miércoles, 24 de agosto de 2016

Paisiello: Barbero de Sevilla - Cavatina



El 16 de febrero de 1816, cuatro meses antes de su muerte, seguidores y partidarios de Giovanni Paisiello decidieron asistir al estreno de El Barbero de Sevilla de Rossini con el propósito de crear disturbios y provocar el fracaso de la ópera. Estaban molestos con Rossini. Hacía más de treinta años Paisiello había estrenado en San Petersburgo una ópera basada en la célebre comedia de Beaumarchais, con gran éxito, el primero de todas las adaptaciones previas. La obra recorrió Europa con éxito similar. Su título: Il Barbiere di Siviglia, ovvero La Precauzione inutile.

De modo que cuando sus partidarios vieron anunciada en Roma una obra titulada Almaviva o sia La inutile precauzione con música de Gioacchino Rossini tuvieron razón para indignarse. Consideraron que el maestro Rossini no había quemado sus pestañas en busca de un tema novedoso sino que se había limitado a trabajar cómodamente en una obra ya probada. Eso los tenía molestos. Y consiguieron su propósito, el estreno de Rossini resultó un fracaso.

Giovanni Paisiello (1740 - 1816)
No ocurrió así con las funciones siguientes. Pero si la obra de Rossini es la ópera más representada hasta hoy, no es menos cierto que en su época tuvo que bregar arduamente con la de Paisiello. Pese a todo el tiempo transcurrido desde su estreno en septiembre de 1782, Il Barbiere di Siviglia de Paisiello fue más popular que la obra de Rossini durante un tiempo considerable. Finalmente, Rossini la va a superar pero eso no ocurrirá sino hasta mediados del siglo XIX. La ópera de Paisiello desaparecerá de los escenarios, pero no completamente de la escena musical en el mundo.

Cavatina "Saper bramate"
En el primer acto el conde de Almaviva le canta a Rosina una serenata, presentándose ante ella como Lindoro, un estudiante pobre. La cavatina, que comienza con las palabras Se il mio nome saper bramate (algo así como "Si mi nombre anhelas saber"), es una de las arias de la ópera de Paisiello que han sobrevivido. Más aún, la pieza tomó un nuevo aire desde que el perspicaz Stanley Kubrick la incluyera en la banda sonora de Barry Lindon, en versión instrumental, para acompañar la escena mostrada en la imagen que encabeza este artículo: la familia Lindon hace música mientras el padre, desentendido del hogar, recorre la ciudad visitando casas de apuestas.

El tenor italiano Alessandro Safina como Lindoro, canta la cavatina, acompañado de la Orquesta de Cámara de Mantua, en una representación de principios de los años noventa.

 

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sábado, 20 de agosto de 2016

Mozart: "Là ci darem la mano", duettino



Sabemos que el estreno de Don Giovanni, en Praga, octubre de 1787, fue un éxito de público y crítica. No ocurrió lo mismo en Viena, al año siguiente, no obstante Mozart introdujo algunos cambios, para agradar al espíritu vienés. No fue suficiente. Al parecer, los vieneses de la época, más conservadores, no vieron con buenos ojos que la obra terminara con el protagonista castigado con la muerte, por libertino que fuera. Después de todo, don Juan era un noble, y faltaba un año y poco más para la toma de la Bastilla...

Mozart agregó, quitó y modificó arias para el estreno vienés, en consideración, también, a las habilidades específicas de los cantantes de la plaza. Pero un dueto se mantuvo intocado.
Es el dueto (más bien, duettinoLà ci darem la mano, uno de los dúos para barítono y soprano (o mezzo) más populares de Mozart, cantado en el primero de los dos actos de la ópera, y encargado a Don Giovanni y Zerlina, esta última la prometida de Masetto, un campesino.

"Allá nos tomaremos de las manos"
Don Giovanni se ha enamorado de Zerlina, nada más verla. Y se las ingenia para alejar a Masetto, luego de ofrecer a la pareja su castillo para celebrar allí la boda. Con Masetto fuera de escena, Don Giovanni inicia el despliegue de sus artes amatorias, asegurándole a Zerlina que "allá [en el castillo] nos tomaremos de las manos", y luego él escuchará de ella, un . El seductor avanza en su conquista a paso firme. Zerlina está a punto de ser cautivada cuando entra en escena doña Elvira, que la arrancará de los brazos del disoluto Giovanni, a quien conoce de sobra.

