lunes, 11 de septiembre de 2017

Schumann: Romanza opus 28 No 2


Las Tres Romanzas del opus 28 de Robert Schumann fueron escritas en 1839 con la intención de conformar una obra que debía ser interpretada en conjunto. Pero ayer y hoy, hubo una pieza que se ganó el favor del público, la No 2, que los pianistas acostumbran presentar hoy como pieza independiente.
El Opus fue dedicado a un tal Graf Heinrich II Reuss-Köstritz, un completo desconocido hoy. No lo habrá sido tanto para Clara Wieck (futura Clara Schumann) porque, encantada con el lirismo que derramaba la segunda pieza, no quedó muy contenta con que le fuera dedicada al hoy ignoto noble Graf Heinrich y no a ella. Y así se lo hizo saber a Schumann:

"…siendo yo tu novia, debes obligadamente dedicarme algo más, aunque no conozco nada más tierno que estas tres romanzas, en particular la del medio, un hermoso dueto de amor". Sí, Robert no las dedicó a Clara pero en cambio se las envió como regalo de Navidad, en 1839, y así las conoció Clara, casi "de oídas". Sabemos que Clara ya era por aquella época una extraordinaria pianista que pasaba la mitad del año en gira por Europa. Robert entendió que las tres piezas no eran dignas de una artista de tal categoría.

Quizá las Tres Romanzas no estaban a la altura de Clara pero ello no fue obstáculo para que Robert las tuviera en gran estima. Con el paso del tiempo, la Romanza "del medio" se constituyó en una de sus obras breves más populares. De más está decir que Clara contribuyó a ello significativamente, dando a conocer las Tres Romanzas a públicos de media Europa. Así se ganaron un lugar seguro en el repertorio pianístico, junto a las obras anteriores de Schumann de mayor envergadura, digamos Carnaval (1835) o Kreisleriana (1838).

Romanza No 2 del Opus 28
Es una pieza relativamente breve. Con sus 34 compases, repeticiones incluidas, no sobrepasa los cuatro minutos de duración en las versiones estándar. Su métrica ternaria de 6/8 (seis corcheas por compás) le imprime a placer el sabor de una barcarola cuyo bello lirismo se desvanece al final en síncopas que mueren, piano y pianissimo.

La versión es de la pianista suiza Luisa Splett, parte de cuyos estudios los realizó, curiosamente, al sur del mundo, en Santiago de Chile.


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martes, 5 de septiembre de 2017

Mozart: Sonata en Do menor, K 457


En un arranque de compostura y equilibrio, a principios de 1784 Wolfgang Amadeus Mozart inició un minucioso registro de sus obras. Gracias a ello, sabemos hoy que la Sonata No 14 en Do menor fue terminada el 14 de octubre de ese año. Al menos, con esa fecha ingresó a su catálogo privado. Seis meses después, Mozart incorporó a este registro una nueva obra para piano, la Fantasia en Do menor. Ambas piezas fueron entregadas en 1785 a su editor en Viena, la casa editora Artaria, para ser publicadas en conjunto como Opus 11, con el título "Fantasie et Sonate pour le Forte-Piano", y dedicado el opus a Therese von Trattner.


Por razones que nunca se han dilucidado del todo, mientras los Mozart vivieron en Viena se mudaron en numerosas oportunidades. Los años 1784-85 los encontramos alquilando una casa propiedad de Johann von Trattner, librero y editor vienés que había construido un pequeño imperio al interior del otro imperio gracias a un privilegio otorgado por Maria Teresa que le confería la exclusividad para imprimir todos los libros de texto que las escuelas de Austria y sus alrededores requerían.

Von Trattner era, pues, un impetuoso y acaudalado empresario, un prominente miembro de la naciente burguesía que para disfrute y solaz de la familia podía adquirir sin titubear un moderno forte-piano... Un costoso Stein, por ejemplo, el piano preferido de Mozart al que sin embargo jamás accedió. A menos que el piano de la familia Trattner haya sido precisamente un Stein. Sí, porque como correspondía a sus intereses y condición social, Therese, la mujer de Trattner, se convirtió en alumna de Mozart. Y a ella está dedicada la sonata, y la fantasía, claro está, para dar más vuelo a la ofrenda.

