martes, 21 de diciembre de 2010

El niño Ludwig van Beethoven


Exterior de la casa natal de Beethoven, en Bonn
(al fondo)
Ludwig agrupó sus tres primeras sonatas en el Opus 2, publicadas en Viena en 1796 y compuestas posiblemente entre 1787 y 1790, en Bonn. Se observa en ellas una clara influencia de Haydn y Mozart, sin embargo, el adagio de la sonata N° 3 en do mayor sugiere un cierto carácter romántico, que el maestro Claudio Arrau (*) se encarga de poner de manifiesto en la estricta versión que presentamos. Y lo hace de manera sublime. Lo que parece fácil en música, puede no serlo en absoluto.

* (Agregado el 24.08.2011: He debido reemplazar la versión de Arrau porque el video fue quitado por incumplimiento de las normas por parte del administrador de la cuenta de Yt. Logré conseguir una excelente versión de Arturo Benedetti Michelangelli que, por cierto, también puede ser calificada de sublime).

Si la sonata Claro de Luna contiene la apostilla "si deve sonnare tutto questo pezzo delicatissimamente", la profunda y sencilla belleza de las notas de este adagio exige del oyente que ascolte tutto questo pezzo delicatissimamente.



La familia del niño
El abuelo de Beethoven, que no se llamaba Ludwig pero sí Louis, se estableció en Bonn por allá por 1730, proveniente de Holanda, con alguna certeza. Destacado violinista, ocupó allí el cargo de músico de la corte y posteriormente el de maestro de capilla, recibiendo por ello unos estipendios raquíticos que decidió engrosar con la instalación de un negocio de vinos. Mala idea.
No hacía mucho había desposado a Maria-Josepha, una alemana dulce y melancólica, talvez más melancólica que dulce pues al poco tiempo se aficionó a la bebida y años más tarde murió alcohólica.

El matrimonio tuvo un solo hijo, Johann, que heredó de su padre las dotes musicales y de su madre la afición a la ingesta de buenos mostos. Johann casará a su vez con la hija del cocinero de la corte, a quien conoce mientras ocupa la plaza de tenor en el coro de la capilla del príncipe. El abuelo Louis, aun cuando se opuso al matrimonio debido a la baja extracción social de María Magdalena, finalmente terminó tomándole cariño porque fue testigo de los esfuerzos de su nuera por enrielar la disipada vida de su hijo Johann.

Del matrimonio sólo llegarán a la vida adulta tres varones. El hermano mayor es Ludwig, y por lo mismo, será el encargado de acudir a la prisión para identificar a su padre entre los borrachos detenidos.
Pero como Johann no habrá pasado todo el tiempo bebido, bien pronto se percatará de que su hijo si bien no poseía un talento musical innato –como sí fue el caso de Mozart– tenía en cambio unas habilidades asombrosas para el arte de la interpretación. Y decidió entonces encerrarlo todos los días en una habitación, a practicar sus lecciones, de donde solo podía salir cuando demostrara habérselas aprendido.

Johann pretendía replicar a Leopold Mozart pero sin genio ni grandeza, sólo con brutalidad extrema: no faltó la ocasión en que, de regreso de una juerga, bien entrada la noche, hizo levantar a su hijo de la cama para que tocara el clave ante sus amigos bohemios.

Su aprendizaje musical será un deber antes que un deseo, un tormento antes que vocación innata y entusiasmo creador. Una obligación impuesta, que Ludwig, diligentemente, irá transformando en su refugio íntimo, estrictamente personal, el único lugar desde donde podrá irrumpir su genio creador.

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viernes, 17 de diciembre de 2010

El joven Beethoven: los buenos tiempos Sonata Patética - 1er mov.


Vista de la calle Graben, en Viena, por la época en que Beethoven la visitó
por primera vez, en 1787

Para el año 1800, en Viena, Beethoven ya se había hecho de un nombre como pianista y compositor. Entre su círculo de relaciones se contaban príncipes y condes a cuyos palacios era invitado con frecuencia. La invitación era a disfrutar de una agradable velada musical vespertina, pero no faltó la ocasión en que Ludwig se apersonó premunido de su gorro de dormir, por si lo dejaban pasar allí la noche.
Uno de sus mejores amigos, actor infaltable en esas veladas, era el príncipe Franz von Lichnowsky y a él le fue dedicada, entre otras piezas, la sonata llamada "Patética", publicada en 1799 y que ya en esa época recibió una llamativa respuesta popular.

El primer movimiento, allegro molto e con brio, se inicia con una introducción señalada Grave: unos compases sombríos y dolientes se alternan entre el forte y el piano y, tras una rapidísima cascada cromática, van a enlazar y a entremezclarse a la perfección con el allegro propiamente tal.

Sonata Opus 13 "Patética" - Primer movimiento - Piano: Krystian Zimerman



Beethoven había llegado a Viena en el año 1792, a los 22 años. Haydn, de paso por Bonn, le había invitado a tomar clases con él en Viena pero las personalidades tan disímiles hicieron difícil la relación profesor-alumno. Intentó con otros músicos con igual suerte y finalmente fue con el director de ópera Antonio Salieri, maestro de capilla de la corte y presunto envenenador de Mozart, con quien terminó tomando lecciones por espacio de más de 8 años. La relación fue fecunda y es por ello que al momento de publicar la Patética –y si se omite el asunto de su sordera incipiente– el joven Ludwig vivía sus mejores años, plenamente integrado a la sociedad vienesa, en compañía de sus amigos nobles y con la posibilidad nunca vista hasta entonces de "enamorarse de sus hijas", según señala un biógrafo.

