domingo, 21 de mayo de 2017

Manuel M. Ponce: "Concierto del Sur"


En la década de 1920, los trabajos del compositor mexicano Manuel M. Ponce eran ampliamente conocidos en los países latinoamericanos, y su renombre crecía año a año. Sin embargo, luego de dirigir por un par de temporadas a la Orquesta Sinfónica Nacional, estimó que su estilo de composición requería lo que hoy llamaríamos un "up grade". Por esa razón, en 1925, se largó nuevamente a Europa (había estado en Berlín a principios de siglo), instalándose esta vez en París donde permaneció por ocho años perfeccionando sus conocimientos bajo la guía de Paul Dukas. A su regreso a México, el maestro combinaba con maestría el impresionismo francés con las técnicas contrapuntísticas del neo-clasicismo.


Gira por Latinoamérica
En tal condición, de maestro de reconocido prestigio en plena madurez creativa, el compositor apuntó en 1941 a Latinoamérica, luego de recibir una invitación de su amigo Andrés Segovia, quien, desde 1936 se había establecido en Montevideo. Entre agosto y diciembre de ese año el maestro realizó una gira por Montevideo, Buenos Aires y Santiago de Chile. Era la primera vez que en esas capitales se escuchaba música sinfónica mexicana en sus escenarios. Cuatro conciertos presentó el autor con un buen número de obras orquestales propias dirigidas por él mismo. Pero el foco principal estaba puesto en el estreno, mundial, del Concierto del Sur para guitarra y orquesta, dedicado, como tantas otras obras, al virtuoso de la guitarra español.

Concierto del Sur
Manuel M. Ponce (1882 - 1948)
El concierto tuvo una elaboración algo trajinada. Segovia y Ponce se habían conocido en 1923, iniciando desde entonces una sólida amistad y colaboración. Según cuenta Segovia, ya en la primavera de 1926 el maestro Ponce había comenzado a trabajar en la gestación de los temas principales del concierto pero los avatares de la vida de ambos fueron posponiendo su concreción definitiva. Fue a raíz de una presentación de Segovia en México –donde Ponce dirigió al virtuoso en el concierto de Castelnuovo-Tedesco– que el compositor decidió retomar con nuevos ímpetus el trabajo largo tiempo pospuesto, dándolo por finalizado en el otoño de 1941.

El estreno
Se realizó en Montevideo el 4 de octubre de 1941 con Segovia en la guitarra, como era de esperarse. El programa incluía otras obras del maestro Ponce, las que fueron dirigidas por él, pero para el Concierto dejó la batuta en manos del maestro uruguayo titular de la orquesta acompañante, y se fue a ubicar en el "palco de Paquita [esposa de Segovia] a escuchar mi concierto". Una ovación delirante saludó la première mundial. Ponce y Segovia hubieron de salir numerosas veces a recibir el aplauso del público obligando a los músicos a repetir el final del Concierto. Al día siguiente, una publicación montevideana señaló que "el éxito alcanzado ayer por el maestro Manuel Ponce perdurará por mucho tiempo en estas tierras del Plata".

Movimientos
Estructurado en tres movimientos, el concierto trasluce una apreciable influencia de la música del sur de España (de ahí su título), principalmente en los movimientos segundo (influencia andaluza) y tercero (de especial estilo sevillano).

00:00  Allegro Moderato
13:58  Andante
21:17  Allegro Moderato e Festivo

La versión es del artista polaco Marcin Dylla, acompañado de la Taipei Symphony Orchestra dirigida por Chun-ching Chiu.


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sábado, 13 de mayo de 2017

Vivaldi: Concierto para mandolina


Sabido es que Vivaldi se benefició de la abundante presencia de diestras chicas que tocaban el violín en el Ospedale della Pietá, en Venecia, donde a partir de 1703 dio clases de canto y violín por cerca de 36 años, aunque con reiteradas y a veces prolongadas ausencias. Para ellas, sus alumnas, compuso más de doscientas obras para violín. Pero si se trataba de buscar intérpretes de algún otro instrumento solista, la oferta era más limitada. Mucho más todavía si los intérpretes requeridos lo eran de mandolina, instrumento creado, y extendida su construcción, recién en la Italia del siglo XVII.


Por esta razón, quizá, il prette rosso escribió solo dos obras que contemplan mandolina. Una, escrita para dos mandolinas, cuerdas y continuo en Sol mayor. La otra, aquella que ha concitado el mayor favor de los intérpretes, el Concierto para mandolina y cuerdas en Do mayor. (Debe ser más sencillo encontrar un mandolinista que dos, aventuro). Su fecha de composición se sitúa alrededor de 1725, un año muy fértil y provechoso para el maestro, próximo a cumplir cincuenta años. Entre otras creaciones de la época, sobresale espléndidamente ese año la composición de las celebérrimas Cuatro Estaciones.