La sonata en Do menor es la última de las cinco sonatas agrupadas en un periodo "sonatístico" que va desde 1782 (Mozart recién instalado en Viena) hasta 1784, producción que no tenía otro objetivo que componer para la propia satisfacción o para la práctica de sus alumnos, consciente Mozart de que la forma sonata era la más completa de las formas musicales "hogareñas", la traza de piezas destinadas al regocijo y solaz de las familias, en un plano íntimo. Therese von Trattner, suponemos, no habrá desentonado.

Sonata No. 14 en Do menor, K. 457
El mismísino Ludwig von Köchel, compilador de la obra de Mozart de mediados del siglo XIX, catalogó la obra como la sonata para piano más importante de las veintidós compuestas por el genio de Salzburgo para piano solo. Con alrededor de quince minutos de extensión, exhibe una pasión e intensidad poco habituales en Mozart (hablamos de sus sonatas), prefigurando lo que el género llegará a ser más tarde en las manos del genio subsiguiente, Beethoven. Es más, en el noble y sufriente adagio cantabile no resulta difícil oír "anticipos" del adagio de la Sonata Patética, que verá la luz quince años más tarde.

Movimientos
Como todos los conciertos para piano de Mozart, está estructurado en tres movimientos siguiendo el esquema clásico: rápido-lento-rápido.
00:00   Allegro
05:13  Adagio cantabile
11:35  Allegro assai

La versión es del notable y excéntrico pianista austriaco Friedrich Gulda, muerto por segunda vez en Viena en 2000. Sí, pues hacía un año, el día anterior a un concierto, el artista que jamás se vistió de gala para presentarse en público anunció su muerte de mentirijillas con el solo fin de contemplar el desconcierto del público cuando lo viera aparecer en escena, ese día.


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jueves, 31 de agosto de 2017

Chopin: Variaciones Brillantes opus 12


Hasta donde sabemos, a Chopin jamás se le ocurrió componer una ópera. Pero era un gran aficionado a ella. Durante sus primeros años en París, pasó innumerables veladas en la Opéra. Allí escuchó a Rossini, Meyerbeer, y Ferdinand Hérold, este último un autor menor que sin embargo dejará una huella en el compositor polaco. Las fiorituras y "gorgoritos" (son sus palabras) de sopranos, mezzos, tenores y bajos de la época, conquistaron su admiración entusiasta al punto que, comentando su solaz con la ópera parisina, llegó a escribir: "...¡En una palabra, solo aquí se puede saber lo que es el canto!".

En mayo de 1833, asistió a la Opéra Comique para una representación de "Ludovico", la última de numerosas óperas cómicas escritas por el mentado Hérold. La obra no obtuvo el reconocimiento del público, ni entonces ni ahora. Pero sí ganó notoriedad, durante algún tiempo, una de sus arias, la cavatina que comienza con las palabras Je vend des scapulaires ("Vendo escapularios"). La tonadilla, simple y sencilla como pocas, llamó, no obstante, la atención de Chopin.

Ese mismo año el genio polaco había publicado el Concierto en mi menor, terminado los tres Nocturnos del opus 9 y terminado y publicado los doce Estudios del Opus 10. ¿Por qué afanarse en elaborar para el piano una tonadilla tomada de una obra menor?

Recordemos que por esos años las clases medias habían decidido que también querían escuchar música. Los gustos parisienses eran variopintos, y los conciertos públicos debieron reflejarlos: a la tradicional entrega de un par de sinfonías o conciertos (o parte de ellos, más bien) y la presentación de uno o más cantantes en medio de allegros scherzos, se sumaron los pianistas compositores que entre arias y cavatinas engalaban la función con sus variaciones o fantasías sobre trozos operísticos populares. Es lo que hacían un Liszt, un Thalberg, o Kalkbrenner. Chopin, un recién llegado, debía ponerse a la moda.

Así, gracias al músico polaco, el nombre de Ferdinand Hérold se salvó de caer completamente en el olvido. Chopin tomó la cavatina como tema y sobre éste dibujó sus Variaciones Brillantes op 12, cuyo título original es algo más extenso.