Duettino y no dueto está marcada la pieza. Y eso es, pues de dúo tiene poco, si entendemos por ello el canto simultáneo. Efectivamente, las dos voces solo se unen al final, luego que Zerlina entona ¡Andiam...! (5:45). Previamente, Giovanni ha entonado su texto para seducir, Zerlina el suyo, mostrando su turbación.

Variaciones y fantasías
La pieza, que no supera los cuatro minutos de duración, animó a un buen número de compositores a escribir variaciones o fantasías sobre ella, encargadas a instrumentos diversos. Las hay para piano, clarinete, oboe, corno inglés, guitarra... La más popular es la de Chopin, su opus 2, de 1827, en sus versiones para piano solo y orquestada. Beethoven, Berlioz y Liszt, son otros autores de renombre que también fueron cautivados por el duettino de Mozart.

La versión es del barítono americano Rodney Gilfry y la mezzo soprano rumana Liliana Nikiteanu.


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domingo, 14 de agosto de 2016

Mozart: El Rapto en el Serrallo - Obertura



Luego de asistir en Munich al exitoso estreno de su ópera Idomeneo, re di Creta, Mozart debió trasladarse a Viena, en marzo de 1781, siguiendo a su patrón Colloredo, para estar presente en las celebraciones de la ascensión al trono de José II de Habsburgo como emperador austriaco. En mayo, se produjo el altercado con Colloredo que terminó con la dimisión de Mozart. El compositor, de veinticinco años, se establecerá entonces en Viena para desarrollar una carrera como músico independiente. En julio recibirá un libreto, de corte "orientalizante", al que pondrá música.

Había llegado en buen momento. José II, hijo de María Teresa de Austria, y hermano de la desventurada María Antonieta (todavía no lo es pero ya lo será), alentaba la creación de una ópera alemana. Para ello, comisionó a su "inspector de teatros" Gottlieb Stephanie, la escritura de un libreto que, montado musicalmente, tuviera como resultado un espectáculo jovial, alegre. Stephanie, personaje de no muy buena reputación en Viena, no se devanó los sesos para escribirlo. Tomó uno ya publicado y lo alteró según su propio entendimiento (el autor original reclamó "plagio", pero sin mucho arrebato pues a su vez lo había tomado de otro).

Y bueno, pues, allí en Viena estaba Mozart, celebrado autor de Idomeneo, en busca de oportunidades... Ambos artistas trabajaron durante un año en perfecta armonía y el estreno del singspiel en tres actos El Rapto en el Serrallo se celebró con apabullante éxito en el Burgtheater el 16 de julio de 1782, con la dirección de Mozart desde el teclado. Con excelente taquilla, las representaciones abundaron aunque el compositor no recibió ingresos por ellas. Solo se le pagó una vez por la obra.

El libreto no era precisamente una obra maestra pero con su música Mozart logró hacer de las desenvueltas estrofas de Stephanie su primer gran éxito en Viena. Responde el libreto al gusto por "lo exótico", en su clímax por esos años, aunque la moda en realidad no tenía nada de nuevo. Como ha señalado un destacado historiador y musicólogo, "las óperas turcas, las comedias turcas, y las novelas turcas estaban ya de moda en el 1600". La historia narra las peripecias de Constanza, su criada y el novio de ésta, otro sirviente, que tras ser capturados durante un  abordaje pirata, sirven ahora a un pachá turco, en su serrallo, su palacio. El prometido de Constanza intentará rescatarlos. La historia termina felizmente, gracias a la clemencia del pachá.

La novedad, quizá, está en la incorporación de "música turca", presente a través de instrumentos poco comunes en occidente para la época, como platillos o triángulos, para crear una atmósfera "oriental", apreciable ya desde la obertura, de mucho colorido, capaz de introducir a la audiencia de inmediato en un ambiente de fábula.

La versión, de la obertura, es de la Sinfónica de Viena, conducida por el director italiano Fabio Luisi.



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sábado, 6 de agosto de 2016

Beethoven: Canción "Adelaide", opus 46



A diferencia de hoy, cuando los programas de concierto incluyen por lo general tres o cuatro obras concertísticas o sinfónicas de grandes compositores, unos más populares que otros, a fines del siglo XVIII el programa de un concierto incluía diez, doce, o más, piezas de muy diverso género y estilo. En una misma velada se ofrecía al público una mescolanza de arias de óperas, conciertos para instrumento solista y orquesta, un cuarteto de cuerdas, oberturas o sinfonías, y un par de canciones.