Concierto para mandolina, cuerdas y continuo, RV 425 (*)
Aunque la parte solista no es extraordinariamente exigente, su cuidada armazón revela que el maestro Vivaldi se manejaba tan bien con el lenguaje "mandolinístico" (discúlpese la expresión) como lo hizo con sus cientos de obras para violín, instrumento del que sí fue intérprete, y muy notable.
La popularidad de la obra se vio favorecida en nuestros tiempos por la inclusión de sus dos primeros movimientos en la banda sonora de la película de 1979, Kramer vs. Kramer. La película incluye asimismo pasajes del concierto en Sol, con similares frutos.
(*) RV: Ryom Verzeichnis, Catálogo Ryom, compilación de las obras de Vivaldi publicada en 1973 por el musicólogo danés Peter Ryom.

Movimientos:
Estructurado en la típica secuencia rápido-lento-rápido que hará furor durante los próximos ciento cincuenta años, son sus partes:
00:00  Allegro
03:00  Largo
05:29  Allegro

La versión es del intérprete israelí Avi Avital, acompañado de la agrupación Orquesta Barroca de Venecia.


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jueves, 11 de mayo de 2017

Julius Fučík: "Entrada de los Gladiadores"


El compositor checo Julius Fučík es hoy casi un desconocido, incluso para aquellas personas que muestran una cultura musical media, entre las que, con audacia, me cuento. Pero a la vez, resulta impensable que su obra de mayor renombre no haya sido escuchada alguna vez por cualquier mortal en esta parte del mundo, en Occidente, digo. Sobre todo, si el cándido auditor vivió una infancia convenientemente placentera, y acudió en más de una ocasión a presenciar las cabriolas, piruetas, acrobacias y payasadas de los integrantes del circo que realizaba una tournée por su pueblo, o su barrio.


Julius Fučík es el autor, efectivamente, de la popularísima marcha militar Entrada de los gladiadores, que en su catálogo ocupa el opus 68, aunque nadie la recuerde por ese nombre ni menos la identifique con su número de opus. Fue compuesta en 1897, mientras el autor se desempeñaba como director de la banda militar del 86° Regimiento Austro-Húngaro, con asiento en Budapest. El título responde a la afición del autor por el Imperio Romano y su época.

Julius Fučík (1872 - 1916)
Nacido en Praga en 1872, Fučík estudió violín y fagot en el Conservatorio de Praga, donde tuvo como profesor de composición a Antonin Dvorak. Autor de casi trescientas marchas (incluida la menos conocida pero brillante Florentine March), también escribió música de cámara y música sacra, incluido un Requiem.
Pero su vida profesional la desarrolló en el campo de la dirección de bandas militares, si bien como compositor logró un justo reconocimiento cuando despuntaba el siglo XX. Víctima de un cáncer, el compositor murió prematuramente a los 44 años.

La inolvidable pieza es hoy escuchada también, de cuando en cuando, en "paradas", o desfiles militares (especialmente en EEUU). Pero su sempiterno recuerdo nos viene de su ejecución, con vientos y metales, en los circos, principalmente para anunciar la entrada de los payasos, ocasión en que se acostumbra tocarla mucho más rápido. Sin embargo, seamos justos con Fučík y anotemos que la perenne marcha también se escucha en salas de concierto, aunque a veces se le sume un detalle pretendidamente cómico.

En arreglo de Clark McAlister, y con Carlos González en la dirección, la versión es de la banda Wind Ensamble Spring Concerts, de una escuela secundaria de Virginia, EEUU.


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lunes, 8 de mayo de 2017

Boccherini: Quinteto para guitarra y cuerdas No 4, "Fandango"


Sorprendentemente, Luigi Boccherini (1743 - 1805) practicó y disfrutó de una suerte de globalización en estado larvario cuando, alrededor de 1790 e instalado en Madrid, comenzó a escribir música para el príncipe Federico Guillermo de Prusia quien, como es de suponer, estaba en Berlín. Allá debía hacer llegar Boccherini la música de cámara que el príncipe le solicitaba. Melómano de vasta cultura, y cellista como Boccherini, el príncipe estaba al tanto de las penurias que aquejaban al compositor luego de la muerte de su protector el infante Don Luis, y había decidido dar su apoyo al músico aunque ello significara recibir con retraso en Berlín las obras compuestas por Boccherini en Madrid.

Más tarde, el príncipe se hará rey y se convertirá en Federico Guillermo II de Prusia. Pero habrá de morirse en 1797 y con ello se acabará el contrato de música a pedido. El maestro, por su lado, perderá a su mujer (su segunda esposa) y tres hijas. No obstante continuar componiendo para una noble familia madrileña, y recibir cierta asistencia del embajador francés en España, hermano de Napoleón, la vida comenzó a ponerse cuesta arriba para el maestro italiano.

Pero Boccherini aguzará el ingenio y, consciente de la débil disposición del público madrileño hacia las sutilezas de cuartetos y quintetos de cuerdas, al final de sus días se abocará a la transcripción para guitarra y cuerdas de un buen número de obras anteriores, principalmente sus quintetos para cuerdas, o quintetos con piano. Es el origen de su serie de doce obras para guitarra y cuerdas, de las que hoy solo se conservan nueve. Aun así, constituyen la serie más extensa dedicada a la guitarra en conjunto con otros instrumentos. La necesidad hizo el milagro.