Variaciones brillantes sobre "Vendo escapularios" de la ópera "Ludovico" de LJF Hérold, opus 12
Las Variaciones, en Si bemol mayor, exhiben la forma al uso: introducción, tema y, en este caso, cuatro variaciones. Su calificación de brillantes obedece, una vez más, al gusto parisino, la afición por un estilo "brillante" (y las Variaciones lo son, sin duda). La obra fue publicada algo más tarde, en 1837, quizá con la cavatina ya olvidada y Chopin, sin proponérselo, encargado de su rescate.

Muy breve, con extensión aproximada de 8 a 9 minutos, son sus secciones (sin interrupción):
00:00  Introducción: Allegro maestoso
01:30  Tema - Allegro moderato
03:19  Scherzo
04:11  Lento
06:09  Scherzo vivace

La versión es de la pianista nacida en Hong-Kong, Tiffany Poon.



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martes, 29 de agosto de 2017

Henri Dutilleux: Sonata para piano


No obstante haber vivido una larga existencia que lo llevó a cruzar por entero casi todo el siglo veinte, al compositor francés Henri Dutilleux no le alcanzó el tiempo para producir una obra extensa y numerosa. Integran su catálogo no más de treinta composiciones, pero una parte sustancial de ellas es considerada hoy como un ramillete de obras maestras de la literatura musical de Occidente, herederas escrupulosas de la tradición francesa representada por Debussy y Ravel. Un alto grado de autoexigencia del creador indujo la publicación de tan mezquino corpus junto a su irrenunciable inclinación por la calidad antes que la cantidad. El inicio de la Segunda Guerra también hizo lo suyo.

Henri Dutilleux ingresó al Conservatorio de París en 1933. Cinco años después, luego de tres intentos, alcanzó el primer premio del cotizado Grand Prix de Rome que comportaba una estadía de cuatro años en la Villa Médicis, en Roma. Pero el compositor solo alcanzó a estar allí cuatro meses. Regresó a París poco antes de que Francia entrara en guerra, debiendo servir a su país como camillero, hasta el Armisticio de 1940. Los años siguientes los malvivió en la ciudad ocupada, si bien accedió a algunos cargos en la Ópera de París y la Radio France, prosiguiendo su formación casi por cuenta propia, leyendo tratados de composición y enterándose de oídas de las vanguardias.

Henri Dutilleux (1916 - 2013)
Sonata para piano, opus 1 
En 1941 conoció a Genevieve Joy, compañera de curso en las clases del Conservatorio que en la Francia ocupada seguía funcionando en la medida de lo posible. Se casaron al final de la guerra. De ahí en adelante y por largo tiempo, Genevieve se convirtió en la intérprete y difusora de sus obras para piano, largamente de su única Sonata, compuesta entre los años 1948-49 y dedicada a Genevieve, como se habrá adivinado.
Fiel a su abrumadora exigencia con la obra propia, el autor catalogó la pieza como Opus 1, relegando así a un plano fantasma los trabajos anteriores, de menor extensión, surgidos en un periodo de diez años, porque consideró que la Sonata era la primera obra a la altura de sus estándares maduros.

Movimientos:
De enormes exigencias técnicas (Genevieve debe haber dado la talla, cómo no), la obra combina dos grandes ocupaciones del Dutilleux maduro: el rigor formal y la búsqueda armónica. De ahí la estructura tradicional de tres movimientos por un lado, y la sostenida ambigüedad tonal (más aún: a ratos tonal, y a ratos atonal) por el otro.

00:00  Allegro con moto: Comenzando abiertamente en ritmo de 2/2, a poco andar habrá cambios en la estructura rítmica (el "patrón de acentos"). La ambigüedad armónica ya aludida está también presente aquí desde los primeros compases dejando al auditor perplejo ante el inmediato paso de una tonalidad menor a una mayor y viceversa, dando con ello la sensación de que el intérprete no ha comenzado donde debía, o que este video en particular está mal editado. No hay tal. La pieza comienza así.
07:08  Lied: El más breve de los tres movimientos, escrito en forma ternaria (tema A, tema B, vuelta al tema A). También aquí hay muestras de ambigüedad tonal, aunque una tonalidad básica es en principio perceptible (Re bemol mayor).
14:24  Choral et variations: A un imponente coral (a cuatro voces según los estudiosos aunque yo con esfuerzo apenas si escucho tres) le siguen cuatro variaciones: Vivace 16:16 - Un poco più vivo 17:39 - Calmo 19:56 - Prestissimo 22.05. La obra finaliza con una recapitulación del coral de inicio, con variantes.

