals está conformado por cinco pequeños valses. Su ligazón y desarrollo se detallan más abajo. Lo hemos escuchado miles de veces, no está de más saber de qué está hecho.




00: Introducción, largo, delinea con delicadeza el inconfundible tema principal.
0:42  Pasaje en forte, majestuoso, que rápidamente baja su intensidad para volver luego al reposo de los primeros compases.
1:38  Luego de un breve accelerando en 1:17, el ritmo se enlentece y tres notas descendentes en stacatto a cargo de las cuerdas dan la bienvenida a la melodía principal.
1:45  Sección 1A. El celebérrimo motivo encargado a cellos y cornos, acompañados del arpa, en re mayor.
2:27  Sección 1B.  En la misma tonalidad, un tema algo juguetón.
2:42  Sección 2A. Se desliza un nuevo tema, tranquilo, sin ampulosidades.
2:58  Sección 2B. Subtema, melodioso, a cargo de los violines. Vuelve a 2A.
3:29  Sección 3A. Nuevo tema, algo más vivo, en sol mayor. 
3:58  Sección 3B. Un melódico pasaje de corcheas; después de su repetición, llevará a una briosa intrata (4:27) que conduce a:
4:37  Sección 4A. El pasaje más sensual, o romántico. Su repetición conduce a:
5:15  Sección 4B. Un momento más vivo, en la misma tonalidad.
5:41  Brevísima intrata que llevará a:
5:51  Sección 5A. Una melodía conmovedora. Su repetición finaliza con otra intrata que llevará al clímax.
6:24  Sección 5B. El clímax, marcado por vibrante choque de platillos (momento propicio para recorrer el salón de punta a cabo, a grandes saltos si es posible).
6:52  Comienza la coda. Se citan las primeras secciones (3A y 2A), luego furiosos acordes dan entrada a la recapitulación del romántico trozo 4A (7:34).
8:08  Un silencio que dura un compás completo antecede a la repetición del tema inicial, 1A, muy lento, que va a sufrir un corte abrupto en 8:49, para dar paso a la codetta final, sobre la base de una ingeniosa variación de 1A.
9:25  Pasaje en accelerando. Rápidas corcheas, sonoramente subrayadas por redobles de la caja, suben y bajan para luego enrumbar con determinación hacia los tres acordes finales.

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