Quinteto para guitarra y cuerdas No 4 en Re mayor, "Fandango"
Compuesto en 1798, está construido a partir de dos quintetos de cuerdas bastante anteriores, uno de 1788 y otro que ya cumplía casi treinta años, de 1771 (misma fecha del quinteto que contiene el célebre "minueto de Boccherini"). La guitarra ha tomado aquí el papel de una de las violas. El tercer movimiento incluye un fandango, y de ahí su nombre popular.

Movimientos:
00:00  Pastorale  Una delicada y suave melodía fluye mientras la guitarra acompaña susurrando.
04:20  Allegro maestoso  El cello toma la iniciativa (era el instrumento de Luigi); la guitarra en un rol algo secundario.
10:48  Grave assai - Fandango  Después de una introducción reservada y juiciosa, comienza la danza española cuyo ritmo no decae mientras los instrumentos toman la melodía, uno tras otro.

La versión está a cargo de la artista Maria Efstathiou, acompañada por miembros de la orquesta suiza Lucerne Symphony Orchestra, identificados debidamente en el video.


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sábado, 6 de mayo de 2017

Bruckner: Sinfonía No 8 - Mov. 4: Finale


Anton Bruckner escribió sus ocho sinfonías (más tres movimientos de una novena) en un momento de la historia de la música en que la medida del "genio" romántico parecía descansar en la extensión de sus obras, fundamentalmente las del género sinfónico. A las brevísimas "sinfonías" del modelo original italiano (4 o 5 minutos), pasando por los 15, o 20, o 30 min –según la época– de Mozart o Haydn, hasta los 55 de la Novena de Beethoven, le siguieron las monumentales obras de Berlioz (Sinfonía Fantástica, 1830, casi una hora), Liszt ("Fausto", 1857, cerca de dos horas), y la No 8 de Bruckner, de 1892, que puede llegar a la hora y media. (En el nuevo siglo, en 1902, Mahler igualará a Bruckner, con su Tercera Sinfonía).


Son los hitos del romanticismo sinfónico, temprano, medio y tardío, como puede apreciarse. Anton Bruckner entre ellos. Sin embargo, sus cuarenta años de actividad creativa no permitían presagiar que pudiera ser parte de la lista. El reconocimiento, de público y crítica, encontrará a Bruckner cumpliendo sesenta años, en 1884, luego del estreno de su Séptima Sinfonía, un exitazo.
Una personalidad sencilla, Bruckner nació en el pueblo de Ansfelden, Austria, en septiembre de 1824. Pasó sus primeros años de carrera como organista en Linz, y logró ser admitido en el Conservatorio de Viena recién en 1861. Siete años después, sin embargo, accedió allí a un puesto como profesor de órgano y contrapunto.

Anton Bruckner, al fin reconocido
(1824 - 1896)
El reconocimiento fue tardío, qué duda cabe. Su toma de posición "pro wagneriana" en el traído y llevado dilema Wagner - anti Wagner de la época, le había traído detractores, pero no es menos cierto que al compositor le aquejaba una baja autoestima que se vuelve manifiesta si apuntamos al desconcertante número de revisiones a que sometió gran parte de su obra. Escribir y reescribir se convirtió en una manía que el autor llevó al extremo con la Octava Sinfonía, al punto de que hoy existen al menos tres versiones de la obra, las tres, igualmente genuinas, si cabe el término.

Pero el estreno, en Viena, 1892, fue espectacular. Tanto o más del que se vio con ocasión de la Séptima, aquella que significó la consagración. Tal proeza obligó al irritante crítico de la época Eduard Hanslick a escribir, aunque con reparos, que "la galería agitaba pañuelos, pidiendo la vuelta al escenario. Un triunfo indesmentible para Bruckner, pero es dudoso si Richter [el director] dejó conforme a su público: el programa parece haber sido presentado solo para una minoría ruidosa". Por otro lado, el compositor Hugo Wolf llamó a la sinfonía: "la creación de un gigante, que supera en dimensión espiritual y magnitud a todas las demás sinfonías del maestro". No le faltaba razón a Jean Sibelius cuando, alrededor de 1905, recomendó no prestar atención a lo que los críticos dicen, porque "nunca se ha levantado una estatua a un crítico".

Sinfonía No 8, en Do menor - Mov 4: Finale
Los noventa minutos enhebran cuatro movimientos: 1. Allegro moderato  2. Scherzo. Allegro moderato - Trio  3. Adagio  4. Finale. Su gran extensión sobrepasa la buena disposición de un melómano para escuchar música en un sencillo blog, creemos. Por ello hemos optado por ofrecer aquí solo su movimiento más admirable, el que muestra la mayor grandeza, el Finale, cuya coda en Do mayor, por lo demás, revisita los temas iniciales de los cuatro movimientos.

La versión es de la NDR Sinfonierchester conducida por el ya fallecido director alemán Günter Wand.


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