Estas últimas eran infaltables, y su función principal era separar las piezas de mayor envergadura, una de otra. Son los lieder, plural de lied, una pieza escrita para voz con acompañamiento de piano, más bien breve, no virtuosa ni de grandes exigencias ni para la voz ni el instrumento acompañante, típica de los países germanos, los textos surgidos del magín de un poeta alemán, naturalmente. Destinadas en su origen al disfrute familiar, pronto subieron a los escenarios públicos, desempeñando la función ya dicha.

Beeethoven, en 1803 (1770 - 1827)
Enterado de lo que el gusto musical de la época demandaba, Beethoven, que alrededor de 1795 centraba todos sus esfuerzos en hacer una carrera en Viena como compositor y pianista, tuvo que poner atención a los lieder. Un género menor en su obra, pero compuso alrededor de cien. Uno de los más populares fue la canción Adelaide, que llegó a ser mencionada en novelas de la época. Un personaje del escritor francés Jules Janin declara en una novela que Adelaide es "el lamento más conmovedor y afectuoso que alguna vez haya surgido del corazón de un amante, o un poeta".

Adelaide tomó su texto de un poema de Friedrich von Matthisson, poeta del romanticismo alemán temprano. El poema retrata el deseo desbordante por una mujer idealizada, imposible de alcanzar. Frente a versos como aquellos, Beethoven no pudo permanecer indiferente.
La pieza está dedicada a von Matthisson.

La versión es del tenor alemán Peter Schreier, acompañado por el pianista estadounidense nacionalizado austriaco, Norman Shetler.


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domingo, 31 de julio de 2016

Chopin: Balada para piano No 2



Muy probablemente, Chopin terminó la Balada No 2 en Mallorca, mientras permaneció allí en compañía de George Sand y sus hijos, el invierno de 1838-39. O quizá solo se ocupó de revisarla. Lo cierto es que en carta a su amigo Fontana, de enero de 1839, Chopin le informa que se la está enviando para que la haga llegar a Camille Pleyel, su editor en París, junto con un buen lote de otras piezas, entre ellas la totalidad de los Preludios.

Schumann (1810 - 1856)
Sabido es que la obra está dedicada a Robert Schumann, en retribución a la dedicatoria que el compositor alemán hiciera a Chopin de su Kreisleriana, concluida hacía pocos meses. Menos sabido es que Chopin jamás tocó la obra de su colega, frente a cuya producción tenía reticencias, aun cuando el generoso Schumann no escatimó elogios para casi toda la obra de Chopin durante muchos años.

Y la verdad sea dicha, el propósito de dedicar la balada a Schumann no aparece para nada categórico o irrenunciable, según se lee más adelante en la carta ya señalada:
"[...] Me gustaría que mis preludios vayan dedicados a Pleyel, y mi Segunda Balada a Schumann. Ahora, si Pleyel no quiere renunciar a la dedicatoria de la Balada, dedícale a Schumann los preludios..."
Chopin (1810 - 1849)
Y quizá si el trueque hubiese sido para mejor porque si bien Schumann saludó con fervoroso entusiasmo la Balada No 1, disminuyó en algo su arrebato con la Segunda, la que encontró un poco "menos artística".

Pero con todo, lo señalado no debe entenderse como una malquerencia de Chopin hacia Schumann (lo que sería, por parte de Chopin, al menos una extravagancia). Es simplemente que, como creadores, ambos artistas estaban en las antípodas, aun cuando fueran estrictamente contemporáneos.

Balada No 2 en Fa mayor, opus 32
Y en las antípodas estaban, si se considera que para Chopin la música solo era música, a diferencia de Schumann quien podía encontrar en la poesía inspiración para la creación musical. Sin embargo (la perenne contradicción del alma creadora) Chopin confesó a su amigo y ardoroso comentarista que para componer las cuatro Baladas había tomado inspiración en la lectura de poemas de su compatriota Adam Mickiewicz.

Para la balada No 2, el poema fuente es "Switez", que narra la historia de unas doncellas polacas de una ciudad sitiada que para evitar ser presa de sus captores, se hunden en la tierra que rodea un lago. Convertidas en flores misteriosas adornan desde entonces sus orillas.
La pieza está construida sobre la alternancia de dos temas, uno idílico y el otro una tempestuosa ráfaga de veloces arpegios. Los compases finales evocan a las jóvenes convertidas en flores.

La versión es del excelente pianista chino Yundi Li, el más joven ganador del Concurso Internacional Chopin, en 2000, a los 18 años.

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