Algunos estudiosos han descrito la obra como "brillante, de múltiples capas con ecos de Bartók y Prokofiev". Otros aseguran que la pudo haber escrito Debussy: una sonata "sensual a la vez que clásica".

La versión, brillante, es de la pianista nacida en Luxemburgo en 1985, Cathy Krier, durante una performance en junio de 2007.



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sábado, 26 de agosto de 2017

C.M. von Weber: Concierto clarinete No 1


Especialmente reconocido como el fundador de la ópera romántica, el también virtuoso del piano Carl Maria von Weber cuenta asimismo con una importante obra instrumental en la que, más allá de sus dos Conciertos para piano, sobresale un grupo especial de obras escritas para instrumentos de viento, específicamente para fagot, trompa, y clarinete. Gran parte de esta particular devoción la dedicó a este último instrumento, el clarinete, escribiendo para él un Concertino, un Quinteto, un Dúo concertante (clarinete y  piano) y dos Conciertos en el lapso de cinco años, de 1811 a 1815, época en la que el autor disfrutaba de la segunda mitad de sus veintitantos.


De ese manojo de composiciones, tres fueron escritas en un solo año.
En 1810, fiel a su espíritu viajero, Weber salió de paseo, o de gira (según como se dieran las cosas) por varias ciudades alemanas. A comienzos de 1811 llegó a Munich. Allí, en la corte de Maximiliano I, rey de Baviera, trabó amistad con el clarinetista de la orquesta, Joseph Baermann, para quien compuso en un santiamén el Concertino ya señalado. Baermann quedó encantado, también el rey.

C.M. von Weber (1786 - 1826)
Maximiliano, un déspota ilustrado amante de la música y las artes (aliado de Napoleón para más señas) no dudó en sacarle partido a tan eficaz y vertiginoso compositor. De modo que cuando Weber se despidió de Maximiliano aquella provechosa tarde, cargaba sobre sus hombros el saludable compromiso de componer para Baermann, por encargo del rey, no uno, sino dos conciertos para clarinete.

¿Un trance complicado? Para nada. Entre abril y mayo de 1811 el autor compuso los dos conciertos al mismo tiempo y, según cuenta la leyenda, el primer movimiento del que sería catalogado como No 1 fue escrito y orquestado en un solo día.
Como es de suponer, ambas obras están dedicadas a Baermann. El Concierto No 1, señalado en el catálogo del compositor como J 114, fue estrenado el 13 de junio de 1811 en Munich, con Baermann como solista. Maximiliano, a quien suponemos presente, habrá sonreído satisfecho.

Concierto para clarinete y orquesta No 1 en Fa menor - Movimientos
De duración aproximada de poco más de veinte minutos, su estructura es la habitual: tres movimientos en secuencia rápido-lento-rápido.

00:00  Allegro: Los cellos presentan el tema principal; luego ataca la orquesta completa con un tufillo beethoveniano; a continuación toman la melodía los violines que se van aquietando para dar paso a la entrada del clarinete con un doliente tema, en 1:47.
09:40  Adagio ma non troppo: Muy expresivo, el clarinete entona una melodía intensamente lírica por sobre un comedido acompañamiento de cuerdas. La sección central incluye un novedoso diálogo entre el clarinete y un trío de trompas (13:01) mientras el resto de la orquesta permanece al margen.
17:33  Rondó - allegretto: Airoso y desenvuelto, con una suerte de "final falso". En 19:52 pareciera que tras alcanzar el clarinete su registro más alto, la conclusión hubiera llegado, pero no, luego de una pausa, el clarinete abordará un nuevo episodio, más introspectivo. Más tarde, ágiles semicorcheas conducirán al verdadero final, exultante.

La versión, excelente, es del instrumentista coreano Jerry Chae, acompañado de la reconocida orquesta coreana KBS Symphony Orchestra, conducida por Hee-chuhn Choi.


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