Pero frecuentar estas amistades no era gratis. Había que tener lacayos y vestirse bien, cuestión esta última que no siempre conseguía, debido a que era algo rechoncho, por lo que debía hacer un esfuerzo mayor que el común de los mortales y esto significaba dinero.
Pero el dinero no era problema para Beethoven, al menos no lo fue a partir de los años 80. Sus ingresos provenían de cuatro fuentes principales: las actuaciones en público como pianista; la enseñanza, campo en el que buscó una clientela lo más selecta y acomodada posible; la organización de conciertos con obras propias o ajenas; y finalmente, la publicación de sus obras, que sus editores se disputaban a brazo partido, según él. En carta a su amigo médico Wegeler, quien finalmente le ganó la partida en la carrera por la seducción de Eleonore von Breuning, nos cuenta:
"Mis composiciones me proporcionan buenas cantidades de dinero, y tengo varios encargos pendientes de realización. Aún más, para cada obra nueva tengo seis o siete editores, incluso más, entre los que escojo aquellos que más satisfacen a mis intereses; no necesito firmar contrato con ellos; expongo mis condiciones y ellos me pagan de inmediato".
Ser músico no implica ser siervo, parece ser su lema, y por ello el maestro de Bonn buscará sin tregua procurarse la calidad de vida y consideración social que estima imprescindibles para un artista de su talla. Ha nacido el músico romántico.

En la imagen, grabado de Beethoven improvisando al piano para sus amigos. De pie, tras el maestro, el músico y gran pedagogo del piano, Karl Czerny; en primer plano, a la izquierda, el príncipe Lichnowsky; a su lado, el príncipe Lobkowitz; a la derecha, el barón Van Swieten.
El maestro no podría quejarse de que no le prestaban atención.


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lunes, 6 de diciembre de 2010

Beethoven: "Claro de luna" - Adagio

 

La cantante de ópera Magdalena Willmann a quien Ludwig van Beethoven alguna vez propuso matrimonio, respondió así, años después de la muerte del maestro, ante la pregunta de por qué le había rechazado:
"Porque era muy feo y estaba loco".

No conocemos a Magdalena pero al parecer no se guardaba nada. Exageración o no, lo cierto es que la relación de Beethoven con las mujeres nunca fue sencilla, sino más bien compleja y algo torpe. Tampoco ayudaba la dureza de sus facciones, probablemente picadas de viruela, como muchos de sus contemporáneos.

Amén de la cantante, la lista de candidatas a "señora Beethoven" es larga: la condesa Giulietta Guicciardi, las dos hermanas Therèse y Josephine von Brunswick, Therèse Malfatti, Bettina Brentano, Amalie Sebald y un inquietante etcétera.

Ninguna de ellas logró ser desposada por el maestro de Bonn, a pesar del empeño que le puso. La Guicciardi, incluso, tuvo el honor de recibir la dedicatoria de la sonata más famosa de Beethoven, la popularmente conocida "Claro de Luna".

Sonata N° 14 Opus 27 N°2 - Adagio sostenuto - Piano: Wilhelm Kempff


Giulietta contaba con 17 años cuando comenzó a tomar clases con el joven Beethoven, arribado a Viena en 1793. No era muy bonita pero sí encantadora. Al cabo de unos meses de mutuas enseñanzas, Ludwig cayó rendido ante el embrujo de la contessina, para quien –hemos de lamentar– este joven pianista de 23 años que recién se abría paso en la sociedad musical vienesa, era muy poca cosa.

Pero Ludwig no le tomó rencor. Y la sonata, compuesta en casa de los Brunswick en 1801 (donde pasó una temporada, mirando de reojo a las dos hermanas ya nombradas) y publicada en 1802, le fue dedicada a la condessina con todo cariño aunque con un error de imprenta: "... composta e dedicata alla damigella contessa Guilietta Guicciardi".

Adagio sostenuto. Comienza la melodía.

El movimiento con que se inicia la sonata representa una ruptura con el molde clásico. En vez de la tradicional estructura de movimientos: rápido - lento - rápido, podemos oír aquí que Beethoven ha optado por comenzar con un adagio muy lento, que lleva precisamente la indicación: adagio sostenuto. Una bella y simple melodía sobre un fondo de tresillos.

El título popular de la sonata, "Al claro de luna", se debe a un poeta y crítico musical de la época, Heinrich Rellstab, quien comparó el adagio con un claro de luna sobre el lago de los Cuatro Cantones, en Suiza. En su gran mayoría, los títulos con que se han popularizado las sonatas de Beethoven, deben su nombre a los editores o a uno que otro entusiasta poeta romántico.

En los últimos compases, es la mano izquierda la que toma, en el registro bajo, el sol sostenido con que empezó el canto (4:47).

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